¿Elegimos diputados o constituyentes?

publicado el 31 de agosto de 2009 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Cada tres años elegimos diputados. En su gran mayoría no son retrasados mentales, pero sí limítrofes. ¿Les pondríamos en sus torpes, incultas, barbajanas y ladronas manos la redacción de una nueva Constitución? ¡Jamás! Para eso deberíamos citar a elecciones específicamente ordenadas con ese fin. Pero en la práctica ocurre que los diputados nos imponen las reformas constitucionales que se les viene en gana. El resultado son modificaciones tan aberrantes como las pergeñadas en 2007 por quienes al ignorar hasta la diferencia técnica, legal, entre "electo" y "elegido", introdujeron confusiones en el texto de la Constitución.

El procedimiento que siguieron fue tan atropellado, urgido por imponernos bozal, por acallar las voces que señalan el magno negocio en que se han convertido los partidos, la corrupción del Verde y el PRD, la insidia del PRI, la torpeza del PAN, que volvieron ilegal decir que la tajada de presupuesto que se sirven es insultante, ilegal señalar que una candidata tiene cinco actas de nacimiento, que un candidato fue acusado de malversación de fondos públicos en su último cargo, ilegal todo lo que no les guste. Los ciudadanos dejamos de tener derecho a estar informados acerca de la calaña de quienes nos quieren representar. Sólo podemos oír lisonjas. Y eso, así de aberrante, pasó a la Constitución.

Varios amparos se levantaron contra ese asalto en despoblado y todos fueron siendo desechados, uno a uno, porque los legisladores se habían blindado: al subir sus prohibiciones a la Constitución quedan a salvo de ser declaradas anticonstitucionales (palabra que la maestra Gordillo ha de contemplar con terror creciente y mortal pánico escénico: antituni... anitocio... antiticio... gulp). El lazo de lógica que nos tendieron parecía perfecto: la Constitución no puede ser anticonstitucional. ¡Ole!

Pero no vieron que en sus ansias por cancelar la libertad de información acerca de sus turbios pasados y pillerías presentes, la libertad de expresión y el derecho a votar y ser votado, habían dejado un tiradero en la cocina que delataba el asalto al refrigerador de donde se sirvieron a sus anchas. Un gran abogado, Fabián Aguinaco, señaló, no el atraco mismo, sino el incumplimiento de procedimientos para el atraco. Así elaboró un amparo que el Tribunal Colegiado correspondiente resolvió, por unanimidad, poner a disposición de la Suprema Corte para revisión del caso.

El promotor del amparo, Federico Reyes Heroles, considera que "se trata de una espléndida oportunidad para que la Suprema Corte de verdad se sitúe como una Corte Constitucional."

Como conclusión de este caso, la Corte debe plantear a los legisladores no el robo sino el tiradero. No los 3 mil 600 millones que se repartieron sin tener que pagar ya ni radio ni TV, no los millones que nos cuesta su seguro médico privado (ellos, defensores del IMSS), el cuidado de sus cabelleras, de sus uñas, y los boletos en primera clase para ir una vez por semana a sus hogares, las notas de consumo en El Cardenal, teléfonos celulares y secretarias. No ese atraco, sino el desaseo e incumplimiento del procedimiento para reformar la Constitución a su antojo y perpetrar el atraco.

La Constitución, han señalado grandes constitucionalistas (aguas, maestra...), tiene ordenamientos inatacables. Uno es la igualdad de todos los mexicanos, abolida por la prohibición a ser candidato sin partido; otro es la libertad de expresión y la de información, también bloqueadas por cacos que volvieron ilegal llamarlos cacos.

Es la oportunidad de la Corte.

Crisis, influenza, sequía... y Jackson

Por si algo le faltara al presidente Calderón que torea crisis económica mundial, agotamiento de yacimientos de petróleo y baja en los precios, agujero fiscal, oposición de mala fe, influenza de nueva cepa, la peor sequía en 60 años... luego de sus declaraciones sobre la juventud que sin dios pierde el rumbo y se mata con drogas, Michael Jackson resulta asesinado por su médico. Cuide bien el Estado Mayor que no se le acerque un perro...

El PAN posee una inmensa habilidad para meterse en honduras. Hasta el gran Carlos Castillo Peraza, que tantos admiramos y quisimos, metió su peor pata cuando publicó aquellas cuentas de los miles de kilómetros que cubrirían condones alineados y el consiguiente daño ecológico... e imagen por demás cachonda. Ya no digamos cuando sonrojó a púdicos reporteros con la palabrota "chingaderas".