Subsidio inmoral a los ricos

publicado el 08 de diciembre de 2003 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Es desesperante escuchar a priistas y perredistas pelear contra un monstruo que no existe y repetir diez, cien, mil veces la misma patraña como si no hubieran oído mil veces que se trata de una falsedad. Dicen con emoción cívica y espíritu condolido: "¿Por qué quiere el gobierno (panista) seguirle cargando la mano a la gente más pobre, la que ya no tiene con qué pagar?". Y luego, según la elocuencia de cada uno, nos describen al pobre pagando en sustitución del rico el desatasco del país.

¿Pero quién carajos ha propuesto semejante aberración? ¿Dónde y cuándo? ¿Quién ha dicho que la reactivación económica del país debe estar a cargo de los pobres? Semejante ridiculez fue elaborada como un fácil monigote contra el cual pelear, un esperpento indefendible para hacer su derrota segura. Es una vieja táctica en los debates: no citar las ideas contrarias, sino su caricatura.

La propuesta de reforma fiscal, en primer lugar, no pretende aumentar el IVA, sino reducirlo. El 10 por ciento propuesto es menor que el actual 15 por ciento, enseña la aritmética elemental. Así pues, se busca, en primer término, reducir el IVA al antiguo 10 por ciento, el anterior a la "roqueseñal" que festejó con vivaz empujón de caderas y tirón de brazos el aumento al 15. El PRI en pleno se levantó jubiloso, hace apenas ocho años, a vitorear ese aumento de 50 por ciento al IVA. Repitamos todos a coro: hoy se plantea reducirlo, disminuirlo, achicarlo, rebajarlo, hacerlo menor.

Pero se pretende que ese IVA reducido se aplique sin excepciones. Ahí es donde se nos dice que pagarán los pobres, los que siempre han pagado, etcétera. Tampoco es así. El nombre de ese impuesto, IVA, es un acrónimo formado por las iniciales de Impuesto al Valor Agregado. Esto significa que es un impuesto al consumo. Quien nada consuma, nada paga. Es un impuesto proporcional al nivel de consumo: quien compra más, paga más. Así de simple.

Pero es que todo el mundo consume y así es como se terminará afectando el consumo de los más pobres, nos repiten una y otra vez. Observemos que los pobres van a ahorrar un cinco por ciento extra, al ver reducido el IVA en zapatos, ropa, electricidad, muebles, enseres domésticos, que compran pocos, pero algo, de otra forma no podríamos sostener que les afecte el IVA: quien nada compra, nada paga. Tienen pues un ahorro en bienes que suelen ser más caros que los alimentos y las medicinas y por lo mismo pagan más IVA.

De cualquier manera, es evidente que quienes más consumen se verán más afectados y así aportarán mayor cantidad aplicable a programas sociales y a apoyos directos, como los ejercidos en Oportunidades, desayunos escolares, libros gratuitos, albergues para indigentes, etcétera. Esto significa que las clases media alta y la alta, las que más consumen en alimentos y medicinas, pagarán más. Y es justo que lo hagan. Es absurdo seguir sosteniendo que no tiene valor agregado el queso francés, jamón español, aceite de oliva italiano, pastas y latería importadas, frutas y verduras ni siquiera conocidas por los más pobres.

Exentar de IVA todos los alimentos es un inmoral subsidio a las clases altas, es repugnante que quienes podemos pagar un diez por ciento más en el súper no lo hagamos y con eso, que apenas sentimos, se ofrezca un vaso de leche y un pan a escolares que llegan a clase hambrientos. A quien paga una renta de cinco mil pesos mensuales, esto es, una familia de clase media, se le cargan 750 pesos más en IVA a su recibo. Con IVA al 10 se ahorrará 250 pesos, con los cuales pagará el IVA entero de los alimentos de un mes si hace cuatro compras semanales de 625 pesos cada una, que significan un carrito de súper lleno. Nada más con el ahorro en renta paga el IVA en alimentos.

¿Y cuál es, entonces, la utilidad para el gobierno, si lo ganado con un impuesto impopular lo pierde en otro que nadie le discute? Sencillamente, que la recaudación gana en simplicidad y por lo mismo se cubren las numerosas e inmensas fugas que producen todos los subsidios generales. Nada más con eso, la recaudación se incrementa. Cuando se estableció un subsidio para la harina de trigo destinada a bolillo, ¿cuántos sueldos de inspectores fueron necesarios para vigilar que la harina barata no se convirtiera en pastelería y brioches? ¿Cuánto pedían los inspectores por no reportar el mal empleo de la harina subsidiada? Lo sano es que la harina cueste lo mismo, pero el kilo de pastel sea más caro que el de bolillo porque lleva más valor agregado: huevo, mantequilla, habilidad, trabajo.

Y con todo, el principal beneficio del IVA simplificado no lo tendrá el gobierno con mayor recaudación. Hasta si permaneciera la misma o se redujera, los beneficiados seríamos los ciudadanos porque sería más sencillo cumplir las obligaciones fiscales, las empresas abaratarían sus costos en contabilidad y eso podría hacerlas más competitivas y darles mayores oportunidades de crecer y abrir nuevos empleos. El empleo y por lo tanto el pobre acabarían siendo los definitivos beneficiarios del IVA simplificado.

Pero claro, decir esto no suena tan desgarrador como engolar la voz y doblar el pecho por en medio: "Pero, por favooor, por qué queremos seguirle cargando la mano a la gente más pobre, a la que ya no tiene nada porque todo se lo hemos arrebatado". La gente está pobre porque está desempleada, y está desempleada porque vive en un país cada vez menos competitivo, con altos costos en departamentos de contabilidad, en multas por errores y errores por confusión, en protección contra secuestros y robos. La simplificación del IVA y su reducción es deseable porque fortalece el empleo a fin de cuentas.

Y, por si quedaran dudas, todavía podría exentarse una limitada canasta básica. Y algunas medicinas; aunque éstas dejarían de cargar IVA al pobre en la medida en que una mejor recaudación lograra ampliar la red de dispensarios médicos gratuitos: no pagaría ni el IVA ni el precio. Seguro médico gratuito y universal pagado por quienes más tienen, sería la meta.

Pero, como estamos, los subsidiados son los ricos al no pagar IVA en sus alimentos ni en sus medicinas.