Soporte neurológico de la moral

publicado en la revista «Nexos»
# 416, agosto de 2012

 

Dice Fiodor, el padre de los hermanos Karamásov: “Es más probable que Iván tenga razón [que Dios es un invento humano necesario]. ¡Pensar solamente lo que ha sacrificado el hombre a la fe, cuántas energías de toda índole por ese desvarío!… ¿Quién se ríe de tal modo del hombre? ¡Iván! ¡Por última vez!, ¿hay Dios o no hay?… ¡Por última vez te lo pregunto!

—Y por última vez te contesto que no lo hay.

—¿Quién se burla así de los hombres, Iván?

—El diablo debe de ser —rió Iván Fiodórovich.

—Pero ¿hay diablo?

—No; tampoco hay diablo.

—Lástima. El demonio sabe lo que yo haría con el primero que inventó a Dios. Ahorcarle sería poco.

—Civilización no habría en absoluto si no hubiera inventado a Dios.

Al día siguiente, Iván continúa el tema con su hermano menor, Alíosha, que va para monje: “Mira, palomito: hubo un viejo pecador en el siglo diecisiete, el cual dijo que si no hubiera Dios sería menester inventarlo …” [Voltaire].

Ante la solemne afirmación de que Dios es necesario para hacer el bien y evitar el mal, los ateos buenos somos prueba en contrario. Steven Weinberg premio Nobel de Física 1979 por su unificación del electromagnetismo (a su vez unificación hecha por Maxwell un siglo antes) y una de las fuerzas del núcleo atómico, el denominado modelo electrodébil, lo dice de forma inmejorable: Sin religión seguiría habiendo “gente buena haciendo cosas buenas y gente mala haciendo cosas malas. Para que la gente buena haga cosas malas es necesaria la religión.” La postura contraria a la de Iván Karamásov.

Entonces, ¿qué nos detiene para no lanzarnos a un frenesí de robo, muerte, violación, si no tememos el castigo del infierno?

La evolución ha creado controles contra todos los excesos: el admirable equilibrio ecológico que tanto nos preocupa perturbar es producto de controles externos: las hormigas devorarían todos los bosques y selvas del planeta si por ellas fuera, pero hay pájaros, osos hormigueros, reptiles y muchos otros seres que se las comen. Los leones matarían a todas las gacelas si no fuera porque atrapando una se dedican a comer. Uno de los enigmas que los criadores de ganado se plantean y da motivo a su odio por los lobos es que, si un lobo logra entrar a un corral de borregos, mata y mata y mata aunque esté saciado. Su instinto predador ha encontrado algo que no existe en la vida silvestre: un corral lleno de borregos sin salida para huir… y el lobito enloquece.Es un mito de almas caritativas que los animales sólo maten para comer: un gato doméstico gordo se da gusto en cazar un ratón, darle unos mordisquitos, lamer la sangrita, dejarlo correr herido para volver a darse el gusto de cazarlo. Las focas se reproducen en exceso porque tiburones y osos polares se comen un buen número y así controlan la población (que se está descontrolando a falta de osos y tiburones por acción del hombre).

Adam Smith en la neurología

Adam Smith, famoso entre los economistas, publicó en 1759 su Teoría de los sentimientos morales. Con la metáfora de la mano invisible Smith explica la autorregulación del mercado dejado a sus propias tensiones, esencia del liberalismo clásico. Como el autocontrol de las especies surge de buscar el máximo beneficio (comer la mayor cantidad de cebras), así el egoísmo humano encuentra su control en que un sistema con justicia social es más eficiente, funciona sin látigos ni masacres. Una bacteria especialmente mortífera acaba por extinguirse cuando mata al organismo infectado demasiado pronto y no da tiempo a que el enfermo disperse la infección. Así es como las cepas menos dañinas acaban teniendo una ventaja evolutiva.

Un estudio de la Universidad de Nueva York ofrece apoyo neurológico a las teorías morales de Adam Smith: “La parte del cerebro que usamos cuando elegimos una conducta igualitaria podría también estar enlazada a un sentido más amplio de la moralidad”, dice el equipo en los Proceedings of the National Academy of Sciences.

El estudio, publicado siete meses después de que comenzara el Occupy Wall Street Movement, dirigido contra la desigualdad en los ingresos, fue conducido por investigadores del New York University’s Wilf Family Department of Politics, la Universidad de Toronto, la de California en San Diego y Davis, así como la de Nebraska en Lincoln.

“Estudios previos habían establecido que se activan dos áreas del cerebro cuando nos comportamos de manera igualitaria: el córtex prefrontal ventromedial y el córtex insular, dos regiones neurológicas que previamente habían mostrado ser parte de preferencias sociales como el altruismo, la reciprocidad, la corrección y la aversión por la desigualdad. Era menos claro, sin embargo, cómo podían esas partes del cerebro estar también conectadas a la conducta igualitaria en un grupo”.

Los investigadores diseñaron un juego en el que fuera necesario tomar decisiones. Los participantes en un grupo que recibía pagos al azar estuvieron asignados a una de tres formas de distribución del pago: en uno, todos podían ver el ingreso de cada participante en una pantalla de computadora. Luego se les preguntaba si desearían pagar un precio para incrementar o reducir los ingresos de los miembros. Se les decía que podían guardar el dinero que no ofrecieran al resto del grupo; con esto hay un fuerte incentivo a no compartir el dinero ganado. Aun así, los investigadores encontraron que con frecuencia los miembros de ese grupo reinvertían para que el dinero se distribuyera con mayor igualdad entre todos.“Durante este periodo, los investigadores evaluaron la actividad neurológica por medio de resonancia magnética funcional (fMRI)”. Como en estudios anteriores, hubo actividad en las regiones mencionadas.

Para obtener más detalles, el equipo examinó si las activaciones de esas áreas estaban asociadas con dos medidas adicionales de preferencias igualitarias. Se le pidió al grupo calificar su nivel de acuerdo o desacuerdo en seis preguntas, entre ellas: “Nuestra sociedad debería hacer lo que fuera necesario para asegurar a cada quien igual oportunidad de éxito”. Otra era: “Este país estaría mejor si nos preocupáramos menos acerca de cuánta igualdad hay entre la gente”. El grupo realizaba, además, una serie de tareas con toma de decisiones en las que se les pedía compartir dinero con una persona anónima. Las elecciones en esta tarea se tomaron como medida de conducta igualitaria.

Estas dos medidas de preferencias igualitarias resultaron asociadas con claridad a activaciones del córtex insular, pero no a las demás estructuras cerebrales mencionadas. Este resultado es importante en cuanto el córtex insular es también la parte del cerebro que procesa las relaciones del individuo con su medio. “En otras palabras, la conducta igualitaria podría no existir sino como parte de un proceso mayor que se origina en el altruismo y el sentido de un mayor bien social.” Es lo que dijo Adam Smith en su Teoría de los sentimientos morales en el siglo XVIII.

“Adam Smith sostiene que los sentimientos morales como el igualitarismo derivan de un sentido de interés común que podría aumentar con nuestro nivel de simpatía por otros, lo cual predice no sólo la aversión a la desigualdad, sino también nuestra propensión a involucrarnos en conductas igualitarias. Nuestros resultados sugieren que son los mecanismos cerebrales involucrados en sentir los estados emocionales y sociales, tanto propios como de otros, los que parecen dirigir las conductas igualitarias. La conclusión es consistente con la más amplia vista del córtex insular como el sustrato neural que procesa las relaciones del individuo con su medio”.

Contacto: James Devitt, james.devitt@nyu.edu

 

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