El hombre que no estuvo en la Luna

publicado el 16 de septiembre de 2012 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Murió Neil Armstrong el pasado 25 de agosto, el primer hombre en pisar la Luna, aunque, en una curiosa correlación negativa, quienes creen que los marcianos llegaron ya y que hay una base submarina en el Atlántico de donde salen platillos voladores y que la NASA oculta pruebas de vida extraterrestre... aunque esas pruebas le conseguirían multiplicar por 100 su presupuesto, los que ven una rapaz conspiración de avariciosos laboratorios médicos capaces de inventar el sida, esos mismos fervorosos creyentes, no creen evidencias: dos hombres caminaron en la Luna. El mundo entero siguió la nave lanzada en la punta de un cohete Saturn V el 16 de julio de 1969 rumbo a la Luna.

Llevaba a Michael Collins, que permanecería en el Módulo de Comando, y dos hombres más en el Módulo Lunar que descendería al mando de Neil Armstrong, primero en pisar la Luna, Buzz Aldrin le seguiría. Bajaron la corta escalerilla el 20 de julio de 1969.

Y al decir “el mundo entero” significaba en 1969, en plena guerra fría, que los soviéticos, chinos de Mao con Libro Rojo en alto, y países de Europa del Este, apuntaron todos sus telescopios, radio-telescopios, binoculares y los lentes de la abuelita para ver que el Saturn V con la Apolo 11 estallara en el aire, para regocijo de ese medio mundo. Miles de millones de humanos siguieron el despegue repitiendo el mantra: Que-estalle, que-estalle, queestalleee... Y nada: el Saturn V subió como si viéramos ascender la Torre Latinoamericana, lento, lento, luego en curva... y cayeron los primeros motores al Golfo de México.

El mantra cambió: Que-se-pase, que-se-pase, quesepase... Que la velocidad estuviera mal calculada y la gravitación lunar no atrapara la nave y se perdiera en el espacio interplanetario... Tal accidente era posible y los astronautas podían acaban rápidamente con sus vidas sin esperar la muerte por agotamiento del oxígeno... Y nada: la Apolo 11 quedó en órbita lunar.

El mantra cambió para pedir que el módulo de descenso se estrellara contra el suelo de la Luna: Que-se-estrelle, que-se-estrelle... Miles de voluntades soviéticas, chinas, búlgaras, coreanas del norte, cubanas, se unieron en una “mentalización”, como dicen los gurús, que pudo haber producido un terremoto pero no hizo que el módulo se estrellara... Y las cámaras exteriores, previstas porque Televisa no iba a poder llegar antes y tomar a Armstrong bajando la escalerilla, ... funcionaron, y la imagen llegó.

Ah, pero todo ese engaño, filmado en el desierto de Arizona, dicen los sabios descubridores de la conspiración urdida entre la NASA y el mundo comunista, olvidó un detalle: en la Luna no hay viento ... y la bandera de EU plantada por Armstrong y Aldrin ¡ondeó! ¡Ahhh!, fue el clamor de los perspicaces: ¡Los atrapamos, malandrines! ¡La bandera no puede ondear porque en la Luna no hay viento!

Lo extraño era que quien hubiera planificado tan universal e inútil engaño, y conseguido la complicidad de la Unión Soviética y de la China de Libro Rojo, olvidara tan elemental detalle.

No hay viento, pero hay gravedad, habría dicho Galileo, a quien esta partida de burros no conoce ni de nombre, y la gravedad produce efecto de péndulo que, por falta de atmósfera, dura más tiempo: la bandera pendulea atraída por la Luna, se sigue más alto por inercia, regresa atraída por la Luna, se sigue por inercia, regresa... Abran Google y tecleen: péndulo.

Un muy querido amigo, profesor universitario, culto, refinado, de saco, polainas y corbata, me preguntó pocos años después, ya que en 69 yo estaba en Lecumberri, encerrado en una celda oscurecida para ver por TV la gran hazaña:

—Oye, Lábaro, dice Torcuatita Turrubiates que está científicamente comprobado que el hombre no ha podido hacer un cohete que logre vencer la gravitación terrestre y lo que vimos por tele fue un chusco timo de los gringos.

Era la primera vez que escuchaba ese desfiguro que luego los decenios repetirían. Abrí la boca, la cerré, la volví a abrir, enrojecí de cólera:

—¡¿Y dónde apareció esa prueba científica?! ¿En qué journal revisado por pares, por iguales, donde biólogos dictaminan si se publica un artículo de biología y físicos los de física! Y... y... y... —se me trabó la maquinaria— ¡Y los satélites retransmisores de TV! En plena guerra fría, ¿cómo lograron los gringos la complicidad de la Unión Soviética, de China en Revolución Cultural, de los astrónomos decentes que hay en los mismos Estados Unidos, Canadá, México, India, Australia, y no habrían aceptado callar, y se disciplinaron todos, todos, sin excepción de un solo honesto?

—Bueno, Lábaro, a ti no se te puede preguntar nada sin que te enojes...

—Sí, disculpa, pero hay preguntas que ofenden...

GUSTAVO RIVAS

¿Y cómo va la investigación sobre el asesinato de Gustavo Rivas, quemado vivo por los lindos normalistas de Ayotzinapa que intentaron incendiar la gasolinera donde él trabajaba?