Nuestro tatarabuelo es 36 millones de años más joven

publicado el 10 de febrero de 2013 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Una investigación de seis años llevada a cabo por un equipo multinacional, nos da el cuadro más completo de la evolución de los mamíferos placentarios, informan notas en el último número del semanario Science. El equipo, adscrito a una decena de instituciones, nos explica cómo estamos aquí los humanos, los perros y los ratones, entre 5 mil 100 especies ahora vivas de "la más grande rama en el árbol genealógico de los mamíferos, los placentarios".

La placenta, esa membrana resbalosa en la que estamos envueltos durante la gestación y que se rompe y desecha al momento del parto, hace las veces de la cáscara del huevo pero con enormes ventajas para la sobrevivencia. Por la placenta intercambian nutrición y oxígeno las sangres de la madre y su cría, sin mezclarse. A diferencia de las aves, las hembras placentarias no abandonan a ratos el huevo para alimentarse pues lo llevan dentro. Es también motivo de más estrechos lazos sociales.

Para que los mamíferos tuviéramos oportunidad sobre el planeta, debieron desaparecer nuestros competidores más peligrosos, los dinosaurios carnívoros. Y eso ocurrió, cada vez se confirma con mayor certeza, o por lo menos dio el remate, por la caída de un enorme asteroide en la actual costa de Yucatán. El cráter de impacto, de casi 200 kilómetros de diámetro, tapado con sedimentos, se encuentra la mitad en el mar y la otra en tierra. No es observable por estar cubierto de roca sedimentaria, la que se forma con los miles de años de tierras arrastradas por ríos y lluvias que luego se asientan en el fondo de lagos y cráteres hasta desaparecerlos, así que fueron estudios de ingenieros de Pemex, que buscaban yacimientos de petróleo, los que dieron una curiosa gráfica en la que una enorme cazuela de roca fundida por calor intenso estaba llena de sedimentos blandos. Es el ya muy famoso cráter por impacto de Chicxulub.

Tras el impacto, el polvo en pocos días cubrió la atmósfera de todo el planeta y produjo años de oscuridad, lo que acabó primero con la vegetación, luego con los dinosaurios vegetarianos y por último con los carnívoros que se alimentaban de éstos: una catástrofe ocurrida hace 65 millones de años. Para darnos una idea de nuestra breve existencia: los dinosaurios vivieron unos 200 millones de años con múltiples cambios, los humanos apenas llegamos a los 200 mil años, la quinta parte de un solo millón.

El equipo recibió fondos del Assembling the Tree of Life (ATOL), National Science Foundation, que acopla las partes del Árbol de la Vida. Por primera ocasión trabajaron juntos científicos que se especializan en análisis de ADN, el genotipo, o análisis de la morfología de especies vivas y extintas, o fenotipo, sostiene John Wible, co-autor del artículo en Science.

"El equipo molecular colectó secuencias de ADN de animales vivos y el equipo especializado en morfología examinó la anatomía de mamíferos vivos y extintos. El equipo molecular sólo muestreó mamíferos vivos porque no se puede extraer material genético de fósiles con más de 30 mil años. Por eso, para incluir fósiles, la información morfológica fue esencial". Así reconstruyeron, "hasta un nivel de detalle sin precedentes, el árbol familiar de los mamíferos placentarios".

Nuestro tatarabuelo, el de humanos, caballos, de los ya extinguidos mamuts, de mamíferos voladores como los murciélagos y nadadores como delfines y ballenas, era un animalito entre ardilla y ratón que comía insectos y vivió después del impacto de Chicxulub, cuando ya los continentes actuales, unidos en el supercontinente Gondwana, se habían separado: "unos 36 millones de años más tarde que el cálculo basado solo en datos genéticos", señala Marcelo Weksler, otro de los autores.

La similitud entre las costas atlánticas de Sudamérica y África: como las piezas de un papel roto, que asombró a los primeros navegantes portugueses y españoles, y costas a la inversa en Australia e India con respecto al África del este, o Norteamérica con Europa, se explica por la deriva continental o desplazamiento de los continentes, propuesta en 1912 por Alfred Wegener. A ese continente único lo llamó Pangea (Pan-gea: toda la tierra). Le faltaba un detalle esencial a su propuesta: el motor. ¿Qué fuerza enorme movía las grandes masas continentales? La respuesta actual es: la corteza flota en el manto terrestre: roca licuada por el calor, y las corrientes de convección, como las del agua que hierve, mueven y rompen las placas, producen los terremotos, y el manto surge a la superficie en los volcanes, lo llamamos lava.

El equipo determinó qué rasgos aparecieron primero en el ancestro común de los mamíferos placentarios y luego qué rasgos se fijaron sin cambio debido a su éxito para la sobrevivencia.

 

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