¡Mañana!

publicado el 07 de junio de 2004 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Mañana, 8 de junio, es el día al que hace referencia William Harkness, astrónomo del U.S. Naval Observatory, quien al término del tránsito de Venus por el disco solar en 1882 nos dirigió las emotivas palabras que ya cité (y se perdieron en internet) y ahora repito: "No habrá otro hasta que haya amanecido sobre la Tierra el siglo veintiuno de nuestra era y las flores de junio estén floreciendo en 2004. ¿Cuál será el estado de la ciencia? Sólo Dios sabe."

En México, sólo desde la península de Yucatán será visible el paso de Venus frente al sol (visto desde la Tierra) porque en ese extremo oriental del país habrá amanecido cuando el tránsito esté en su última fase. En el resto del país aún será de noche. Pero la NASA invita a observar el raro fenómeno celeste por internet, "uno no visto por persona alguna ahora viva." El último tránsito de Venus ocurrió en 1882 y sirvió para calcular la distancia de la Tierra al Sol. Como este fenómeno celeste ocurre en pares, tendremos otra oportunidad el 6 de junio de 2012, o sea cuando esté terminando su sexenio el próximo Presidente de México. ¿Cuál será el estado del país? Sólo Dios sabe, pero los augurios son aterradores. Luego no habrá otro hasta el 11 de diciembre de 2117, cuando no quede nadie ahora vivo y pueblen el planeta los tataranietos de bebés hoy recién nacidos.

Por su disposición en órbitas concéntricas, únicamente los planetas más cercanos al Sol parecen cruzarlo, desde la Tierra son Mercurio y Venus; pero desde Marte es posible observar "tránsitos de la Tierra" frente al pálido sol marciano.

Tras la predicción hecha por Kepler y la primera observación documentada, que es la del cura y matemático inglés Jeremiah Horrocks, sir Edmund Halley propuso en 1677 los tránsitos de Venus y de Mercurio para determinar el tamaño del Sol (dice la Planetary Society), la distancia de la Tierra al Sol, dicen otras publicaciones. En fin, siendo tamaño y distancia proporcionales, si se conoce el tamaño real (el Sol) y se compara con el relativo (el sol, el disco que vemos) es fácil obtener la distancia. El método propuesto por Halley, llamado paralaje, consistía en observar el tránsito de Venus desde dos o más puntos con grandes diferencias de latitud. Cada observador vería una trayectoria ligeramente distinta a través del disco solar. Midiendo esas desviaciones angulares, era posible determinar la distancia entre la Tierra y el Sol. Es como (repito el ejemplo, perdón) colocar el dedo índice frente a la nariz y cerrar un ojo, luego otro: a menor distancia, veremos mayor movimiento del dedo contra el fondo cuandocambiemos de ojo observador.

Con la distancia entre la Tierra y el Sol calculada con mayor exactitud, los astrónomos pudieron determinar el tamaño de nuestro sistema solar y luego calcular las distancias a las estrellas cercanas. Para conseguirlo observaban una estrella y, seis meses después, con la Tierra en otro extremo de su órbita, comparaban cuánto parecía moverse la estrella contra el fondo de estrellas más remotas.

La observación de tránsitos en otras estrellas ha permitido, en los últimos diez años, descubrir más de 100 planetas extrasolares. Se observa una estrella de tipo semejante a nuestro Sol y, cuando su brillo parece disminuir, se calculan masa y distancia a su estrella del planeta que pudo producir ese opacamiento. Para eso debe ocurrir la impresionante casualidad de que estrella, planeta y Tierra estén alineados, el planeta sea enorme... y que alguien esté observando.

La Planetary Society invita a una excursión que observará el tránsito de Venus desde el lago Baikal, en el centro de Asia, "el lago más antiguo y más profundo de la Tierra, con casi el 20 por ciento de toda el agua dulce mundial", dice su anuncio. Los mejores lugares de observación, están donde el fenómeno comience con el sol ya en alto, pero no tanto que se ponga antes de las seis horas y minutos que tarda el tránsito. Son Irak, Arabia y Egipto. Y la mejor predicción de cielo totalmente despejado la tiene Luxor, la ciudad egipcia en la rivera del Nilo donde hay un magnífico hotel de aquellos que construían los ingleses para sus vacaciones overseas, y que tienen un encanto como de Agatha Christie (no acepte aventón de ninguno en motoneta: la pasará bien y luego mal).

La NASA planea lanzar en octubre de 2007 la misión Kepler, con la que los astrónomos esperan descubrir "tránsitos" de planetas de tipo terrestre y no sólo los de tipo jupiteriano (enormes) hasta ahora detectados. La Kepler observará unas 100 mil estrellas en una sección del cielo en dirección de la constelación del Cisne, hará mediciones de la brillantez cada 15 minutos y, si alguna parece atenuarse, voilà, puede ser un planeta en tránsito frente a esa estrella. Los científicos esperan descubrir un medio centenar de planetas extrasolares con tamaño similar a la Tierra y a una distancia también similar de su estrella madre. Eso haría suponer condiciones similares a las que permitieron el surgimiento de vida sobre nuestro planeta. O sea, están buscando vida extraterrestre.

Repitamos la pregunta que se hizo Harkness en 1882 y demos un salto más: ¿cuál será el estado de la civilización en 2117, cuando pueblen la tierra los tataranietos de los bebés que ahora están naciendo? Steven Dick calcula, en Scientific American, que "es muy posible que para entonces un tránsito de la Tierra haya sido observado desde Marte, como predijo Arthur C. Clarke (el gran novelista de la ciencia-ficción). Si hay humanos en Marte el 10 de noviembre de 2084, verán su hogar planetario moverse lentamente a través del rostro solar." La Tierra, vista desde Marte, pasará frente al sol. Puede ser, si no nos hemos destruido antes.