¿Criminales libres o inocentes presos?

publicado el 28 de enero de 2013 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Como ningún sistema de justicia es perfecto y siempre es posible liberar a un culpable o encarcelar a un inocente, la ley debe levantar contrapesos entre esos dos males extremos. La civilización ha ido avanzando en el primer sentido: liberar un culpable es mal menor que condenar un inocente. En México estamos ahora ante dos ejemplos casi inmejorables: Florence Cassez y el general Tomás Ángeles Dauahare y coacusados.

Toda garantía en el proceso de un acusado puede convertirse en una vía de escape de criminales. En el área de las matemáticas llamada teoría de juegos, el juego de suma cero es aquel en donde lo que un jugador gana necesariamente lo pierde otro. Es el caso de las leyes penales: al aumentar las garantías para el debido proceso del acusado X disminuyen las de la su posible víctima Y, y viceversa.

¿Qué error es preferible cometer en un sistema por siempre imperfecto? El error estadístico tipo I consiste en dar por cierta una falsedad: que el acusado es culpable cuando es inocente; el tipo II en dar por falsa una verdad: que el acusado es inocente cuando es culpable. Encarcelar a un inocente o soltar a un culpable. Ante un sistema que tiene en sus manos mi libertad, yo prefiero aumentar las garantías de que no me encarcelen, siendo inocente, aunque un buen abogado las pueda emplear para liberar culpables.

Si hay dos mexicanos que conmueven y despiertan enorme admiración son el señor Alejandro Martí y la señora Isabel Miranda, cuyos hijos fueron asesinados luego de haberlos secuestrado, así nuestra policía demostró su absoluta inutilidad. Advierte el primero que la defensa de quien está acusado, y confeso, del secuestro y asesinato de su hijo Fernando Martí, jovencito de 14 años, está empleando el método que obtuvo la liberación de Cassez, esto es, alega faltas en el debido proceso. Por lo mismo debería quedar libre Israel Vallarta, capo de Los Zodíaco y amante de Cassez, atrapado con ella y cuyo proceso tiene idénticos vicios que el de la francesa.

Pero tenemos el ejemplo opuesto: dos criminales bajo seudónimo acusan al general Tomás Ángeles Dauahare, ex subsecretario de Defensa, y a otros militares de alto rango, de dar protección al cártel de los Beltrán Leyva. Sin pruebas la PGR los detiene. ¿No deberían ser indicios tales denuncias hechas por criminales certificados? Indicios para líneas de investigación, no para encarcelar. El Ministerio Público, órgano de buena fe, debe partir de que criminales a quienes se ofrece un premio por sus declaraciones incriminatorias, no son de buena fe, aunque puedan ofrecer pistas que, sin falta, deben comprobarse. Hemos visto encarcelados militares sin tacha, como el general Dauahare, por lo que dicen los narcos Jennifer y Mateo: el extremo opuesto a lo ocurrido con Cassez.

La respuesta a las muy atendibles preocupaciones del señor Martí no puede ser disminuir los derechos de los acusados, sino entrenar a nuestros policías a cumplir rigurosamente con la ley al momento de la aprehensión y a nuestros agentes del MP a integrar un expediente con pruebas que hayan pasado los requisitos de las ciencias forenses.

La ministra Olga Sánchez Cordero lo dice de forma nítida: se liberó a Cassez porque no tuvo un debido proceso, la Suprema Corte no analizó si es culpable o inocente. Es verdad, pero los delitos de mademoiselle Cassez, fueron confirmados en cuatro instancias jurídicas que la encontraron culpable. David Orozco y otros cuatro miembros de la banda Los Zodiaco, señalan a Cassez como parte activa de la banda y partícipe en varios secuestros, así que esos delitos seguirán impunes porque nuestras autoridades ignoraron las formas que deben cumplirse en un proceso para garantía del inculpado.

Tampoco ven televisión: un asesinato horrendo, la víctima descuartizada, un sospechoso detenido en el lugar y hora del crimen, un cuchillo cebollero lleno de sangre y con las huellas dactilares del detenido claras y sin error posible. Única, pero aplastante prueba.

—¿Cómo fue obtenido el cuchillo?

—Estaba en la bolsa de basura, señor juez...

—¿Y la bolsa?

—En el jardín de la casa...

—¿Tenía usted orden para el cateo de la casa?

—No.

—Se desecha el cuchillo... ¿Tiene la parte acusadora otras pruebas?

—No... pero ésta no deja duda alguna... Las huellas...

—Silencio. El detenido queda libre ahora mismo... Y le rogamos que disculpe las molestias...

Sale riéndose.

Dura lex, sed lex.

 

la talacha fue realizada por: eltemibledani
 

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