Comisión de Obama reportó sobre A/H1N1

publicado el 20 de septiembre de 2009 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Anda en la internet una bien diseñada presentación argentina que ofrece una perspectiva con visos fidedignos de la epidemia mundial de influenza A-H1N1. Su conclusión es alarmante: el mucho ruido y los pocos muertos demuestran que se trata de un complot para enriquecer a Rumsfeld, accionista de la empresa fabricante del antiviral específico, y torre negra de Bush en la guerra de Irak.

Las teorías acerca de conspiraciones son difíciles de abatir porque aparecen coludidos gobiernos, científicos y publicaciones de trayectoria intachable. Pero uno de los escritores de planta en Science, Jon Cohen, publica datos recientes en el número del 11 de septiembre. Va un resumen.

La Casa Blanca puso en los medios un reporte realizado por un grupo de prominentes científicos comisionados por el presidente Barack Obama. Un reporte anterior, preparado por los asesores presidenciales en ciencia y tecnología (PCAST en inglés) causó alarma porque señaló que era posible que el nuevo virus infectara la mitad de la población de EU en seis meses y matara 90 mil personas, la mayor parte jóvenes. Otros expertos señalaron que el comité exageraba su panorama de Día del Juicio, pero señalaba un punto perdido entre la información escandalosa: para cuando la vacuna llegara podría ser muy tarde para detener la ola de infección.

El reporte, preparado por un equipo de élite que conjunta virólogos, epidemiólogos, productores de vacunas y especialistas en salud pública, ha realizado proyecciones según las cuales al reinicio del ciclo escolar en EU se podría acelerar la epidemia y alcanzar un pico hacia mediados del próximo octubre, cuando se espera contar con las primeras dotaciones de vacuna. También es posible, señala Harold Varmus, premio Nobel y codirector del equipo, que el pico ocurra en noviembre "y haya abundancia de vacuna disponible".

Howard Markel, historiador de la medicina, plantea desde la Universidad de Michigan en Ann Arbor: "Mi mayor preocupación es la carrera contra el tiempo". Markel y otros que han estudiado las pandemias de influenza pasadas, así como la nueva que ahora se extiende por el hemisferio sur, donde está terminando el invierno, hacen notar que las olas de influenza alcanzan su máximo en unas siete semanas, lo cual se ajusta a la predicción de mediados de octubre hecha por el PCAST.

El experto en bioterrorismo D. A. Henderson, de la Universidad de Pittsburgh, dice que los EU podrían ver repetirse el caso de la pandemia de 1957, cuando la vacuna fue poca y tardía. Un 25 por ciento de la población de EU enfermó y la mortalidad estimada estuvo entre 20 mil y 80 mil (los datos no son precisos porque se cruzan con la influenza común y otras enfermedades no siempre correctamente diagnosticadas). "Pero, me parece, francamente, que el virus ahora se está moviendo mucho más rápido de como lo hizo en 1957", previene.

Los National Institutes of Health (NIH) han realizado ya pruebas clínicas para determinar la mejor dosis de la nueva vacuna y su perfil de seguridad, mientras los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) están preparando personal para una campaña masiva de vacunación. El National Biodefense Science Board (NBSB) diseñó una estrategia por la que este 15 de septiembre tendría unos 60 millones de dosis. Falló: no tendrá nada antes del fin de septiembre y quizá 20 millones de dosis a partir del 15 de octubre.

Como el virus alcanza distintas comunidades en diversos tiempos, una vacuna disponible antes de fin de año protegerá a millones el próximo invierno. Pero surge otro problema: muchas personas desconfían intensamente de las vacunas. "De lo que estamos hablando es de la mayor vacunación masiva en el más breve período de tiempo lograda en la historia humana", dice Markel.

El doctor Samuel Ponce de León, uno de los epidemiólogos más comprometidos en la pasada epidemia de virus A-H1N1 en México, y con prestigio a prueba de complots opina: "El punto hoy no es, por fortuna, mortalidad, sino la demanda de servicios de salud que puede colapsar los sistemas. A pesar de la baja mortalidad, la transmisión crece muy rápido y habrá un elevado número de muertos, algunos jóvenes sin riesgo evidente, como ya ocurrió. Desde luego se justifican las medidas, las vacunas y los tratamientos, más allá de quién sea accionista de las compañías. Sabíamos que venía, así que invertir en antivirales fue natural. No creo en la conspiración. Pero tuvimos suerte y aún no llega la A-H5N1".

En ScienceExpress, Yang Yang y otros nueve autores adelantan un estudio sobre transmisibilidad y control de la influenza A-H1N1: si hay suficiente vacuna este otoño creen poder "mitigar una severa epidemia". Son ya demasiadas instituciones, investigadores y equipos para pensar que es un acuerdo mundial para enriquecer a Rumsfeld... y a su compadre Bush acopiando tamiflú.

Contacto: Ira Longini.

 

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