Ni auto ni bicicleta: buen transporte público

publicado el 12 de febrero de 2013 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Como peatón, le tengo más miedo a un ciclista de 17 años que a un microbusero de 45. La razón es sencilla: a los choferes del transporte público ya los tenemos abrumados de culpas: cafres, asesinos de usuarios, peligros de peatones y ciclistas y autos. Son como el PRI: no sienten lo duro sino lo tupido. El ciclista que zigzaguea por la acera, eludiendo peatones como si corriera a pie, ignora la fuerza que lleva y, peor aún, lo ciega la aureola de superioridad moral que lo hace culpar a quien se le interpone. Son como el PRD: la Historia los absuelve.

El ciclista se siente peatón y es vehículo. Como peatón, usa las banquetas, va por calles en cualquier sentido, da vuelta donde quiere. Como vehículo añade muchos kilos de momentum que son riesgo de lesiones graves o muerte para el atropellado por ciclista. Al cruzar una calle, vemos en el sentido del tránsito y damos el paso… para sentir el rozón sorpresivo del ciclista que no vimos porque viene en sentido contrario. Y no sigue normas porque cree que comienzan con la motocicleta, son para vehículos con motor, no para su bicicleta.

El problema en nuestras ciudades es que el transporte público ha sido visto como un negocio y no como un servicio. El transporte público no es un servicio para la población, lo es para industria, comercio, gobierno, toda actividad económica; escuelas, hospitales, turismo y servicios. En otros siglos no hubo transporte público. Surgió como una necesidad de la Revolución Industrial y su proliferación de fábricas urgidas de mano de obra puntual y disciplinada.

Las suspensiones de transporte público afectan a la producción y los servicios. Los trabajadores pueden tomárselas con calma: sin transporte tienen un inesperado día de asueto. Camilleros de hospital, telefonistas y electricistas, empleados del IMSS, obreros de una construcción, se toman el día. Y punto.

Los empleados hacen esfuerzos para comprarse un auto viejito porque no hay otra forma de llegar a sus trabajos nocturnos o de madrugada. Y contamina más, muchísimo más, que uno nuevo.

Como las carreteras para abastecer de materias primas y distribuir productos terminados, los ferrocarriles, los puertos aéreos y marítimos, el transporte es prioridad para el inversionista. Una ciudad donde el trabajador puede no llegar o llega ya cansado por dos horas de esperas y apretujones, no es la mejor opción a la hora de elegir ubicación para una fábrica de televisores.

 



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