No es cinismo, es burla

publicado el 22 de agosto de 2011 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Representantes del Servicio de Alguaciles (U.S. Marshals) de Estados Unidos impartieron un curso a 60 elementos de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) para mejorar el resguardo de testigos protegidos", destaca MILENIO este sábado. Notas similares han visto en esas colaboraciones un asalto a la soberanía.

Nuestros defensores de la patria hacen como si desconocieran lo obvio: no existe mayor pérdida de soberanía que la de no poder salir a la calle, como ocurre ya en Monterrey, y ciudades de Chihuahua y Tamaulipas, en Acapulco y Veracruz. No hay soberanía para quien no puede pasear al anochecer porque ya soltaron al león y las calles están ocupadas por un terror helado. No la hay para quien tiene el alma en un hilo mientras no vuelven los hijos de la fiesta, mientras no aparece la hermana que fue con su novio a un bar. Eso, no el entrenamiento, gratuito además, por policías que saben su oficio, atenta contra la soberanía.

Deberíamos exigir que fueran policías de Scotland Yard quienes nos cuidaran. Bienvenidos sean.

Se ríen de nosotros cuando se llenan la boca con la enorme palabra "soberanía" y se envuelven en la bandera los mismos que mandaron a entrenar mujeres policías a Israel, el malo del Medio Oriente para la izquierda: las gacelas de López Obrador, el mismo que trajo al derechista ex alcalde neoyorkino, Rudolph Giuliani para que nos dijera tres puerilidades cobradas en millones de dólares.

López Obrador pidió asesoría a Giuliani, de quien se dijo en La Jornada, La Voz del Peje: "Giuliani, abogado millonario, propietario de la compañía de seguridad Giuliani Partners LLC, la cual diseñó la nueva policía de la ocupación en Bagdad, da asesoría a gobiernos. Su combate a los pobres, homeless y pandillas de Nueva York le dio los méritos para convertirlo en precandidato republicano a la presidencia de Estados Unidos y hoy es el gran representante de las políticas más conservadoras contra la inmigración...", Marco Rascón, 30 de octubre de 2007.

Giuliani, republicano como los presidentes Reagan y Nixon, descubrió lo que millones de mexicanos sabemos y cobró 4.3 millones de dólares por recorrer el DF en camioneta blindada, más sus gastos, claro. Le dijo a AMLO que sus policías están muy mal... ¡Oh! La tolerancia cero, ideada por Giuliani para NY ya la aplicamos hace años: tenemos cárceles repletas de presos por un carrujo de mota que, en la cárcel, reciben entrenamiento, pagado por los contribuyentes, en delincuencia mayor. Tolerancia cero significa que si un joven roba un gansito en un Oxxo es futuro delincuente mayor, porque el homicida serial comienza por tirar un chicle en la calle: nos adelantamos a Giuliani y le aplicamos, ya, Sentencia previa.

No produjo Giuliani el lloriqueo que ahora oímos porque nuestras pésimas policías y mediocres investigadores recibirán entrenamiento a cargo de sus equivalentes que tienen a EU con un sistema de justicia sin nuestro 98 por ciento de impunidad. Ese trabajo, urgente para que una policía federal sustituya en sus labores al Ejército, no estuvo incluido en los casi 4 y medio millones que AMLO pagó a Giuliani.

¿Y las gacelas, cuyo entrenamiento en Israel nunca sabremos cuánto nos costó? Como las envió López, cuando volvieron las hizo parte de su equipo personal de seguridad en campaña, ya sin el cargo que la justifica.

Está de moda el lenguaje de sacristía y el radio a todas horas vomita: "Confieso que soy un hombre de fe, que nunca me ha interesado el dinero..." (y le creo: el poder, no el dinero, es su interés, pues dinero tiene para giras y oficinas y mítines: gasta millones inexplicables). Mientras tanto, el poeta sacristán que lanzó la jauría de perros contra las justas dudas del abad Schulenburg, exige diálogo con el Ejército y la Marina. En el mismo lenguaje de sotanas podemos llamar al par "sepulcros blanqueados".

Nuestros legisladores han ingeniado contra la delincuencia un laberinto burocrático donde un gobernador debe, primero, admitir que no pudo con el paquete, solicita Ejército a una Comisión, la Comisión estudia y, si lo cree necesario, pide al Presidente la orden. Una ocurrencia pergeñada por quienes no padecen inseguridad y urden en sus insomnios cómo meter zancadillas para que todo vaya peor. Llenen su insomnio con La ley y el orden: aprenderán a integrar un expediente sin errores que liberen al multiasesino.

De cómo una belleza translúcida hace todo por arruinar su vida y casi lo consigue: Olga (Planeta, 2010).