Fuero o impunidad

publicado el 01 de septiembre de 2003 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Pedir a los legisladores que eliminen el fuero que les da impunidad ante la ley es tan tonto como esperar que los vendedores ambulantes liberen las aceras por su voluntad o los causantes exigiéramos pagar más impuestos. Los legisladores de los tres partidos grandes opinan que "el fuero es intocable" como requisito esencial para cumplir con los altos riesgos de la tarea legislativa. Es que, nos recuerdan, a Belisario Domínguez le costó la vida, y primero la lengua, levantar su voz en el Congreso al dar inicio la dictadura de Victoriano Huerta... hace 90 años.

Y no podrían los legisladores pensar de otra manera: nadie conoce personas que se rebajen prestaciones ni, mucho menos, liquiden su patrimonio voluntariamente.

En la defensa del fuero hay un argumento razonable: que no debe exponerse al legislador a persecución por lo que exprese en la tribuna. Pero tal "fuero" lo tenemos todos los ciudadanos y está garantizado por el artículo 6o de la Constitución: "La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial ni administrativa...". Por otra parte, cuando hay un golpe de Estado como el de Huerta contra el presidente Madero, de nada valen leyes ni fueros. A Belisario Domínguez le hubieran cortado la lengua con todo y fuero. El golpe de Estado es precisamente la anulación de la ley.

Pero, supongamos sin conceder que todavía nuestros legisladores corrieran riesgos por sus intervenciones en la tribuna y fuera, por lo mismo, necesario darles garantías especiales: ¿de qué leyes nos habríamos perdido si Romero Deschamps y secuaces de Pemex hubieran ido a la cárcel por falta de fuero? ¿Qué códigos de Solón o de Hamurabi han propuesto, a riesgo de su libertad y de su vida, los diputados de la CTM o la CNC? ¿De qué ha protegido a nuestros senadores y diputados el fuero, como no sea de la patrulla que los persigue por faltas de tránsito o de los policías que intentan poner orden cuando el diputado echa bala en el rincón de una cantina? ¿Qué diputado o senador ha debido escudarse en el fuero para defender sus intervenciones republicanas y no para esconder sus tropelías? Nombres, nombres.

Además, ¿por qué habría de ser tan grave si la demanda contra un diputado prosperara? Con él no se acaba el poder legislativo. Un gran presidente de Estados Unidos, el que terminó con el viejo déficit fiscal del país más rico del mundo, Bill Clinton, gastó tiempo, esfuerzo y sueño, que pudo haber empleado mejor, en defenderse contra una acusación de alcoba. El imperio se estremeció, y con él todo el planeta. Mónica Lewinsky acabó teniendo razón y Clinton disculpándose públicamente por mentir durante el proceso. Pero las mexicanas no pueden ni soñar con demandar a un diputadete mano suelta, un agente de tránsito no lo puede multar por pasarse un alto, los ciudadanos estafados deben tragarse la rabia porque ningún tribunal admitirá su queja.

¿Es eso justo? En otro caso de repercusión mundial, el senador Edward Kennedy debió explicar no sólo aquel accidente automovilístico en el que perdió la vida su secretaria (y él su carrera política), sino el retraso que tuvo en reportarlo. Los Kennedy y los Clinton y todos los gobernantes del país más poderoso del mundo deben responder por sus actos, pero no el diputado Pancho Pistola Loca que echa bala siempre que se empeda. A eso llaman fuero porque impunidad suena mal.

Nadie en México tiene peor fama que los diputados: soberbios, prepotentes, empistolados, ladrones, vulgares, acosadores sexuales... Quizá sólo sean peores los periodistas de espectáculos, pero no tienen fuero oficial, sólo palancas. ¿Qué no decimos de nuestros diputados? Muchas veces sin razón, a veces con sobrada: los arrancones en motocicleta y los pleitos callejeros del diputado aquel del PRD, los gritos y visajes de aquella senadora del PRD, la proverbial ordinariez y grosería de los priistas, la gazmoñería del PAN.

Y además, inexpertos

Por si algo les faltara, nuestros legisladores no saben hacer leyes, como la Suprema Corte ha dejado ver en el caso de las diferencias aplicadas en la legislación para jugos y leche. ¿Por qué los jugos de fruta sí pagan IVA y las leches no, ni siquiera las light que consumimos quienes no deberíamos tomar leche? Las leches ultrapasteurizadas que no necesitan refrigeración, deslactosadas y descremadas, con diversos productos maravillosos añadidos, ¿no tienen valor agregado? No, no lo tienen, dicen los diputados mexicanos.

Ante consideraciones como la anterior, los diputados de la legislatura saliente quisieron aplicar un impuesto especial "a los ricos". Faltaron así al principio según el cual la ley es la misma para todos, pero, sobre todo, en el peor enredo fiscal y la consecuente caída en la recaudación. Inventaron un impuesto mayor para el caviar y el salmón, ¿y cuántos burócratas más fueron necesarios para desglosar esos impuestos en las ventas de una abarrotería? ¿No es estúpido y necio y, además, ineficaz? Ni siquiera van al súper, así sabrían que hay salmón (con IVA extra) más barato que el pescado fresco (sin ningún IVA); que hay endibias de cultivo hidropónico y verdolagas silvestres en el mismo estante y sin impuesto alguno.

Bien, pero el Poder Legislativo se niega a legislar contra sus prerrogativas y privilegios. Es natural. ¿Qué poder, entonces, puede hacerlo? El Ejecutivo no, salvo que diera un golpe de Estado y disolviera el Congreso. El Judicial tampoco, porque puede solamente dictaminar sobre las leyes, pero no promulgarlas. ¿Quién puede legislar contra los legisladores? Éste es uno de los casos en los que se justifica, plenamente, la figura del plebiscito. ¿Quién más, sino la plebe, puede legislar directamente cuando es necesario ir contra los propios legisladores? Sólo una votación universal y secreta, organizada por el IFE, nos sacaría del atolladero. ¿O no está la soberanía, en última instancia, en manos del pueblo? Lástima que las jugarretas de López Obrador con esa figura importante, la tengan tan devaluada. Pero es cosa de darle todo su peso con un plebiscito bien hecho. Fuero: ¿Sí o No?