Vergüenzas

publicado el 17 de noviembre de 2003 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

No se mitiga la pobreza exentando los alimentos y las medicinas a los ricos : Sergio Sarmiento.

 

La mera verdad es que me da vergüenza; a Pablo Gómez, no: dos tarros de arenque en crema, medio kilo de jamón de pierna, un cuarto de jamón serrano, un salami tipo húngaro, un filete limpio y entero, tres cortes new york, cuatro rock cornish congeladas, cuatro litros de leche deslactosada y con omega, peras bosch, uvas chilenas, cogollos de lechuga en caja, especias "regadas con agua de pozo profundo", una bolsa de alcachofas, tres litros de aceite de oliva... Total: 800 pesos... fiú, que suerte que no debo pagar 80 pesos más, el precio de diez desayunos escolares, como será el día en que nos impongan un IVA general del 10 por ciento. El carrito de adelante es parecido, el de atrás no trae filete, sino una pierna de cordero. No lleva yerbabuena, ¿con qué va a hacer la salsa? IVA por pagar de un carro y otro y otro: cero. No veo a nadie con un paquete de frijol en la mano, unos fideos, arroz. ¿En dónde están los pobres que defiende la sorprendente y vergonzosa alianza entre Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel Bartlett, el malo de 1988 que despojó a Cárdenas de su Presidencia? Pasaron por la caja rápida porque llevaban menos de 10 productos y pagaron en efectivo.

Mis gastos en medicinas son altos, pero no pago un centavo, ni de IVA ni de nada, porque tuve la suerte de contratar un seguro de gastos médicos cuando tenía menos edad y ahora han pasado suficientes años para que me cubra todo, o casi todo, porque claro, el multivitamínico no me lo paga el Seguro y el día en que pague IVA serán 16 pesos de más. Pero imaginen ustedes cuánto le ahorro a Seguros Provincial en IVA. Mi cocinera tampoco paga medicinas porque las pago yo o, a veces, la clínica donde la atienden. Darle IMSS fue imposible porque el primero que debe inscribirse, lo quiera o no, lo use o no, es el patrón; luego debe declarar mensualmente el 2 por ciento de nómina ante Hacienda y presentar declaraciones mensuales y anual, para lo cual es necesario contratar un contador. Mire, traiga su receta y se va a surtirla a la farmacia... Asunto concluido.

Más vergüenzas

La discusión en torno a la participación de particulares en electricidad, petróleo y otros monopolios del gobierno está mal centrada. No es que el gobierno sea peor administrador, no es que los particulares no seamos corruptos, no es que la iniciativa privada sea más eficaz. Podemos encontrar ejemplos en uno y otro sentido: empresas gubernamentales exitosas y privadas en quiebra, corrupción en todas partes cuando no hay vigilancia. El asunto medular es éste: ¿por qué puede el gobierno prohibirnos a los ciudadanos una actividad, en sí misma lícita? ¿Cuáles son los argumentos para que usted no genere electricidad, si ya la genera todos los días al encender su auto? ¿Por qué no puede una persona con capital refinar petróleo comprado a Pemex?

Entendámonos: la cuestión no es quién lo hace mejor, sino ³por qué no². Cuál es la razón para prohibir a los particulares que inviertan su dinero en ciertas áreas y reservarlas monopólicamente al gobierno. En ningún lugar del mundo existe ya un liberalismo salvaje en donde se produzca sin normas ni controles y sea únicamente el mercado quien decida entre dos marcas. Las secretarías de Salud, Hacienda, Gobernación y hasta el Instituto Nacional de Protección al Consumidor vigilan que los productos sean aptos para el consumo y contengan lo que dicen contener. Ya después, entre dos marcas, el mercado decide, pero los consumidores confiamos en que ninguna envenena.

Prohibir la generación de electricidad, la extracción de gas, la refinación de gasolinas bajo procedimientos que cumplan con las normas oficiales, es una arbitrariedad, va contra los derechos humanos. A los mexicanos se nos prohibió por decenios construir carreteras, vender servicio telefónico, poseer trenes. Eso cambió y los trenes siguen mal, los teléfonos van muy bien. No se derrumbó el país.

La respuesta era, ante esas prohibiciones, y sigue siendo en las área hoy a discusión, la de los padres autoritarios de antes: ¿Por qué no, papá? Porque yo no quiero. ¿Por qué no puede usted comprar crudo a Pemex y producir gasolina? ¿Por qué debe ir a poner su planta refinadora a Guatemala, como anunció un grupo de empresarios mexicanos? Porque el PRID no quiere y a callar.

No hay razón alguna. Y la oposición a cambiar la encabeza el más viejo PRI, el de Echeverría, Bartlett, Cuauhtémoc Cárdenas y López Obrador. Unos se quedaron dentro, otros se salieron cuando no obtuvieron las candidaturas deseadas, pero todos pertenecen al viejo PRI.

Durante 70 años nos dijeron que la receta para salir de pobres era la que hoy replantean: el gobierno produciendo cine, tortillas, gasolina, carreteras, cemento, minerales, teatro, ópera, calcetines, libros, electricidad, leche, que, sin exagerar, todo eso y más ha producido el gobierno mexicano. Si la receta nos hubiera hecho ricos, tendrían argumentos. Pero tenemos un país rico en recursos naturales y hundido en la pobreza. ¿Qué argumentos presentan? Ideología y más ideología. Palabrotas: Patria, Interés nacional, Nacionalismo, Historia... Lo cierto es que los mexicanos huyen del México así construido. Al igual que los cubanos huyen de la verborrea castrista. Fidel, Cuauhtémoc, Bartlett: productores de frases sonoras para pueblos hambrientos.

El priista Cárdenas y el priista Bartlett, por encima de su enemistad, se unen para vendernos el mismo y rancio producto: monopolios del gobierno aunque los mexicanos deban arriesgar la vida para ir a trabajar a Texas, donde Pemex sí pudo abrir su planta petroquímica con el necesario capital privado. ¿Qué hará López Obrador cuando su amigo Lorenzo Zambrano, uno de los ciudadanos que ya producen y venden electricidad, acabe por ese motivo en la cárcel?