No más prohibición

publicado el 06 de junio de 2011 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

El crimen, organizado o no, en grande o en pequeño, no va a desaparecer jamás porque nos acompaña desde antes de ser humanos: los australopitecos se mataban, como demuestran algunos indicios de golpes mortales en el cráneo o huesos rotos. Por eso la represión del crimen es una obligación permanente de un Estado, no una guerra especial. Y necesitamos al Estado para entregarle el uso legítimo de la fuerza y así armarlo para no salir armados nosotros a la calle.

Pero, a diferencia del homicidio, robo, secuestro, y todos los delitos de daños a terceros, el empleo de sustancias que llamamos drogas, no hace daño, cuando lo hace, sino al consumidor, ya sea de una copa de vino o una dosis de heroína. El daño mayor lo hace la criminalización de usos tan viejos como la humanidad: el peyote ceremonial de los huicholes, los hongos de Oaxaca, el hashish de Oriente Medio, la marihuana que hasta canción revolucionaria tiene (La cucaracha deberá incluirse entre los narcocorridos vetados).

No son los adictos, sino las bandas que distribuyen drogas bajo el actual régimen de prohibición quienes producen las balaceras por disputa de zonas, y se diversifican hacia el secuestro, venta de "protección" a comerciantes, exigencia de pago por derecho de paso, robo de autos en falsos retenes y toda la violencia que se extiende por el país. El crimen, sin control, crea territorios donde el Estado desaparece sustituido por el capo en turno. El grito que exige retirar al Ejército y a la Marina de la pelea contra los cárteles de la droga está pagado por éstos, lo hemos visto ya en Monterrey y en Saltillo.

La prohibición atenta contra el derecho de cualquier adulto a emplear algo que no perjudique a terceros. La única obligación del gobierno es exigir a los fabricantes una señal de peligro, si lo hubiera, como en tabaco, alcohol y venenos. Y punto final.

El Informe de la Global Commission on Drug Policy (traducido queda horrible), es un grito en el sentido correcto: la criminalización ha sido contraproducente. Fernando Henrique Cardoso, ex presidente de Brasil, la encabeza; los ex presidentes Zedillo, de México; César Gaviria, de Colombia; Paul Volcker de la Reserva Federal de EU, la Unión Europea, los escritores Fuentes y Vargas Llosa, Kofi Annan, ex secretario general de la ONU, una veintena de autoridades, expertos y Altos Comisionados hacen la denuncia más severa y documentada de la guerra antidrogas

Las consecuencias de la guerra contra las drogas han sido devastadoras "para individuos y sociedades alrededor del mundo. Cincuenta años después del inicio de la Convención Única de Estupefacientes, y cuarenta años después que el presidente Nixon lanzara la guerra a las drogas [...], se necesitan urgentes reformas en las políticas de control de drogas nacionales y mundiales".

Sus números son abrumadores: no se ha reducido el consumo de las sustancias prohibidas, por el contrario, se ha incrementado. Y la violencia ha hecho víctimas de las personas a quienes se pretendía salvar de la droga. Un muerto nunca fumará marihuana ni se meterá coca. De eso es de lo único que podemos estar seguros.

Con datos, hacen ver cómo los inmensos recursos destinados a medidas represivas contra productores, traficantes y consumidores de drogas ilegales, han fracasado en reducir la oferta o el consumo. "Las aparentes victorias en eliminar una fuente o una organización de tráfico son negadas casi instantáneamente por la emergencia de otras fuentes y traficantes".

Sus "principios y recomendaciones pueden resumirse como sigue:

Terminar con la criminalización, la marginalización y la estigmatización de las personas que usan drogas pero que no hacen ningún daño a otros. [...] Alentar a los gobiernos a que experimenten con modelos de regulación legal de las drogas a fin de socavar el poder del crimen organizado y para salvaguardar la salud y la seguridad de sus ciudadanos".

No tiene desperdicio. Véalo completo aquí.

Se pierden miles de millones de dólares en una tarea ineficaz y abusiva: el uso de drogas sigue aumentando y la prohibición atenta contra un derecho de toda persona adulta. Son millones que se desvían de la educación, de los apoyos al agricultor, de la construcción de infraestructura en vías férreas, puertos y carreteras.

La corrupción de quienes combaten las drogas ocurre, además, porque no hay un denunciante: "víctima" y victimario están de acuerdo.

De cómo los ricos lo vuelven a ser después de la Revolución, Olga (Planeta, 2010).