En país de tuertos, el ciego es rey (sic)

publicado el 14 de mayo de 2012 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

A Héctor Aguilar Camín

 

Lo que más me asombra de López Obrador es su descaro inigualable para mentir. Lo que más me asombra de sus opositores es su falta de reflejos. En el multicitado debate, Peña Nieto le echó en cara el asunto Bejarano: su secretario particular a quien todos vimos llenándose bolsillos y maletín con fajos de dólares extorsionados a un empresario, Carlos Ahumada. López subió la apuesta: "Le faltó a usted mencionar a Gustavo Ponce... Bien, lleva ocho años en la cárcel y Bejarano también cumplió su condena".

Qué falta de condición de Peña: quien fue secretario de Finanzas del DF con AMLO como jefe de Gobierno, está en la cárcel, cierto; pero no por los buenos oficios de López, sino porque fue localizado por la PGR en municipio perredista, Tepoztlán, y escondido en una casa de perredistas. Lo detuvo el gobierno federal. El gobierno de López, por boca del mismo, le dio el pitazo una vez destapado ese drenaje: la noche en que ya habíamos visto al Tesorero del DF jugando en Las Vegas y sabíamos que iba cada tres semanas y llegaba a trabajar en un auto Porsche de millón y medio de pesos (que estacionaba junto al famoso Datsuncito de López Obrador), éste aseguró a la prensa que a la mañana siguiente tendrían enfrente a Ponce dando explicación (como si pudiera haber alguna).

Así dio el pitazo a su camarada en aprietos. Y añado: nunca me he tragado que Ponce fuera a Las Vegas, cada tres semanas, a jugar y nada más que a jugar. Un patrón que ignora lo que hace quien maneja los dineros de la ciudad o es cómplice o es profundamente estúpido. López no tiene un pelo de estúpido, así que es cómplice. ¿Qué hacía Ponce? Nadie lo ha investigado, como nadie sabe a dónde fueron a dar los fajos de dólares de Bejarano; pero López Obrador lleva seis años en campaña, recorriendo el país, pagando transportes, equipos, papelería, comidas. Además de tenis Louis Vouiton de 14,000 pesos para uno de sus críos. El rastro del dinero es evidente. Siempre lo es.

López está en lo suyo. Me asombran los opositores. Promete bajarse a la mitad el salario y bajarlo a todos los altos niveles de su gobierno ahora que gane la Presidencia (risas grabadas). Pero no sería la primera vez que ocupara un cargo público: como jefe de Gobierno del DF no se rebajó el sueldo ni se lo rebajó a Bejarano, Padierna ni Gustavo Ponce. Su chofer, Nico, ganaba tres veces más que el presidente de Argentina.

El reinado de López fue la época de oro para taxistas piratas y vendedores ambulantes... que engordaban el cochinito; la de asaltos en taxis y secuestros en el DF. El narcomenudeo creció 760 por ciento, casi ocho veces más del que hubo con Rosario Robles y Cárdenas. Y las narcotienditas estaban tan perfectamente localizadas que la prensa publicaba los domicilios una y otra vez... Nada... No es difícil imaginar el motivo: llenaban el "cochinito" de la campaña presidencial de 2006, o, o... diga usted qué.

Una manifestación de centenares de miles le exigió a López actuar contra la abrumadora delincuencia y se burló de todos llamándolos "pirrurris". No vio la contradicción entre su tesis de la pobreza causada por el modelo impuesto desde que su admirado López Portillo dejó su tiradero en 1982, y que existan tantos pirrurris en el DF que puedan llenarle desde El Ángel hasta el Zócalo. El DF es una ciudad de pirrurris, de riquillos. ¿Cómo es eso? Secreto de López.

López Obrador se ha encontrado un yermo: no tiene oposición ni dentro del PRD ni fuera. A Marcelo Ebrard le impuso un acuerdo para elegir candidato y Ebrard lo respetó. López, dicho con todo respeto, no respeta nada: ningún acuerdo, ningún límite.

En el tedioso debate acusaba a "los de arriba" de mover los hilos del gobierno y de la oposición al Único Rayito de Esperanza. Permanecía unos segundos con sonrisa congelada y el dedito (los tiene chiquitos) apuntando hacia al techo: "De allá... de allá... de allá vienen las órdenes... de arriba". Ninguno de los tres simples que tenía a un lado fue capaz de pedirle nombres de ese grupo ni de señalarle el parecido de ese grupo secreto "allá arriba", que realmente gobierna México, con las tesis conspiracionistas de los neo-nazis que ven judíos manejando el mundo. Nadie tuvo un sarcasmo: "Ah, sí, el candidato del partido fundado-por-Salinas-de-Gortari, el señor López Obrador, del PT, se refiere a los ángeles o... ¿quiénes son los de arriba, señor?". Por eso sigue vivo: rey ciego en país de tuertos.

Memoriosos:

En 1968 Peña Nieto usaba pañales. AMLO se inscribía al PRI. Ya había ocurrido Tlatelolco.

 

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