Médicos: problema laboral

publicado el 30 de junio de 2014 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Médicos que trabajan 33 horas continuas, como en instituciones públicas, es imposible que ofrezcan buen servicio a decenas de pacientes. No hay humano que pueda trabajar 33 horas en algo, lo que sea. Pero menos aún si es un médico. El trabajo abrumador es motivo de accidentes mortales en el transporte carretero: choferes que se quedan dormidos o por fatiga traen reflejos lentos. Con mayor razón en médicos.

Para estos trabajadores no hubo “revuelta de Haymarket Square” en Chicago el 4 de mayo de 1886, protestas de obreros iniciadas el 1 de mayo para exigir jornada laboral de ocho horas; desde entonces generalizada al mundo entero, con la excepción del IMSS, el Issste y los choferes de transportes públicos, urbano y foráneo con vidas en sus manos.

El monstruoso transporte público de una ciudad como Guadalajara, del tamaño de Barcelona y sin sombra de sus servicios, es producto de que los choferes estén obligados a completar un circuito en tiempo límite, así que les urge que la anciana lenta baje ya y dar el arrancón. Son cafres, pero además los obligan a trabajar en condiciones que hacen imposible el buen servicio. Resultado: masacre por el transporte público.

Ahora imaginemos la calidad del médico que lleva 24 horas sin descansar y le faltan otras 10 horas. La Ley Federal del Trabajo vale para oficinistas y obreros, no para médicos. Quienes atienden consulta privada establecen sus propios horarios, ordenan a sus secretarias no poner más de un paciente por cada media hora. Al inconforme con el trato le basta con cambiar de médico. Excepto si es pobre y debe atenderse en la clínica asignada y el médico saturado que, no pocas veces, ni levanta la vista para ver al paciente porque está llenando formularios. Para el pobre es eso o nada.

Hay casos excepcionales. En Guadalajara es famoso el Hospital Civil, fundado antes de la Independencia por fray Antonio Alcalde. Los médicos se dan tiempo de enterarse de la vida, no solo de los síntomas, de la persona que atienden. Por eso mucha gente con derecho al IMSS prefiere ir al Hospital Civil.

La irresponsabilidad no siempre es del médico, de jóvenes haciendo su servicio social o llevando una especialidad, sino de la institución. El médico que debe atender consulta externa y hospitalizados recibe un listado de nombres que atendería bien en 30 días de 8 horas y debe hacerlo en 30 horas continuas.

Hasta ahora, no sabemos las condiciones en que trabajaban los 16 médicos acusados de homicidio involuntario en Guadalajara. Un asunto es claro: conocer del caso es materia de otros médicos, no de jueces. La responsabilidad, si la hubo, debe ser detallada por médicos e incorporada al expediente que el juez, asistido por los médicos, tomará en cuenta para su sentencia. Para eso está la Comisión Nacional de Arbitraje Médico.

Hay errores médicos cuyo nivel de responsabilidad solo una comisión de médicos puede evaluar. Si el diagnóstico fue equivocado, pero el error está en los márgenes de enfermedades con síntomas similares, lo saben otros médicos que sean, además, especialistas en esa área. También hay descuidos imperdonables e ignorancias sin excusa. En casos graves, la ley establece cancelación del ejercicio profesional para el ignorante o descuidado, pero solo otros especialistas pueden evaluar los imponderables, el azar, el error justificable del atroz ya que ningún médico es infalible.

Luego viene el asunto jurídico: todos sabemos de tijeras olvidadas dentro del paciente operado, del que le amputaron la pierna sana. Empecemos por los médicos del IMSS que no ven al paciente que entra y sopesemos si era el tercero del día o el número 178 en una guardia que lleva ya 30 horas sin descanso.

Hay carencias graves en las instituciones: falta de equipo y de medicamentos, horarios que infringen la ley y se regulan desde 1886. Hay médicos ineptos, ignorantes empolvados, lectores de folletos publicitarios, y otros que no tienen el tiempo suficiente para una auscultación bien hecha ni, luego, el equipo ni los fármacos para la terapia que deben aplicar.