Los dos resquicios de la fe

publicado en la revista «Nexos»
# 425, mayo de 2013

 

El desarrollo de la ciencia ha llegado a dos trincheras tras de las cuales el Dios del monoteísmo nos asecha y sus creyentes exhiben con gran satisfacción: Si el universo comenzó con el Big Bang, ¿qué dio origen a éste? La otra es: Bien, te acepto la evolución completa hasta el surgimiento de las primeras células y su replicación por ARN o ADN. Ahora explícame cómo el carbono, nitrógeno y otros elementos se armaron en esto que llamamos vida.

Big Bang

Ninguna mejor anécdota que la del momento ocurrente en que el gran astrónomo Fred Hoyle acuñó el nombre como burla: “Sí, claro, la Nada hizo Pum y aquí estamos”. En inglés, bang. Una serie de Stephen Hawking da respuesta, si bien exige un esfuerzo mental: pensamos en términos de causa y efecto porque nuestro cerebro surgió en un mundo con tiempo y con causas que preceden a los efectos. Pero el Big Bang no se dio en el vacío, que es espacio y es tiempo. Se dio en la Nada, con mayúscula, para lo que no tenemos imagen mental alguna, Nada sin tiempo ni espacio.

Con el Big Bang comenzó no sólo la energía-materia, dos caras de una moneda, sino el espacio-tiempo. Así que no hay un “antes del Big Bang” porque no existía el tiempo. De los programas de Hawking, hipnóticos todos, el primero es quizá el mejor: http://youtu.be/hLa-6TPnI0M

Origen de la vida

El otro escondite es el origen mismo de la vida. Una nota reciente en Cell Press es un intento de ponernos al día. “Hace cuatro mil millones de años, apenas después de que el planeta se enfriara lo suficiente para que la vida comenzara, las células primordiales pudieron haberse replicado y dividido sin la maquinaria de proteína [ARN, ADN o algo similar] ni membranas celulares, confiadas apenas en una capa de grasas”.

La membrana de las células actuales es un órgano complejo y su formación está guiada, como el resto del cuerpo celular, por la información contenida en los cromosomas del núcleo, en los genes transmitidos en cada subdivisión celular. Los investigadores estudiaron bacterias que, si bien poseen membrana, pueden cambiar a una existencia sin membrana llamada estado forma-L, que podría haber sido el estado de las células primordiales.

El autor principal del estudio, Jeff Errington de la Universidad Newcastle, dice con entusiasmo: “La principal sorpresa para mí fue cuán simple es este mecanismo. No exige ninguna maquinaria sofisticada con base en proteínas. Eso lo hace plausible como explicación de cómo pudieron proliferar las más primitivas células en los primeros días de la evolución”.

La membrana celular posee diversas capas que protegen y dan forma a la célula. Está presente en las bacterias, así que debió estarlo en el ancestro común a todas. La membrana es una “estructura tan importante que contra ella se dirigen los antibióticos y muchas bacterias responsables de enfermedades infecciosas pueden alternar al estado de forma-L para resistir los antibióticos”. Cuando toma ese estado, la bacteria no sólo se vuelve de forma irregular, sino, lo más importante para el origen de la vida, le surgen bultos que acaban separándose en células hijas.

“Nuestro estudio ofrece un modelo para futura investigación dirigida a explorar los mecanismos de replicación de las células primitivas que pudieron haber existido antes de la explosión de vida bacteriana en nuestro planeta hace unos cuatro mil millones de años”.

Tierra a la vista

Después tenemos una línea conocida: las células cooperan en diversas tareas organizadas en conjuntos que acaban siendo sistemas multicelulares que se reproducen ya como un ser vivo distinto a las células que lo componen. ¿Qué tan lejos podemos seguir el linaje de nuestros ancestros? Hace seis millones de años tenemos al abuelo común con nuestros primos chimpancés; doce con otros primates; sesenta con pequeños mamíferos, al tamaño de un ratón, sobrevivientes al gran cataclismo de Chicxulub, costa de Yucatán, que acabó para nuestra fortuna con los dinosaurios. ¿Y luego? Luego viene la más vergonzosa rama de parientes: investigadores suecos de la Universidad de Gothenburg y el Museo de Historia Natural de Gothenburg, ponen una foto humillante en nuestro álbum familiar y la publican en Nature Communications. Es un gusano llamado Xenoturbella bocki, “progenitor de toda la humanidad” y de muchos otros animales. Tiene un centímetro y un diseño corporal simple, no tiene cerebro (lo cual heredó a parte de su prole humana), ni órganos sexuales ni otros órganos. No es un fósil, sino un pariente vivo que se asolea en las costas de Suecia.

“Es absolutamente fantástico que uno de los organismos clave para la evolución del reino animal viva justo a la puerta del Centro para Investigación Marina de la Universidad de Gothenburg”, dice Matthias Obst. El gusano “pertenece al grupo de los deuterostomas (en griego: segunda boca), el grupo exclusivo al que también el hombre pertenece”.

Como el citado centro de la Universidad de Gothenburg “es el único lugar en el mundo entero donde puedes estudiar este paradójico animal, es la razón por la que vienen investigadores de todo el mundo al fiordo Gullmars para resolver uno de los mayores misterios en la evolución de la vida animal”, concluye Matthias Obst.

¿Por qué tenemos tan diversos comportamientos?

Bien, y ya que los tataranietos del Xenoturbella bocki desarrollamos cerebro y sexo, ¿por qué nos comportamos de tan diversa manera? Claro, claro: época histórica, país, religión, idioma, clase social, educación… Pero, a igualdad de factores, ¿por qué somos tan distintos en forma de pensar y de actuar los hermanos, por ejemplo?

En el journal Neuron un equipo de investigadores “arroja nueva luz en los detalles de este fenómeno haciendo mapas de las regiones cerebrales exactas donde ocurren diferencias individuales. Sus hallazgos revelan que la conectividad cerebral de los individuos varía más en áreas que integran información que en áreas de percepción inicial del mundo”. Vemos de forma similar, procesamos de forma distinta.

“Conocer el rango normal de variabilidad en el cerebro humano nos ayudará a identificar y quizás tratar regiones que pudieran integrar circuitos anormales, como en los desórdenes neuropsiquiátricos”, dice el autor principal del artículo Hesheng Liu, del Massachusetts General Hospital. Él y sus colegas usaron una técnica de observación llamada resonancia magnética en reposo para examinar conexiones cerebrales.

El equipo descubrió grandes diferencias en la conectividad de distintos individuos sanos. Relacionando estas imágenes con otros estudios, los investigadores encontraron diferencias individuales en cognición y conducta sobrepuestas con regiones de gran variabilidad. Así concluyeron que estas variaciones explican nuestras diferencias.

“Nuestro estudio proporciona un posible enlace entre la diversidad de las habilidades humanas y la expansión por evolución de regiones cerebrales específicas”.

Las amigas joteras

Las mujeres heterosexuales y los hombres homosexuales con frecuencia desarrollan amistades cercanas. Es un hecho observable. Pero un estudio de la Universidad de Texas en Austin sugiere el motivo: el cemento de estas amistades, con frecuencia más duraderas que los noviazgos, es la honestidad. Publicado en Evolutionary Psychology, es el primero en proporcionar evidencias empíricas de que tal cercanía emocional “está enraizada en la ausencia de motivaciones para el engaño, libre de intenciones sexuales ocultas”, dice Eric Russell, principal autor del estudio. “Pueden ser capaces de desarrollar un más profundo nivel de honestidad porque sus relaciones no se complican con atracción sexual ni competencia por sexo”.

 

la talacha fue realizada por: eltemibledani
 

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