Narcocultura

publicado el 18 de abril de 2011 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

El periodista más conocido en México, Julio Scherer, sale a toda la portada de su revista, Proceso, abrazado del Mayo Zambada al que hace una “entrevista” al estilo de las que acostumbran solicitar los candidatos en campaña para saltarse la absurda prohibición de contratar publicidad. Si pagan el favor, y de a cómo, nadie lo sabe.

Un lujoso seminario en Tijuana construido por el futuro cardenal Posadas que sería asesinado en confusas circunstancias en Guadalajara; las limosnas de narcos locales y piadosos que colaboran con una pintadita a la iglesia, además de dirimir conflictos y ayudar a los pobres en su región; la capilla a Jesús Malverde, santo de los narcos en Sinaloa, la Santa Muerte cumpliendo plegarias de criminales: “¡Ayúdame a que no me atrape la PGR!”, y le ofrecen misas y rosarios; aquel curita Montaño huido en el enredo del asesinato del cardenal Posadas (y reaparecido sin problemas), las sinfonolas de las cantinas cantando las glorias de los narcos, las pick ups con narcocorridos a todo volumen.

No es verdad que, como decía la frase de López Portillo: “La corrupción somos todos”, pero sí muchos. Aún recuerdo, en mis días de estudiante en el DF, una señora que pedía a su yerno, motociclista de tránsito: “Oiga, A, tiene usted qué morder más, su hijo lo necesita...”. Y tan oronda.

MILENIO reporta el lunes 28 de febrero: La Procuraduría General de Justicia del Estado de México detuvo al ex alcalde de Tlalmanalco, Raúl Fernando Sánchez Reyes, del PRD, presuntamente involucrado con una banda de secuestradores.

En el sur, la población lanza fruta y lonches a los migrantes que viajan encima de los vagones del tren: una solidaridad conmovedora.

Pero en San Fernando, Tamaulipas, 145 cadáveres (hasta el viernes 15 y contando...) enterrados en fosas clandestinas. Muchos de ellos, migrantes asesinados por no pagar cuota de “protección”, un autobús completo de desaparecidos y la hipótesis más aterradora: ¿está infiltrado el crimen en un pueblo de 60 mil habitantes? No hay pueblos de malhechores, pero tampoco llegan éstos de Marte: mucha gente no denuncia por temor, otra porque disfruta los beneficios del hampa pues el tejido social está infiltrado con metástasis de ese cáncer. No todos matan, algunos le agarran la pata. Los criminales tienen tías, abuelas, hermanas, primas a las que, para empezar, excluyen del trabajo y no les dan su cuota de género, pero, ¿luego? Ya los autobuses se niegan a cruzar el pueblo. San Fernando, ¿es nuestra más abominable degradación como mexicanos? No lo quiero creer. Pero hay gente aterrorizada y otra que recibe los beneficios del terror provocado por sus hijos, hermanos y nietos.

Y salen manifestaciones a gritar contra “la guerra de Calderón”. Tan bien que estábamos. Muchos creíamos que la violencia venía del combate contra la ocupación de territorios por narcos y secuestradores. Pero, comenta un amigo a quien no he pedido autorización para dar su nombre: “Lo peor es que la mayor parte de estos creadores [y creadoras] recibe una beca mensual del gobierno al que llama genocida. Con una mano cobran y con la otra escriben la pancarta. ¿No sería más honesto renunciar a ese dinero manchado de sangre que proviene de ‘los verdaderos asesinos’”, que son, dicen, los que ocupan la Presidencia de la República?

Vemos a la inteligencia mexicana sumida en una crisis patológica de imbecilidad. Y todo avivado por el soplador de todos los fuegos, Manuel Andrés López Obrador. Una pregunta de absoluta mala fe: ¿De qué vive ese desempleado, cómo paga a su hijo tenis de 14 mil pesos y, lo principal: cómo a podido recorrer el país y tener, dice, 2 millones 200 mil representantes?

Si algo debemos reclamar a los gobiernos es que manifestantes, como los del SME, quemen autos, golpeen ciudadanos, revienten asambleas de trabajadores de la CFE, tengan más de mil actas levantadas por actos de sabotaje a instalaciones eléctricas, y nadie se atreva a tocarlos ni con el pétalo de unos toletazos, el aroma de gas lacrimógeno o unos chorros de agua a presión que los arrastren con la basura a las alcantarillas. Su hogar.

¡Ya basta! Sí, me sumo: ¡Ya basta de impunidad para la clientela electoral! ¡Ya basta de calcular, primero, si aplicar la ley quita más votos de los que consigue! Estamos dando la temperatura adecuada a la incubación del huevo de la serpiente.

Y Calderón irá a la beatificación del Juan Pablo II: se merece sus fracasos, los cultiva y riega.

Las mentiras de mis maestros, (Cal y Arena), 10ª edición.