Castigo divino

publicado el 30 de diciembre de 2012 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Esta navidad busqué en la tele algún concierto, una misa de Mozart, un oratorio de Bach. Me topé con La Misa del Papa. Fue todo un espectáculo. Siempre me ha gustado San Pedro y lo que más admiración me causa es el piso: marquetería de mármoles en todos los tonos de rojos, verdes, blancos, grises, azules, negros... recortados en complejas figuras para armar diseños asombrosos. Pero nunca había visto eso desde arriba.

La producción, el manejo de cámaras, el movimiento de una toma a otra eran de gran calidad: toma a ojo de pájaro del piso: uf, el diseño completo, zum hacia el baldaquino de Bernini con sus barrocas columnas "salomónicas" de bronce, ocurrencia del genio porque no quedan ni restos del templo de Salomón, ni siquiera el Muro de las Lamentaciones pertenece a ese primer templo y no tiene columna alguna. Toma al Papa, vestido de varios tonos de oro de pies a cabeza, leyendo su sermón en italiano fluido, pero con un muy marcado acento alemán, sobre todo en las letras T, D (más fuertes que en inglés) y le R gutural, más fuerte que la francesa. Lo que decía no importaba: lo de siempre: que rechazamos a Dios como el mesonero a María y José. Pues sí. En fin, obviedades facilonas.

En eso las cámaras subieron y dieron un giro en torno a la maravillosa cúpula... Y me ganó la risa: "Anden, ca..., Dios los castigó", dije en voz alta. La fastuosísima ceremonia se estaba celebrando bajo la cúpula diseñada, calculada en sus matemáticas ingenieriles y supervisada en cada momento de su construcción... por un homosexual público, abierto, que nunca intentó siquiera "tapar el ojo al macho" con un matrimonio de conveniencia (aunque a varios machos les tapó el ojo), un homosexual machín, mugroso, apestoso porque había aprendido de su padre que nada había más dañino para la salud que un baño: Miguel Ángel.

Para aligerar la cúpula, que es doble, una externa y otra interna, Miguel Ángel inventó también un sistema de albañilería, contrafuertes de ladrillo ligero entretejido de manera que los pesos se distribuyen hacia los puntos de mayor resistencia.

El mismo genio pintó los frescos de la Capilla Sixtina, donde los cardenales eligen Papa. Y me seguí: las habitaciones privadas del Papa tienen muros cubiertos de frescos pintados por Rafael, otro homosexual, pero de muy diverso tipo: si vemos los varios autorretratos que se hizo, Rafael Sanzio era jotito jotito. Y muy joven en el momento de su esplendor.

Y ya entrado en gastos: ¿No tienen todas las buenas familias católicas en su comedor una reproducción de La Última Cena? Otro fresco pintado por otro homosexual, Leonardo da Vinci, con el tipo opuesto a Miguel Ángel: elegantísimo en su ropa y de seguro bañado de vez en cuando y perfumado. "Surtido Rico".

Miguel Ángel dejó escritos sus amores: medio centenar de epitafios en plena desolación por la muerte de un jovencito, Francesco (Cecchino) Bracci. Y sobre todo los sonetos eróticos de su madurez. A los 57 años conoció a Tommaso de’ Cavalieri, quien lo acompañaría hasta su muerte, a los 89 años. Le dedicó el soneto 98 así: "Dedicado a M. Tommaso Cavalieri, joven romano nobilísimo, en quien conocí antes de ahora en Roma (además de la incomparable belleza del cuerpo) tanta elegancia de ropas..." Y dice:

¿Por qué debo aliviar deseo de verte,
con llanto o con palabras agitadas,
si un cielo que me cruza con espadas
no me despoja nunca de mi suerte?

¿Por qué el cansado corazón la muerte
busca, si igual las vidas son segadas?
Las horas de mi fin menos heladas
serán, pues nada hay peor que no tenerte.

Pero si el golpe que procuro al vuelo
no logro esquivar, ¿quién tu puesto amado
ocupará, entre el placer y el duelo?

Si vencido soy bienaventurado,
maravilla no es si inerme, al suelo,
quedo en prisión de un caballero* armado.

*Cavalieri.

Traducción LGdeA (dedicada en 1981 a Pepe Delgado).

Nos quieren dar clases de virilidad las señoras gordas del club cardenalicio vestido de sedas coloradas, encajes de Bruselas con medio metro de ancho y zapatillas de raso hechas a juego con la misma tela del vestido de cola, ah, porque los vestidos de los cardenales tiene largas colas.

El gusto de Miguel Ángel por los cuerpos masculinos alcanza su plenitud en una escultura no muy conocida: el Cristo Resucitado que se encuentra en la iglesia de Santa María Sopra Minerva: un Cristo maduro, de formas llenas, sostiene una ridícula crucecita para hacer pasar por Cristo al más buenón de los albañiles que trabajaron para el arquitecto, escultor, pintor, poeta: apenas le rebasa la cabeza y los brazos tienen el ancho de los hombros de Cristo. Sería necesario clavarlo por las axilas.

Estuvo por años en plena desnudez y buenos güevos. Ahora un cura pío le puso un trapito dorado. Hasta eso coquetón, pues como que se le medio cae y deja la cadera descubierta. Es que las beatas respiraban agitadas al rezarle.