La corrupción necesaria

publicado el 02 de diciembre de 2013 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

La corrupción en México ha sido necesaria para el sistema político del PRI. Por setenta años, el corporativismo consistió en un toma-y-daca entre corporaciones que obtenían beneficios a cuenta de su apoyo al régimen.

Los grandes capos del sindicalismo, del sistema campesino y de las organizaciones populares son obra del régimen. Es imposible que la PGR no sepa que un líder vive como sultán de Borneo con su salario de trabajador comisionado a actividades sindicales. Las maestras Gordillo, los Napoleones, los Deschamps son las cabezas visibles de un mundo que no existiría si no hubiera reparto de sobornos, de pesos a millones.

El sistema político surgido de la Revolución, cuyo inicio celebramos el 20 de noviembre sin que en ese día haya ocurrido absolutamente nada, es obra de Plutarco Elías Calles, creador del partido único: solución al conflicto entre generales con iguales méritos para conducir gobiernos de la Revolución; pero no existiría sin el método para acceder a los puestos públicos (y a la consiguiente tajada del presupuesto), obra del presidente Lázaro Cárdenas.

Lo llamamos "corporativismo" porque es la intervención directa, aunque disimulada, del gobierno en las relaciones productivas para constituir corporaciones como parte del Estado. La única víctima fue la democracia, caída ante sucesivos "fraudes patrióticos" avant la lettre, pues el nombre lo acuñarían el neo-demócrata y neo-izquierdista Manuel Bartlett, secretario de Gobernación, y el presidente Miguel de la Madrid, para justificar, en 1986, el "necesario" rechazo al claro triunfo del PAN en Chihuahua.

Calles eliminó las tensiones entre facciones revolucionarias, Cárdenas encauzó las tensiones entre los factores de la producción e hizo de empresarios, obreros, campesinos, comerciantes, y aun estudiantes, sectores con reglas no siempre dichas ni escritas de acceso al poder político. Hubo legislación para defensa del trabajador… a cambio de su disciplina con el partido; la hubo también para proteger al empresario mexicano del competitivo mundo exterior dominado por potencias económicas emergidas con la Revolución Industrial del siglo XVIII en Inglaterra. El capitalismo produjo resultados no sólo económicos, también nos dio a Dickens y su descripción de la nueva Londres, poblada por campesinos harapientos que se hacinaron en un medio desconocido, la ciudad, en crecimiento explosivo, y su corte de mendigos, niños explotados hasta la muerte, como los muchos Oliver Twist y, en Francia, los Jean Valjean encarcelados por robar un pan.

Los ríos Támesis y Sena se convirtieron en inmensas cloacas, las similitudes produjeron Historia de dos ciudades y La comedia humana inacabable, Víctor Hugo y Balzac, además de Dickens. Y Marx, por supuesto.

Hubo solución, con ingeniería, al desastre ecológico, y con política al social y económico. Para evitar a Marx tuvimos a Cárdenas y a Perón, hoy llevados al extremo en Venezuela. Pero el profeta de todos, el visionario, fue Mussolini, en Italia, con sus camisas negras, sus escuadras de acción y sus masas en las calles. La Marcha sobre Roma, de 1922, fue de pueblo italiano mugroso. El triunfo en las elecciones alemanas de 1933 lo dio a Hitler el pueblo alemán empobrecido. "Tomorrow belongs to me", canta un jovencito, aún con espinillas, en una cervecería al aire libre durante el verano alemán en Cabaret, y la cámara se acerca al brazalete rojo con su cruz gamada negra, versión cinematográfica de Bob Fosse al Adiós a Berlín, de Christopher Isherwood.

Quizá ya es tiempo de que los mexicanos reconozcamos, a pesar de nuestro gusto por el drama, el triunfo de la democracia en México. Otro puntal del corporativismo cardenista caerá: en nota de MILENIO, Fernando Damián informa que el vicepresidente de la Cámara de Diputados, González Morfín, conduce reformas constitucionales en materia de transparencia que exigirán cuentas a sindicatos, organismos autónomos y a quienes reciban recursos públicos, entre ellos, los siempre oscuros partidos políticos.