Podríamos estar dentro de un agujero negro

publicado el 03 de julio de 2011 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

En 1916, con la Primera Guerra Mundial incendiando Europa, Einstein publicó su teoría general de la relatividad: la gravitación no es una fuerza que atrae los cuerpos, es una curvatura del espacio. Es fácil imaginarlo en dos dimensiones: un cielo raso. Si ponemos un balón, la manta tensa se curva en torno; si soltamos una canica rodará hacia el balón, como si éste la atrajera. Si la soltamos en reposo, rodará contra el balón; pero si le damos un envión bien calculado, es posible que vaya hacia el balón, lo rodee y regrese: es lo que ocurre a planetas y cometas.

Si ponemos una pesada bola de boliche la manta se rompe: ésa es la imagen en dos dimensiones de un agujero negro. Los primeros cálculos los hizo un soldado alemán, Karl Schwarzschild (también los matemáticos van a la guerra si tienen edad). Se preguntó: ¿Qué ocurre si concentro masa en un espacio cada vez más pequeño? Alcanzo una curvatura del espacio-tiempo tan grande que la velocidad de escape, la necesaria para abandonar ese campo gravitatorio, debería ser superior a la de la luz. Y eso no existe, dice la relatividad de 1905.

Si lanzamos un objeto hacia arriba, caerá; con mayor velocidad, el planeta lo atrapará como satélite. Pero si queremos ir a la Luna debemos alcanzar, por lo menos, 11.17 Km. por segundo. Ni la luz tiene velocidad que permita salir de un agujero negro. De ahí su nombre.

Los agujeros negros tienen dos partes: el lugar donde la gravitación es tanta y tan concentrada que la curva provocada en el espacio-tiempo es infinita (en nuestro ejemplo de dos dimensiones, la bola de boliche rompe, agujera, el cielo raso), una singularidad, se dice; y un borde, llamado "horizonte de eventos", que es el límite externo del abismo: lo que llegue hasta allí, será atrapado por el agujero negro. Así es como aumentan su masa: devoran estrellas. En el centro de nuestra galaxia hay uno, y quizá toda galaxia lo tenga y todas estén cayendo y dando mayor fuerza gravitatoria al agujero negro.

Una solución abrumadora permite explicar el ajuste preciso de las leyes de la física que condujeron a la existencia de la materia y de la vida. Ya se ha tratado en este espacio: somos una casualidad ínfima, pero el número de universos donde no se dieron esas condiciones es de millones de millones de... El ejemplo sería una bañera llena de agua espumosa: burbujas que surgen, crecen, estallan: en unas la materia no se forma, en otras las constantes no permiten el surgimiento de vida. Pero, como hay suficientes millones de millones de "burbujas", en una, por azar, las constantes fueron las de nuestro universo con vida basada en el carbono.

Parecía no haber nada más aterrador. Lo hay. Uno de mis sobrinos, Luis Pedro, a cargo de varias cuentas de publicidad, es también un lector de estos temas, y localizó esta cosa horrible que ahora les cuento.

Un físico de la Universidad Brown, David Anthony Lowe, dice que todos esos universos, el también llamado multiverso, podría estar dentro de un agujero negro. Lowe trabaja con el principio holográfico: la idea de que toda la información del universo total, el multiverso, puede ser representada por matemáticas en un horizonte cósmico similar al horizonte de un agujero negro. Al igual que un holograma de dos dimensiones parece de tres, por ejemplo la paloma en algunas tarjetas de crédito, "el holograma cósmico codifica información para una dimensión más de las que tiene el holograma mismo".

Expone su idea con una metáfora: imagine una tienda departamental sin puertas ni ventanas ni aparadores. Nadie puede ver qué hay adentro. Pero en sus paredes está enlistado todo lo que contiene: cada vestido, bolso, zapato, con sus tallas, colores y materiales, está dibujado en el exterior: es el universo que vemos (y no se podría estar más cerca de Platón y su caverna). "Lowe aplica el principio holográfico a un cosmos finito, dentro de un agujero negro, que contiene múltiples ‘burbujas’, cada una con sus propias leyes y constantes físicas". Una de tantas burbujas es el universo que nos hizo posibles.

Para Lowe, el principio holográfico no es una herramienta matemática: "Significa que estamos dentro de un agujero negro. Es una realidad física", dice: un universo finito en espacio, "pero sin principio ni final del tiempo, de manera que el número total de universos-burbuja sería infinita. Nuestro big bang sería un proceso recurrente, que se repite sin fin".

La expansión de nuestro universo local, probada por Hubble en 1929, seguiría por siempre, y las partículas subatómicas que forman nuestros cuerpos dejarían de integrar átomos y se esparcirían por el universo. Y "cuando cada partícula quedara fatalmente aislada, encerrada en su propio universo privado, no ocurriría ningún evento externo que marcara el paso del tiempo. Esto marcaría el final del tiempo". Para nuestro universo.

Vean por qué es mejor tener alguna religión: nos libra de este horror. Aunque nos hunde en otros.

Maravillas y misterios de la física cuántica, Cal y Arena 2010.