Televisa produjo 20 millones de zombis

publicado el 30 de julio de 2012 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Gritar que en las recientes elecciones hubo imposición selectiva, sólo en la Presidencia, es ofensivo para los casi 20 millones que votaron por Peña Nieto. A muchos no nos alegra su triunfo, pero fue un alivio para quienes vimos competir dos versiones de PRI, la post-salinista, con Peña Nieto, o el PRI echeverrista de López: mismas tesis con las que su maestro logró hundir una economía que había sido llamada en el mundo "el milagro mexicano" durante los años 60.

El salto de fraude a imposición fue urgido ante la inviolabilidad de los candados antifraude en las casillas y porque AMLO se ahorcó solo al advertir que en esta elección no habría fraude porque él tenía ya un ejército de 5 millones de observadores y defensores del voto. "Se imprimieron 5 millones de boletas ilegales" fue el último pataleo del fraude. Quizá, pero falta saber cómo se metieron a las urnas bajo la mirada de 5 millones (les gusta el número) de combativos obradoristas. Que no veía cómo se pudiera hacer fraude dijo hasta Cuauhtémoc Cárdenas al salir de votar. Vino entonces el parche: pre-venta de conciencias abusando de la pobreza.

Esa compra de votos no ocurrió en el DF, afirmó Ebrard, donde el PRD arrasó. Cómo fue, no sabemos, pero al DF no llegó la compra de votos, ni a Tabasco ni a Morelos ni al Congreso.

El autodefinido Apóstol perdió, y no por décimas como hace seis años, sino por 3.3 millones de votos. Saltó de trapecio: los ciudadanos resultan ser zombis o corruptos (y masoquistas, dijo en Televisa). 1. Unos, con el cerebro podrido por Televisa, no distinguen propaganda (que otros nunca vimos) y se creen el monigote prefabricado. 2. Otros, por pobres, venden su voto y no se les ocurre seguir el sabio consejo del Apóstol: coger el regalo y votar por López. Tienen una disculpa: México es tan pobre, tan pobre, tan pobre, que 300 pesos en tarjetas de súper o de carga para celular compran presidencias. Y cómo carajos son tan pobres y tienen televisor para que Televisa les pudra el cerebro, y teléfono móvil para cargar los puntos regalados por Peña es una pregunta reaccionaria. Pero hay números: México tiene 112 millones de habitantes, y éstos poseen 90 millones de celulares, 90 millones.

Hay otro tipo de corruptos: los que votan PRI porque harán grandes negocios. Son los corruptos "de arriba", "la mafia del poder". Una fracción irrecuperable que defiende sus intereses de clase.

Así visto, no hay mejor precio para comprar voluntades que un buen gobierno: es una trampa con la pérfida intención de volver a ganar. ¿Pruebas? Ebrard en el DF.

A quien diga que México es de clases medias lo ciega la propaganda de Calderón, propaganda tan mala, tan mala, que no logró difundir un dato irrebatible: llevamos doce años de PAN y doce años de estabilidad económica, cambios del dólar en centavos arriba o abajo, subidas de la gasolina hacia el precio real de compra, una feroz guerra entre la delincuencia y contra la delincuencia, aunque ha tomado tintes aterradores. Eran ésos los temas de campaña para Josefina. Lo pensó demasiado tarde. Primero nos pidió que votáramos por Josefina diferente. ¿Diferente a qué? ¿A la estabilidad del peso, de los precios y de la absoluta libertad de expresión llevada hasta el insulto procaz al Presidente?

El desastre económico de Echeverría, desempolvado por AMLO, llevó a levantamientos de izquierda bien conocidos. Pero hubo también tentación de golpe en la derecha. Hice la prepa entre muchachos norteños: de Sinaloa, Sonora, y las dos Baja Californias. Uno de ellos me buscó en pleno echeverriato, cuando el trabajo y la inversión de capital habían dado tierras irrigadas de alta productividad en Sonora… hasta que el presidente Echeverría decidió que les iría mejor a los trabajadores del campo si en vez de empleados fueran propietarios. Hizo reparto de propiedad privada que había logrado cosechar en el desierto. Acabó la prosperidad por parejo. Surgió la tentación del golpe.

La visita sorpresiva de un ex condiscípulo pronto dejó ver su objetivo: ¿Aceptaría la izquierda legal un golpe de Estado? La pregunta fue discreta y la negativa, sin ir a preguntar, también. La guerrilla fue aplastada, el golpe nunca llegó. Pero el país quedó en ruinas. Y nos ofreció AMLO "volver al camino anterior a 1982", que es el ya someramente descrito. La respuesta de la población fue ahora un rotundo NO. Y su mega-ego no lo puede creer.

 

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