Siberia 1908: fue un cometa

publicado el 23 de agosto de 2009 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Hace un siglo un extraño fenómeno arrasó más de 2 mil kilómetros cuadrados de bosque en Tunguska, Siberia. El 30 de junio a las 7:14 a.m. unos 80 millones de árboles cayeron orientados en la misma dirección, como fichas de dominó empujadas por una fuerza. Desde entonces, 1908, se ha especulado con todo tipo de supuestos e hipótesis. La razón buscó explicaciones en los fenómenos naturales conocidos: un meteorito fue el preferido. Pero la sinrazón ha encontrado signos de marcianos y una gigante nave madre fuera de control. Por supuesto, los gobiernos se apresuraron a esconder los restos, como hacen todos y en todo el mundo, por motivos que nadie, entre estos fantasiosos, logra explicar.

Una nueva investigación responde a la pregunta con un objeto aún mayor: un cometa, sostiene un equipo de la Universidad Cornell. Llega a esta conclusión apoyado en una fuente inesperada: el escape del shuttle Endeavour de la NASA, que ha producido, días después de lanzado, nubes noctilucentes (nubes brillantes de noche que se forman de partículas de hielo, sólo a gran altura y a temperaturas extremadamente frías). Un vuelo del shuttle inyecta 300 toneladas de vapor de agua en la atmósfera, que viajan hasta el Ártico y el Antártico.

"Es casi como resolver el misterio de un asesinato ocurrido hace 100 años", dice Michael Kelley, quien encabeza el equipo de Cornell. La investigación, publicada en el journal Geophysical Research Letters, encuentra fuerte evidencia de que la Tierra fue golpeada por un cometa en 1908. El daño fue limitado porque Siberia tiene escasa población, salvo, entonces, algunos reos políticos del zarismo y después del Gulag soviético que ha nadie le importaban. Si acaso, Dimitri Karamásov, ya anciano, pagando un parricidio no cometido pero intensamente deseado.

En fin, los testimonios fueron escasos y posteriores al, éste sí, "evento". Los investigadores sostienen que la gran cantidad de vapor de agua dispersado en la atmósfera por el núcleo de hielo del cometa fue atrapado en remolinos apiñados con tremenda energía por un proceso llamado "turbulencia dos-dimensional". Esto explica por qué al día siguiente del "evento de Tunguska" se formaron nubes noctilucentes a muchos miles de kilómetros de distancia por toda Europa, tan lejos como Inglaterra.

No hay modelo que prediga tanta velocidad con tan poca difusión del vapor, salvo los remolinos de gran energía observados en el escape del Endeavour. Tras analizar este fenómeno, Kelley plantea que ese brillo en los cielos nocturnos de Europa, propagado desde Siberia hasta el Atlántico en 1908, debió producirse por nubes noctilucentes. Para eso, el objeto debió estar formado principalmente de hielo y no de roca: un cometa.

Contacto: Blaine Friedlander, Cornell University.

Cómo desviar asteroides

Si un día cercano estuviéramos en el brete de salvar la Tierra de un cometa o asteroide, sería David French quien estaría a cargo de la tarea. Ingeniero aeroespacial por la State University de Carolina del Norte, French ha diseñado un método para desviar asteroides y otros objetos amenazantes. El principio es sencillo, la realización no tanto: la órbita de un cuerpo celeste, y todos están en alguna órbita, nada anda de aquí para allá, obedece a muchas variables, una es la inercia que ya posea, otra su masa y una tercera, e importante, son los campos gravitatorios por los que cruza. La primera y la última no las podemos cambiar, pero sí la masa o, dicho mejor aún, su centro de masa. El centro de masa de una piedra es el lugar, en su interior, en torno al cual es posible darle cualquier postura sin que se mueva. Más sencillo: el centro de masa de una esfera es el centro de la esfera.

La propuesta de French es que no necesitamos enviar bombas atómicas que destruyan el objeto amenazante, nos basta con enviarle lastre, balasto dicen los albañiles. Una esfera se queda inmóvil en cualquier posición en que la coloquemos (si la superficie es plana y horizontal). Pero si le pegamos una piedrita, ésta tenderá a su posición más baja haciendo girar la esfera: tiene un nuevo centro de masa o de gravedad. Pues eso mismo haría que la órbita de un cometa cambiara. Mejor solución que un impacto para desviar un asteroide es enviarle carga.

No es imaginación de desquehacerados y rateros diputados mexicanos: la NASA tiene en observación más de mil objetos en la cercanía de la órbita terrestre (Near Earth Objects) y por ende con algún riesgo para la Tierra, y todos los días encuentra un NEO más. Ninguno presenta riesgo inminente. Pero si lo hubiera, una carga de lastre cambiaría la órbita. El problema se resuelve con ecuaciones de Newton: cuánta carga y dónde.

Contacto: Matt Shipman, North Carolina State University, "How to deflect asteroids and save the Earth".

 

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