La llevé a la playa y se me constipó

publicado el 11 de mayo de 2009 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

En 2007, según el INEGI, ocurrieron 12,927 defunciones por influenza y neumonía en México. Se acumulan ambas porque la influenza, o gripa, debe complicarse para que ocurra un deceso. Pero 13 mil muertos son casi el triple que los muertos por sida: 5,099 ese año. Los cinco meses de la temporada de influenza produjeron en promedio 1,250 defunciones cada dos semanas... sin ser noticia ni alarmar a nadie. En dos semanas de influenza A H1N1 llevamos 48 defunciones...

Las 48 muertes son explicables: el secretario de Salud, José Ángel Córdova, expuso, en dos palabras, un capítulo de sociología: "Llegan tarde". Los mexicanos creemos ridículo ir al médico por una simple gripa. Y las farmacias nos venden lo que sea sin receta. "¿Me da ese antibiótico nuevo que trae una cajita azul con rojo?" Y nos lo dan. Por eso llegamos tarde al hospital.

Dos muertes en Hidalgo ocurrieron luego de que los pacientes llevaban 10 y 12 días en sus casas padeciendo complicaciones respiratorias y medicándose con ciencia amistosa: "Sóbele la panza con sebo, comadre".

Los casos confirmados de gripe A H1N1 en Estados Unidos sumaban 2,254 el sábado 9, según el sitio oficial www.cdc.gov. Contra 1,626 en México. Estados Unidos tiene así más casos confirmados que México. Pero, y es un gran pero, aunque se nos diga que criticamos a toro pasado, es imposible no observar el método de control empleado en Estados Unidos: los cierres se han dando en el lugar en que aparece un caso: que un niño enferma en una escuela: se cierra esa escuela, se desinfecta y se pone en observación al alumnado, pero no cierra el MIT ni el Caltech. Tampoco se han cerrado todos los restoranes, bares, cines y teatros de Nueva York, Los Ángeles y San Francisco. Canadá, con más de 250 casos, no hizo de Montreal una ciudad fantasma, sin dónde comer una hamburguesa.

¿Entonces? Entonces estamos ante "Promociones Ebrard". Ya aprendió que suelta un disparate, como el de poner a los burócratas del DF a estudiar náhuatl, y tiene varias semanas de prensa gratuita. Envejece la noticia y viene otra: habrá canales con góndolas en la Zona Rosa... También se agota y anuncia una réplica de Tenochtitlán en Xochimilco. Luego sale en tv haciendo galletas. Y tiene otro mes de prensa. El método lo aprendió de López y sus ocurrencias súbitas, que así se promocionó por encima del IFE porque, en estricto sentido, no era propaganda electoral. Y así lo sigue haciendo: "¡Qué influenza ni que ocho cuartos!", grita aunque un gobierno perredista haya sido el primero en tomar medidas sanitarias extremas.

Entre todos los partidos juegan con el prestigio del país, con más de cinco mil millones de dólares en turismo, miles de millones de pérdidas en comercio. ¿Y el PAN? El gobierno federal tuvo miedo de quedarse atrás... ¿Qué tal y de veras el GDF se lleva las palmas por su arrojo? Y fueron detrás, aunque, se debe reconocer, con menos alarmismo.

Ahora no sabemos qué fue peor, si la epidemia de gripa o la caída del turismo hasta 96 por ciento y el desempleo de millares. El golpe a la economía es de tal magnitud que aun no lo podemos calcular. Y eso ayuda al PRD con sus salvadores de la patria que se guían por el apotegma "Entre más peor más mejor".

Queda la impresión de que el problema se agravó a causa de las patadas entre los tres colores que gobiernan la zona metropolitana de la Ciudad de México: PRD, PAN y PRI. Ninguno quiso ser menos. La iniciativa de cerrar todo se dio primero en el DF; la duda sobre la paralización completa de todos los servicios, incluido el transporte público, la insinuó el GDF, así como el posible cierre de los restoranes de hoteles. La sola duda bastó para crear una atmósfera de fin del mundo y compras de pánico.

El PAN y el PRI no quisieron quedarse atrás. El presidente de la república dejó con la mano tendida a quienes lo saludaban. El PAN de Jalisco dispuso retenes de risa en los que se pregunta a quien entra al estado si trae fiebre alta o siente esto y lo otro: nadie, así ardiera en calentura, que deseara llegar a su destino, lo iba a admitir. Una medida tan necia como inútil, enfadosa y promotora de alarma.

En fin: 1,250 muertos en dos semanas de enero no son siquiera noticia, y 48 en estas dos semanas nos costaron el 96 por ciento del turismo. Bien pudimos ser más discretos a la hora de salvar al mundo, como hicimos según el presidente. Pero unos y otros se tropezaron por tener la vista puesta en el electorado.