1968-1999: La UNAM ante dos presidentes

publicado en la revista «nexos»
# 262, octubre de 1999

 

El movimiento universitario de 1968 y la huelga que lo acompañó ?como escribe Luis González de Alba? no pedían ventajas o privilegios para los estudiantes que por entonces pagaban el equivalente a 800 pesos de hoy. La huelga de la UNAM que estalló hace más de cinco meses no es polvo de aquellos lodos. Y esto porque?a diferencia de hace treintaiún años?nadie la desea y pocos la impusieron.

Desde mediados de abril hasta por lo menos hoy, 2 de septiembre, la UNAM ha estado cerrada. Nadie puede imaginar lo que habrá ocurrido en un mes, el 2 de octubre próximo, en que todos recordamos el aplastamiento a sangre y fuego de aquel movimiento estudiantil de 1968. A diferencia de otros conflictos, en éste la autoridad ha estado ausente por ambas partes. Si por los estudiantes no se conocen líderes más allá de algún personaje chusco, por la autoridad universitaria tampoco ha habido liderazgo. Y en los gobiernos afectados, el perredista de la Ciudad de México y el priista de la República, tampoco hemos visto los ciudadanos medida alguna para imponer la ley que juraron, en sus respectivas tomas de protesta, cumplir y hacer cumplir.

La ley puede no gustarnos ?y está claro que a los mexicanos no nos gusta, y por eso tenemos la desgraciada historia patria que cada uno se sabe?. pero sólo eso tenemos ante la injusticia, ya que la justicia por propia mano conduce, invariablemente, a otra ley, ésta más riesgosa porque es la del más fuerte, y no siempre el agraviado es el fuerte y logra hacerse justicia. Se abre entonces la tenebrosa perspectiva en que cada quien debe traer espada presta y puñal bajo la capa. Nadie en sus cabales desea regresar a esa vida ni ser la pistola más rápida del viejo Oeste o del nuevo Distrito Federal. Así que sólo queda el recurso de la ley que todos aceptemos y cumplamos.

Con motivo de un aniversario más de aquel 2 de octubre de 1968, con su lluvia de agua, sangre y fuego, reúno y aderezo opiniones ya publicadas (y me disculpo ante el lector que ya las conozca), para destacar que éstos no son, de ninguna manera, polvos de aquellos lodos y, más aún, se colocan en extremos opuestos del panorama político. Veamos.

1968 y 1999

En 1968, el Presidente lo recordará como estudiante del Politécnico, la primera manifestación de aquel movimiento estudiantil fue encabezada por el propio rector de la UNAM, el ingeniero Javier Barros Sierra, acompañado por todo el Consejo Universitario, todos los funcionarios, todos los directores de escuelas y facultades, y de todos, todos, los 100,000 estudiantes que en un turno asisten a clases. No hubo la oposición ni de una sola persona. Se esperaba la asistencia, también, del director general del Politécnico, quien finalmente no llegó. Así comenzó esa huelga.

Las demandas fueron seis y ninguna de ellas pedía ventajas o privilegios para los entonces estudiantes, que pagábamos cuota de 200 pesos, equivalentes en su poder adquisitivo a 800 de ahora. Pedimos:

1. Deslinde de responsabilidades entre los policías y militares que se habían excedido en su función durante los conflictos previos y posteriores al 26 de julio.

2. Destitución de dos de sus jefes: Cueto y Mendiolea.

3. Indemnización a las víctimas de tales abusos de autoridad.

4. Desaparición del cuerpo de granaderos.

5. Libertad de los presos políticos.

6. Derogación del artículo de "disolución social" empleado contra opositores al régimen.

Se sumaron escuelas y universidades, de Chihuahua a Yucatán y de Veracruz a Guerrero. Cada escuela tenía derecho a dos delegados y con ellos se conformó el Consejo Nacional de Huelga (CNH). En sus largas y a veces tormentosas sesiones, nunca hubo no digamos un golpe, ni siquiera una grosería de un delegado contra otro.

La huelga, por tanto, no debió nunca defenderse de los propios alumnos, pues no existió jamás oposición interna en los dos meses de auge, agosto y septiembre. Después del 2 de octubre, algunos líderes no encarcelados pensaron (con razón o sin ella, para el caso no importa) que era necesario levantar la huelga y así lo plantearon en facultades y escuelas. Convencidos de que ya era imprescindible volver a clases, los líderes del CNH realizaron campañas de movilización por el fin de la huelga. Se encontraron con una sorpresa: las asambleas celebradas en auditorios abiertos, con entrada libre y sin restricción alguna al acceso, no aceptaban su propuesta. Los estudiantes del Politécnico y de la UNAM no se resignaban a volver a clases sin, por lo menos, dejar las cosas como estaban: con los mismos presos políticos de antes, pero no con más.

A los dirigentes libres les costó otros dos meses, octubre y noviembre, convencer a sus "bases", como se decía y se dice, de que debían levantar la huelga. A principios de diciembre se tomó esa determinación en cada asamblea, siempre con tristeza.

¿En el conflicto de 1999, podemos imaginar siquiera elecciones libres y con las escuelas abiertas a todos sus alumnos? La "huelga" no duraría ni cinco minutos. Nadie la desea y pocos la impusieron.

Las demandas de 1999

En 1999, la UNAM no fue cerrada por toda la comunidad, sino por una minoría de algunos centenares ?siendo la población de 250,000 alumnos?, minoría que realizó "votaciones" de asamblea como todos sabemos hacer, y cuando hasta así las perdió, cerró la escuela por la fuerza y de madrugada. Los estudiantes que por la tarde habían ganado la asamblea contra la huelga, encontraron por la mañana su escuela cerrada con barricadas hechas con escritorios y mesabancos a estas alturas inservibles. También son seis demandas (buscando a propósito el número cabalístico):

1. No queremos pagar cuotas ni que las pague quien desee hacerlo.

2. No queremos hacer examen de admisión.

3. Exigimos libertad a los "fósiles" para inscribirse durante 10 ó 15 años consecutivos.

4. No queremos aplicación de la ley a quienes han robado computadoras y valioso equipo, han destruido archivos, quemado documentos de estudio de sus propios compañeros, etcétera.

Estas son las demandas reales. Vergonzosas, como está a la vista. Las otras dos fueron añadidas a posteriori para "imagen": congreso y democratización siempre suenan bien.

Abril: Los dos sofismas de la gratuidad

La exigencia de gratuidad absoluta para la educación superior está basada en dos sofismas:

1. La Constitución dice que la educación que imparta el Estado será gratuita, por tanto la UNAM debe ser gratuita. Esa lógica implica, como puede verse, que la UNAM no es autónoma, sino parte del Estado.

2. Que cuando un estudiante no paga, la educación es gratuita. Pero no es así. La pagamos todos, incluidos mexicanos más pobres que el estudiante agraciado con la exención de cuotas.

Pero dejemos las sofisticaciones, porque los alumnos de hoy no están dispuestos a escucharlas, como no están dispuestos a pagar a su universidad lo mismo que se gastan en cigarros. El asunto preocupante es otro: es el rector (y era apenas 22 de abril).

El rector

El rector Francisco Barnés de Castro sabe perfectamente que esa misma pretensión, la de cobrar cuotas menos ridiculas que los 20 centavos actuales, con todo y ser justificada, sensata, legal y todos los adjetivos que se deseen, causó los peores problemas a dos antecesores: Carpizo y Sarukhán. En particular Jorge Carpizo conoció la derrota de su conjunto de propuestas ante la prolongada huelga encabezada por quienes hoy son funcionarios del gobierno y tienen por tanto un poder que entonces, como huelguistas contra las cuotas, no sospecharon. Son autoridades, pues, que no es asunto para pasar por alto. Nadie puede imaginar que el rector no tuviera prevista la intransigencia y la huelga. Sólo como entretenimiento jocoso podría hacer la prueba de informar que el aumento será de tan sólo 5 centavos. La huelga seguirá.

Y seguirá por razones que el rector conoce bien:

1. Las huelgas estudiantiles son divertidas.

2. El 68 es una epopeya que los hoy estudiantes han literalmente mamado. Desde su infancia oyen hablar con nostalgia a sus padres, tíos (y algún abuelo) de aquellos días. Así que cada generación quiere su 68.

3. La gran mayoría de los huelguistas consiguen ventajas de inmediato: algunos comen luego de días de ayuno, otros se emborrachan gratis, otros más olvidan por un tiempo las materias tronadas, el semestre que ya tenían perdido.

4. Otros pocos, los que pueden comer en sus casas y llevan buenas calificaciones, padecen el síndrome mexicano que más abunda en estos tiempos: todo cuanto diga la autoridad está mal. Hay en el país una atmósfera de fastidio que ha sido el gran éxito de "Marcos".

No hay nada nuevo en lo arriba planteado. El rector Barnés sabía que su llamado sería respondido con una inevitable huelga. Era tan predecible que el rector contaba con ella. Ni duda cabe. Lo que no sabemos son sus planes para terminarla.

¿El plan?

Es más probable que el rector tenga en mente un planteamiento como éste:

A. La UNAM no le sirve ya a nadie. Ni al gobierno ni a la iniciativa privada. Es un elefante blanco inútil, estorboso y siempre malhumorado, cuyos arranques de furia, como el actual, son de temer por el gran número de personas involucradas.

B. La UNAM, por tanto, puede abandonarse a la suerte de las hordas que la ocupen porque la masa acabará con el elefante por inanición.

C. Una vez muerto el animal inútil pero pendenciero, se puede diseñar una universidad eficaz en las instalaciones hoy pintarrajeadas y pegajosas por cochambre de anafres, pero próximamente limpias.

El plan, de ir por allí, no es malo. Dejemos por un momento el asunto de las cuotas, que tampoco sacarán a la UNAM de su postración, y que hasta los huelguistas parecen haber olvidado en el baturrillo de exigencias que incluyen condenas a la OTAN. Lo principal es que se trata de una universidad vieja en sus concepciones. Pongamos el caso de la Facultad de Filosofía y Letras. ¿Se estudia allí el problema de la conciencia para aplicarse a la informática? ¿Sabe alguien qué es una máquina de Turing?

Nada de eso. Leen a Platón, cuando bien les va, y a Marx cuando peor.

Posee además colegios como los siguientes: Letras Italianas, Letras Alemanas, Letras Inglesas, Letras Francesas, Pedagogía, etcétera. Por supuesto se entiende un Colegio de Letras Hispanas. Pero ¿no sería mejor que la joven interesada en Petrarca lo fuera a estudiar a Italia? ¿Las letras de Francia no deben estudiarse allá? ¿Pedagogía no es un posgrado natural de la Facultad de Psicología? El costo de sostener tan estrafalarias carreras es enorme: Filosofía y Letras tiene cientos de profesores con sus vacaciones, sabáticos y demás prestaciones. Como éstas, otras escuelas podrían cerrarse sin que nadie se enterara en el país.

Tales colegios sólo servían (y quizá siga siendo el caso), para que aspirantes a Derecho o Ingeniería que no alcanzaban el puntaje necesario intentaran colarse por carreras de puntaje regalado. Por lo mismo se daba allí una mescolanza inverosímil: una o dos alumnas exquisitas interesadas en sonetos renacentistas y una docena de lúmpenes que deseaban ser grillos del PRI, tinterillos o madrinas de la Judicial, para lo cual debían dar el salto en algún semestre a la Facultad de Derecho. Nunca lo lograban. Les decíamos los dragones por una anécdota concerniente a uno de ellos.

Si ésa es la UNAM con la que desea acabar el rector Barnés de Castro, y la razón por la que buscó la huelga con método infalible, la UNAM lumpen, la de los dragones, bienvenida la huelga.

Mayo: La trampa del diálogo público

Hay expresiones que suenan bien desde antes de pasar por el tamiz de la razón, una es la 30 años prestigiosa "diálogo público". Habiendo sido el método exigido en 1968 por quienes condujimos aquella huelga nacional de estudiantes, para solucionar las seis y sólo seis demandas planteadas al gobierno de la República (no a la rectoría de la UNAM), pasó a la historia como marca de pureza, sello de garantía contra la transa en las negociaciones.

Pero lo cierto fue que nos tendimos una trampa a nosotros mismos, nos pusimos zancadilla, nos metimos en camisa de once varas. La exigencia de que el diálogo fuera público acabó gravitando contra nosotros mismos y cerrando los atisbos de arreglo, pálidos y balbuceantes, es verdad, pero que negociadores más eficaces habrían sabido atrapar por los pelos y en cambio nosotros, montados en el chivo prieto del diálogo público, tropezamos con nuestra propia demanda.

Barnés en el avispero

Todos sabemos que la UNAM es un avispero y que el palo que más efectivamente lo azuza es el de las cuotas. Por lo mismo, cuando vimos llegar al rector y darle de palos al avispero supusimos que llevaba equipo contra el ineludible ataque de las avispas. Luego, para sorpresa de todos, lo vemos de pronto correteado por el enjambre y tirándose al agua como aquel oso Barney, a quien siempre tal cosa le pasaba. ¿Será posible?, pensamos incrédulos. Su "arma secreta" son los mismos deplorables e inútiles desplegados de apoyo que a nadie importan. ¿No han hecho eso mismo, con tedio plúmbeo, todos los rectores que en la UNAM han sido, ante cualquier conflicto? Ya empleó ése y todos los demás métodos inefectivos.

Por parte de los huelguistas no podía faltar, tampoco, la exigencia de que su pliego petitorio, cuya longitud ni ellos mismos logran establecer, se resolviera por medio de un diálogo público.

El diálogo, como expresión, como palabra, está de moda. Por tanto decir no al diálogo fue la primer barrabasada. No porque de él fueran a salir resultados positivos, pues los huelguistas no lograrán jamás explicar su oposición a que quienes pueden paguen y los que no puedan (o no quieran), no; sino porque el costo político de la negativa fue así pagado sin necesidad. El diálogo es inútil, pero hay que pagar su cuota en tedio porque así lo piden los tiempos.

El no-diálogo

Si es público, no es diálogo, sino competencia entre dirigentes por arrancar los mejores aplausos del honorable público con arengas flamígeras. Pero debe uno ir. Luego, ya allí, dormir la siesta con los ojos abiertos en lo que dos decenas de "representantes". elegidos en asambleas de treinta personas a nombre de diez mil ausentes, se arrancan la palabra para tener sus quince minutos de fama vinculando las cuotas con los bombardeos a Kosovo. Ya lo verán. Así ocurrió cuando aquel CEU de hace 12 años hizo huelga por la misma causa, encabezado por jóvenes que hoy son maduros funcionarios del gobierno. Entonces el rector Carpizo aceptó el diálogo público. Fue la experiencia más irritante que algunos hayamos atestiguado: una feria de vanidades estudiantiles y de frases huecas rectoriles que se prolongó 16 horas diarias durante semanas. Hasta que el asunto terminó… con negociaciones comunes y corrientes, lejos del micrófono que a tantos fascina.

Otra posibilidad, muy distinta, seria que los 250,000 estudiantes de la UNAM eligieran representantes por escuela y facultad, en elecciones vigiladas, quizá, por el IFE o por notarios públicos que dieran fe del padrón basado en los inscritos.

Junio: Las sinrazones

Que no hay mucho de que hablar es claro. ¿Cómo defender que quien pueda pagar no lo haga? ¿Cómo no sentir vergüenza ante la demanda de que la calificación mínima para obtener el anhelado "pase automático" a las facultades baje del ya ridículo 7.5? ¿Qué razones pueden expresarse a favor de los "fósiles" que necesitan más de los cuatro años reglamentarios para terminar el bachillerato? Si las universidades privadas, donde el semestre cuesta 35,000 pesos, no permiten, ni por aumentar el negocio, la permanencia indefinida de alumnos incapaces de concluir una carrera, ¿qué argumentos pueden darse, en público o en privado, para que quienes pagamos impuestos sostengamos en las aulas diez años a un o una inútil? Una universidad pública debe ser todavía más exigente con sus estudiantes que una privada porque le cuestan al tan mentado pueblo.

No hay razones. Pero sí hay muchas sinrazones no expresables. La principal es el temor al futuro. El estudiante quiere asegurarse, por todos los medios, el título universitario: no exámenes, no cuotas, no límites de tiempo, no a cualquier dificultad. Con eso lo único que han conseguido, y lo han conseguido ya, es que los títulos así obtenidos no valgan nada y tengan el papel con el águila y el zopilote enmarcado, pero no el empleo: ya nadie quiere un economista ni un psicólogo de la UNAM si puede obtener algo mejor. Barnés podría ganarles en radicalidad a los huelguistas y proponer que al nacer todo mexicano lleve el título de licenciado. Así despoblaría la UNAM y se quedaría con los interesados en el conocimiento.

Medicina para los médicos

Para cerrar la UNAM bastan dos personas decididas y enfermas. No es ésta una exageración de articulista enojado, sino un hecho realmente ocurrido en la que fuera la universidad más importante del país y cuando todavía lo era. Un gordo babeante al hablar y un paranoide con ojos desorbitados, Miguel Castro Bustos y Mario Falcón, le tomaron la rectoría a Pablo González Casanova por ocurrencias ya olvidadas. En pocos días, el temor a equivocarse combatiendo a dos futuros nombres de calles, más el oportunismo del sindicato corrupto, la necedad de la ultra estudiantil, el coqueteo de los mismos intelectuales-brújula de siempre, el pasmo de la masa estudiantil, y, más que nada, repito y repito, el temor a equivocarse, a resultar señalado en los años venideros como el traidor que vendió a dos proceres de la república, produjeron una agria ensalada de la que cada quien se sirvió, mientras el par de hampones salía a cenar al Vips de enfrente sin riesgo alguno de ser detenidos. Tan evidente era su alianza con algún oscuro sótano del poder.

En el conflicto actual, el rector ha descubierto que "ningún reglamento es definitivo…". Semejante obviedad perogrullesca no puede ser sino el anuncio de los siguientes retrocesos en cascada imparable.

De esta manera, la rectoría está enseñando, a los miles de estudiantes contrarios a la huelga, una asignatura cuyo nombre podría ser "Incivismo I", resumida en una máxima simplona: no eres menos tú que Falcón y Castro Bustos; si deseas que te eleven una calificación reprobatoria, cierra la UNAM ayudado por tus 68-eros y nostálgicos padres. En pocos días obtendrás lacrimosas defensas por lo escaso de tu desayuno (si eres pobre) o por la escasa presencia de tu madre, más dada a salones de belleza y cocteles de caridad (si eres rico). Como todo se puede explicar, todo se puede perdonar y el culpable de la calificación reprobatoria no eres tú, sino, por angas o por mangas, el Sistema. Oh, sí. Lo dicen tus respetables defensores.

Así es como sucesivas autoridades universitarias han enseñado Huelga y han repartido doctorados, togas y birretes en Impunidad. Las autoridades han exhibido que, en el peor de los casos, la situación sigue como estaba antes de la huelga. Nadie está en la cárcel por microscopios perdidos, por actos vandálicos ni por delitos graves cometidos a la sombra de una huelga. Cualquiera lo sabe. Lo han confirmado en estos días los porros cuidados por la policía cardenista mientras destrozaban autobuses del servicio público y comercios, con la única y clara voz del ombudsman Luis de la Barreda, levantándose solitaria para denunciar, tanto los delitos cometidos, como la extraña complicidad de la policía capitalina.

Transición a la democracia estudiantil

Pero las autoridades de la UNAM y los partidos políticos podrían formar ciudadanos defensores de su universidad si enseñaran a los estudiantes de esa universidad a elegir representantes, a respetar votaciones mayoritarias en asambleas correctamente integradas, a realizar plebiscitos y acatar sus resultados. Para cualquiera que haya pasado por una universidad, resulta obvio que estos métodos democráticos nunca han estado al servicio de conseguir la representación estudiantil. En cambio, sería ridículo someter a votación aquello que la universidad enseña, los métodos de calificación o la conformación de los exámenes; pero sí, y con urgencia, una voz estudiantil autentificada por los métodos democráticos que todos los ciudadanos exigimos en sindicatos, partidos y agrupaciones. La voz de los estudiantes debe ser legitimada por medio de una transición a la democracia estudiantil, tal y como unas elecciones limpias legitiman un gobierno y le dan autoridad moral.

Julio: Tomar la medicina

En los tiempos en que el PRI era partido casi único, hubo representación estudiantil elegida en la UNAM; pero tuvo los mismos vicios de la vida política nacional: corrupción, fraude electoral, balaceras para resolver conflictos.

El país es otro, lo decimos todos los días; pero, paradójicamente, la democracia no ha llegado al ámbito estudiantil. Es tiempo de que acabemos con semejante aberración y quienes son siempre los primeros en exigir democracia a los demás se la receten a sí mismos: los estudiantes de las universidades públicas deben tener una representación democráticamente elegida y para ello aplicarse las mismas garantías de limpieza que como ciudadanos demandan. Por ahora, el único segmento de la sociedad al que no han penetrado las ideas que llevan a buscar el voto mayoritario,

a respetar las urnas y aceptar las derrotas es el que alguna vez se proclamó vanguardia de nada menos que de las libertades democráticas: los estudiantes.

Con una representación estudiantil legítima, toda decisión no tomada por las vías democráticas sería simple y llanamente delictiva. Para defender la Universidad de dos o de doscientos estaría la fuerza pública. O las leyes se detienen en los límites de la UNAM, como ha sido el caso hasta ahora. Uos huelguistas de la UNAM declaran que luchan por el pueblo cuando exigen que quienes pueden pagar una cuota de cinco pesos diarios no lo hagan. Pero observemos que si algún problema tiene esa monstruosa universidad es el de estacionamiento: no hay espacio suficiente para los autos de los estudiantes que gastan mucho más de cinco pesos en gasolina o en cigarrillos. Donde algunos vemos una defensa de los ricos que podrían pagar cuotas 20 veces más altas en una universidad privada, los encendidos discursos de los impostores ven una "defensa del pueblo". No requieren explicarla, no es necesario dar razones. Con el sólo nombre de "estudiantes" y el de "pueblo" se provoca una extraña parálisis de la razón en personas normalmente razonables.

Si el rector hubiera actuado con menos torpeza, se habría limitado a cobrar el estacionamiento… y sacaría mucho más para las becas de los estudiantes pobres. Para cuando este artículo aparezca, si acaso queda alguna piltrafa de aquella gran universidad, podría cobrar el estacionamiento. No hay manera de darle la vuelta y convertir la demanda de "estacionamiento gratuito" en una defensa del pueblo y todo ese bla bla hueco que ha caracterizado a esta huelga.

Agosto: El Presidente pide que le pidan

En la última semana de agosto, el presidente Ernesto Zedillo afirmó (resumo en mis palabras) que no reprimiría ni sería él quien termine un conflicto estudiantil a bazukazos. Nadie le está pidiendo semejante abuso de su autoridad. Pero nos podemos preguntar si quiso decir que cuando a él le tomen el Palacio Nacional algunos de los muchos inconformes, el presidente de la república se irá a despachar a donde pueda. Y cuando vayan y le apedreen las oficinas prestadas, saldrá corriendo y buscará otra oficina en renta. Todo, menos emplear la fuerza pública.

Creo que resulta alarmante, pero los ciudadanos debemos explicarle al Presidente que una cosa es una masacre con soldados disparando contra jóvenes, equivocados o no, pero desarmados; y otra cosa es el uso de la fuerza pública, sin armas de fuego, aunque con los medios necesarios, para sacar a quienes, cumplida su exigencia inicial, la de no pagar cuotas en la UNAM, siguen posesionados de las instalaciones. El robo, el vandalismo y el secuestro de un bien público, no son problemas internos de los universitarios: son problema de la autoridad en quien hemos depositado los ciudadanos el monopolio del uso legítimo de la fuerza. No emplearla en la flagrancia de un delito es también un delito de la autoridad.

El traje nuevo de los demócratas

Un grupo de renombrados intelectuales que no por ello saben escribir en buen castellano, publicaron un llamado lleno de remilgos (y de patadas a la sintaxis). No les ha quedado claro, por lo visto, que el motivo de la huelga, las cuotas, fue eliminado hace meses.

La huelga sigue, abajofirmantes, en primerísimo lugar porque las huelgas estudiantiles son muy divertidas, luego porque ya están jugando a enmascararse con paliacates y pasamontañas, y también porque la huelga está infiltrada por fósiles y porros. También porque hasta la vía propuesta por los profesores eméritos está llena de humillaciones a nombre de una supuesta democracia y no es sino un empalagoso coqueteo con el síndrome de Modigliani que padecen: nadie quiere ser, en el futuro, el malvado que no comprendió a un gran artista. La democracia no cabe donde la quieren meter los huelguistas y sus maestros eméritos: en clases no se puede comer, ni conversar, ni poner a votación la bibliografía o el temario o el examen. Pero no vaya a ser que la historia los condene y buscan palabras melifluas para defender lo indefendible. Condenará de todas formas a los eméritos por coquetos con la tontería rampante, cuando no la mala fe de un pliego petitorio impúdico que no puede tener más respuesta que un NO rotundo.

Nuestros intelectuales no distinguen un lenguaje hueco, lleno de fraseología de mitin, pero desnudo de todo contenido. ¿Cómo puede ser más popular una universidad en la que el dinero del pueblo sirva para mantener tirados entre hermosos jardines a quienes no puedan terminar una preparatoria de ínfimo nivel sino con un infame 6? ¿Tirar el dinero del pueblo en quien repruebe cada semestre indefinidamente? En Cuba, como en los ex países comunistas, la educación es gratuita, pero las exigencias son más altas que en muchas de nuestras universidades privadas.

Es grave que el Presidente no vea sino dos sopas: o masacrar o dejar que "ai" se arreglen. Hay delitos que se persiguen de oficio y la autoridad debe aprender a ejercer el poder que la sociedad le ha concedido sin excederse: detener al ladrón sin acribillarlo, recuperar una casa sin destruirla con bombas. Tanto peca la autoridad que mata al delincuente, como la que lo deja impune.

¿Por qué habría de llamarse "represión" a que. agotadas como están las razones, la policía, sin armas de fuego, acompañada por el presidente de los derechos humanos en el DF, por prensa y observadores, recupere la Ciudad Universitaria, como lo haría. de seguro, cuando un grupo cerrara Palacio Nacional? La ausencia de autoridad llama a hacerse justicia por propia mano, y así ocurrió Acteal; entre los estudiantes en conflicto puede ocurrir otro.

Septiembre: El informe de los molinos

En el V Informe Presidencial, el Presidente descabezó con sinigual valor a varios molinos de viento: "La arbitrariedad no puede suplir a la justicia"… bien dicho, claro que no; el gobierno atenderá los conflictos con "la legalidad, nunca el autoritarismo". Muy bien, bravo. Pero ¿alguien ha pedido arbitrariedad y autoritarismo? El Presidente emplea el método de algunos opinantes famosos que rompen lanzas contra frases de su propia cosecha atribuyéndolas a seres sin nombre ni lugar en el cosmos.

Lo que no puede esperar el Presidente de la República es que los ciudadanos lo mandatemos por plebiscito para aplicar la ley. El juró aplicarla.

Cuando Ernesto Zedillo era estudiante supo que el rector Barros Sierra citaba a los universitarios a defender su propia universidad la mañana misma en que un bazukazo del ejército había tirado la puerta de la Preparatoria 1. Hoy el bazukazo provino de una minoría con demandas aberrantes que ha hecho muchísimo más daño que tirar una puerta. Hace 31 años la UNAM tenía la completa animadversión de Díaz Ordaz. Tampoco en esta ocasión la Universidad contó con la defensa del Presidente de la República.

Luis González de Alba. Escritor y periodista. Su más reciente libro es Los derechos de los malos.

 

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