Los privatizadores de la educación

publicado el 16 de abril de 2013 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

¿Qué exigen los normalistas? Plaza automática vitalicia y sin causales de despido al terminar la carrera. ¿Y los "maestros"? Venderlas como siempre han hecho. Pero suena mejor "defender hasta la muerte la educación pública gratuita".

El Artículo Tercero de la Constitución sigue diciendo: "Toda la educación que imparta el Estado será gratuita". La reforma educativa no modificó eso, sí añadió que los maestros deben someterse a evaluaciones periódicas, aunque no dice, como debería, que luego de un número de intentos reprobados, el maestro será despedido. Debería, pero no lo dice. Error. Y grave. No nos pondríamos en manos de un cirujano que ha reprobado tres veces sus exámenes, pero sí dejamos la educación de los niños en quienes comprueban su falta de capacidad para enseñar.

Lo que sí es verdad es que hay un proceso de privatización desde la educación primaria a la superior: el cierre continuo de escuelas públicas gratuitas, en los estados peor calificados, como Guerrero y Oaxaca, las huelgas de semanas o meses, llevan clientela a las escuelas privadas. Ni siquiera les pagan por acarrearla, lo hacen de gratis.

Cuando la UNAM estuvo cerrada por casi un año, aunque los "huelguistas" llegaron a ser menos de un centenar de los más de 250 mil alumnos, al cabo de un mes de cierre ya los que podían estaban en la Ibero, Anáhuac y otras universidades privadas.

Con la UNAM cerrada, las universidades privadas tuvieron el buen corazón de ofrecer becas. Claro, al fin neoliberales, a quien mostrara buen promedio y lo conservara.

Los únicos perjudicados fueron los hijos de familias pobres y con bajas calificaciones. El círculo de la pobreza es de hierro: el pobre no encuentra un medio familiar rico en estímulos intelectuales: ni libros, ni música, ni conversaciones. Pero entra a la Prepa y llega a una facultad por pase automático. Sus calificaciones son malas. Termina con extraordinarios sin límite. Por eso la UNAM ha perdido prestigio, sus títulos profesionales no favorecen al solicitar empleo. Y no hay, como en el mundo rosa que exigen los normalistas, plaza automática de médico.

Las plazas disponibles en el mundo real se pelean, nunca basta un título.

Así es como hemos ido llevando la educación superior a las clases superiores y dejando la mediocridad y el desempleo a los pobres. La culpa es de quienes les buscan constantes y muy cristianas excusas.

 

la talacha fue realizada por: eltemibledani
 

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