Ninguno les acomoda

publicado el 12 de abril de 2015 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

De no creer: Llevo 40 años 40 publicando ejemplos de homosexualidad en todas las especies animales, desde primates no humanos hasta gansos, carneros y leones, peces como el pez espino de mar (el pez, no los erizos de las rocas) que imita a la hembra. Pero publico datos para que argumenten quienes desean reasignación quirúrgica de sexo, y se ofenden.

En nexos presento el estudio amplio que prueba que los humanos sentimos pertenecer a un sexo. Es algo anterior a la masculinización del cerebro en el feto, anterior a la testosterona. Añado el ejemplo de gemelos idénticos, varones, a uno de los cuales le quemó el pene una circuncisión inepta hace medio siglo. Como la moda era: todo es social, todo es aprendido, los expertos Money y Ehrhardt recetaron reasignación de sexo y educarlo como niña. La historia en Genoma, de Matt Ridley, o en nexos de abril. La llamaron Joan.

Jamás se sintió niña, algo le decía que era niño, rechazaba jugar con niñas (como los niños de Toby) y los vestidos (ya sé, la moda es social, pero él quería vestir como los niños de su sociedad visten y hacer lo que su sociedad dicta a varones). A los 14 años los padres le dijeron la verdad. Se reasignó sexo y se llamó John. Vive felizmente casado con una mujer y tienen hijos adoptados. No es el caso de David Reimer, otra víctima de circuncisión inepta que jamás se aceptó como mujer y se suicidó a los 38 años: sabía en su interior que era hombre. La American Association for the Advancement of Science le dedicó su congreso anual.

En ese congreso, Eric Vilain et alii presentaron estudios realizados en cerebros masculinos y femeninos. “No esperábamos encontrar diferencias genéticas entre los diversos sexos; pero descubrimos que cerebros de macho y hembra difieren en muchas formas medibles, incluyendo anatomía y función”, Molecular Brain Research, octubre de 2003. Contacto para insultos: Elaine Schmidt, elaines@support.ucla.edu

Un dato ya es conocimiento común: las mujeres tienen más conexiones entre sus hemisferios cerebrales, los usan más de forma simultánea. Ponga sexual, differentiation, brain en Google y le aparecerán más de un millón de datos en menos de un segundo.

El padre de la etología y Premio Nobel, Konrad Lorenz, publicó el bello romance de dos gansos macho, llamémoslos Hans y Fritz, que se hacían la ceremonia, el llamado grito de triunfo, dedicada a las ocas, las hembras. Los separaron llevando a Fritz a otro lago. Allá se arrejuntó con una hembra y tuvo sus pollitos. Lo regresaron con Hans y desde que se vieron se reconocieron y se dedicaron el grito de triunfo: cuellos y cabeza en alto, aleteo y pataleo. La hembra reconoció el peligro y atacaba al rival. Acabó por ir detrás del par con sus pollitos.

Lo publiqué, con muchos más ejemplos, en 1985. Pero yo sí me hago la pregunta incómoda: ¿Por qué Hans y Fritz, pero no los demás gansos? Pregunta elemental para quien no desee cerrar los ojos.

¿Por qué yo no deseo ser mujer y otros piden que les hagan una vagina? Ya sé: las variaciones trans son infinitas, unos sí, otros prefieren ser mujeres con pito, etc. Han creado una nomenclatura insufrible que, ni así, abarca todos los matices.

Con frecuencia los médicos rechazan la reasignación de sexo a quien la pide y le ofrecen terapia para aceptarse. Con los datos que publico se les puede argumentar: Aquí tienen “la primera revisión amplia de la evidencia científica acerca de que la identidad de género (sentirse hombre o mujer, sean cuales fueren sus gustos sexuales) es un fenómeno biológico. Como tal, nos provee de uno de los más convincentes argumentos a la fecha, para todos los proveedores de servicios médicos, y que la medicina desarrolle las técnicas necesarias para el buen cuidado de estas personas” (las que piden reasignación de sexo), dice uno de los investigadores, Joshua D. Safer. “Review article provides evidence on the biological nature of gender identity”. Boston University Medical Center. Endocrine Practice, 13 de feb. 2015. Se enojaron.

Insultos al equipo los recibe: Gina di Gravio, ginad@bu.edu