¿Y cuánta fuerza es "excesiva" fuerza?

publicado el 05 de junio de 2015 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Ante media docena de camionetas con 30 narcos, 28 armas de alto poder que ni el Ejército mexicano tiene, y misiles tierra-aire para derribar helicópteros militares, ¿cuánta fuerza es “excesiva fuerza”? Una bomba atómica. Todo lo demás es necesario y, hemos visto, insuficiente.

Niños bien y clasemedieros, metidos a anarcos, pueden quemar con gasolina a trabajadores de la policía mal pagados; es un intento de homicidio ante el que deberían disparar: todos estamos autorizados a cuidar nuestras vidas. Pero sus mandos no les permiten ni defenderse. Al Ejército exigimos que primero grite un enérgico “¡Alto allí! ¿Quién vive? ¡Arrojen sus armas si las traen y si no pos no!”

Cuidamos los derechos del (presunto) delincuente que ya aprieta el gatillo de esa arma infernal que dispara 700 balas por minuto. El capitán a cargo apenas ha dicho “Alto a...”, y no concluye porque ya está muerto en el cumplimiento de su deber... y de los moños preocupados por lacras que no se la piensan para derribar un helicóptero lleno de soldados de élite ni para emboscar y matar a 15 policías federales, también de élite.

El Ejército no puede actuar como los delincuentes que persigue, de acuerdo. Pero, ¿no hay complacencia en destacar los posibles excesos? ¿En revisar estadísticas entre muertos y heridos en Tanhuato, cuya curva de Bell no es regular?

¿Hay muertos con tiro de gracia? No. ¿Hay delincuentes rendidos y luego rematados? Quizá, pero no sabemos si, luego de rendirse, uno de ellos hizo un movimiento sospechoso: yo, soldado, ¿le pregunto si nomás se va a rascar los güevos o a sacar la granada que acabará con mi batallón? No le pregunto: disparo. Y luego reviso el cadáver: Uta, era una manzana mordida lo que iba a sacar... ¿Qué opino yo, un no soldado? Que el soldado hizo bien su trabajo y disparó antes de comprobar qué sacaría el presunto...

¿Saben qué? No mamen. ¿No podríamos cerrar las bocotas? Soldados y policías se están jugando, y perdiendo, la vida y les exigimos lo que no haríamos en su lugar.

¿Y el asesinato de Gonzalo Rivas, quemado vivo por los normalistas que incendiaron a propósito la gasolinera donde trabajaba?