La bondad humana nos surge de lo peor

publicado el 27 de enero de 2013 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

La bondad humana muy posiblemente se desarrolló a partir de nuestras más siniestras tendencias dirigidas a obtener provecho a costa de los demás, sostiene investigación de la Universidad de Arizona: las reglas sociales contra el egoísmo están enraizadas en la misma explotación que condenan.

"El reporte en el journal Evolution propone que el altruismo —protección social de los recursos y del bien común por medio de castigo a los tramposos— no se desarrolló como reacción contra la avaricia. Más bien, la desaprobación común se originó cuando individuos egoístas en competencia buscaron la forma de controlarse y cancelar uno al otro sus codicias. Con el tiempo, los esfuerzos directos de los gatos gordos dominantes por contener a unos pocos competidores evolucionaron en el deseo de toda la comunidad por cuidar su propio bienestar".

El equipo propone que un sistema por el que la codicia domina la codicia fue más sencillo de manejar para nuestros ancestros. "La publicación desafía las teorías dominantes para las que arreglo social altruista y egoísta se formaron de manera independiente". En vez de eso, los dos tipos de estructura social, egoísta o altruista, los plantean los investigadores como fases evolutivas de la interacción de grupo.

Los autores, Omar Eldakar y Adrew Gallup, probaron su hipótesis con un modelo tomado de la forma en que una comunidad soporta un sistema construido con castigo altruista o con castigo egoísta-egoísta. Encontraron que el altruismo exige mucho gasto social por parte del grupo, gasto en términos de tiempo de la comunidad, riesgo de revancha de los castigados, y también avanzados niveles de cooperación y de aspectos cognitivos.

En cambio, un modelo en el que unos pocos competidores libertinos tienen a raya a sus iguales involucra a unos pocos miembros de la comunidad, pero todos los demás pueden gozar pasivamente los beneficios de que sea poca la gente que obtiene más de lo que comparte: las bases de la aristocracia y del feudalismo. También las de la religión: mientras los sacerdotes logran lluvia enviada por los dioses, viven a cuerpo de rey o son reyes. Cuando, al menos entre los mayas, fracasan por años, los mataron.

"Los órdenes sociales sostenidos por quienes rompen las reglas dominan en la naturaleza y en la historia humana". Un ejemplo de los autores: las avispas de árbol que vigilan colmenas para asegurarse de que ningún miembro, excepto la reina, ponga huevos, con frecuencia ellas mismas pondrán huevos ilícitos. Las células cancerosas evitarán que otros tumores se formen. Los caballeros medievales saqueaban a los mismos civiles que acaban de defender contra invasores, y barrios gobernados por la Mafia italiana tenían los más bajos niveles de crimen".

Algo similar ocurría en México: ciudades dominadas por el crimen tenían menores índices delictivos… si todos pagaban sus cuotas y se callaban las bocas, que cuando el gobierno federal se negó a seguir compartiendo el Estado, y los impuestos, con las mafias.

En la época de las Cruzadas, era de suponerse que los reinos cristianos nada debían temer de los ejércitos europeos organizados para rescatar Tierra Santa de manos del islam. La gran capital cristiana era Constantinopla, capital de lo que había sido el Imperio Romano de Oriente y, a la caída de Roma en el 476 d. C., único refugio de la ley y el orden. Las fronteras de ese imperio, luego llamado Bizantino, delimitaban los restos de la cultura greco-latina. Con todo y eso, ni los moros ni los turcos saquearon Constantinopla como lo hicieron los europeos cristianos de la Cuarta Cruzada, que no respetaron iglesias ni conventos, ni monjas ni mujeres piadosas, ni la mismísima basílica de Santa Sofía, a la que arrancaron plata y oro y cuanto pudieron.

Lo que los investigadores concluyen es que el grupo social en algún momento toma a su cargo y refuerza un sentido de orden y de equidad, y da origen al altruismo.

Contra la opinión generalizada, según la cual los animales poseen una armonía innata con la naturaleza y los humanos somos depredadores, los hechos demuestran exactamente lo contrario: las hormigas arrasarían con todas las selvas del planeta si no hubiera aves, reptiles y mamíferos que se las comen y así controlan su explosión demográfica. Los lobos ante un hecho insólito como es un corral lleno de borregos matan y matan en frenesí imparable, para odio del granjero.

Los humanos tratamos de poner remedio o controlar nuestro daño al ambiente, los demás animales buscan el mayor beneficio. Al parecer, también nuestro altruismo es flor con raíces en el pantano:

"From dark hearts comes the kindness of mankind", Princeton Journal Watch.

 

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