La hora de dormir

publicado el 29 de enero de 2007 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

El primer afán de toda autoridad nueva no parece ser un transporte público mortífero, la falta de basureros, ni los obstáculos burocráticos a la inversión, sino la hora en que debemos ir a dormir "sus" ciudadanos. Que si a la 1 a.m., a las 2 o a las 4 y no más tarde. Como en el caso de la droga, es la prohibición lo que hace el negocio: a ningún municipio conviene dejar de meterse en asuntos tan privados como la hora de ir a la cama porque se le rebela toda la cadena de corrupción que comienza por el inspector de Reglamento y sigue hacia arriba por todos los mandos medios. Lo mismo ocurre en Guadalajara, el DF, Monterrey o cualquier otra ciudad.

La respuesta es idéntica: los clientes, sorprendidos por el cierre tempranero "para cumplir el Reglamento", gritan al ser echados a la calle que no volverán a votar por el PAN, el PRI o el PRD, quien haya ganado la elección municipal. "Es cosa de esperarse unas semanas, muchachos", recomiendan desde los dueños de antros hasta los del trapito rojo. Y así es, así ha sido siempre, así será: al alcalde, que pasaba a hacer revisiones personales, acaba por ganarle el sueño.

Si los municipios fijaran tarifas diferenciadas para los negocios, según la hora de cierre elegida (que podría ser nunca y abrir 24 horas), el río de billetes que se reparten los inspectores y sus jefes entraría a las arcas municipales. Por eso, como en el caso de la droga, no se liberan los horarios: porque en la prohibición está el negocio. Ningún narco pedirá jamás la despenalización de la droga porque el negocio se le hunde. Los precios altos dependen de la escasez y ésta de la prohibición. Si la "mota" se pudiera comprar en el estanquillo, empaquetada como unos Faros (¿aún existen?), el precio internacional se iría al suelo, no aumentaría el consumo, pero sí pagaría impuestos y pasaría revisiones de la Secretaría de Salud.

Por lo demás, al menos la marihuana, es menos dañina que el tabaco hasta donde la investigación médica conoce: no produce cáncer, en fricciones remedia las reumas, ingerida abre el apetito y disminuye las náuseas de pacientes en quimioterapia. Yo veo que los motos nomás se quedan lelos: "Peace and love, brother, peace and love...". En cambio a los borrachos les da por pelear, correr y estamparse contra el auto de una pobre madre con cinco hijos.

Pero las autoridades se arrogan el derecho a decidir qué nos podemos meter en el cuerpo y qué no, si con envoltura o sin envoltura, con quién nos podemos casar y con quién no y, el colmo, a qué hora debemos ir a dormir. ¿Es que no tienen qué hacer? Guadalajara lleva dos sexenios panistas con un remedo de Metro que no cubre ni el centro de la ciudad; los camiones matan a los usuarios porque se les premia por rebasar al competidor y ganarle la clientela. El chofer no puede perder tiempo en esperar a que la persona acabe de bajar, levanta pasaje a media cuadra, se para en carriles de enmedio porque un inoportuno le pide parada cuando va rebasando. Con eso gana más. ¿No lo saben las autoridades?

Los capitales que podrían ofrecer empleo se nos van, o no llegan, pero los alcaldes están preocupadísimos porque los bares cierren a la hora que fija el Reglamento. Y da lo mismo si son de uno o de otro partido. Pues modifiquen el Reglamento y reciban como impuestos legales lo que se va al pozo de la corrupción.

Adiós a La Crónica

Por diez años el diario La Crónica nos enseñó a tratar por igual a los partidos, dentro o fuera del poder. Al PRD sin complacencias. La salida de su director, Pablo Hiriart, por diferencias con el dueño en cuanto a la línea editorial, es una triste noticia para el periodismo.

Yo le guardo un especial agradecimiento porque, cuando fui echado de La Jornada, diario del que fui cofundador y copropietario, La Crónica me abrió sus puertas de inmediato. Pero también el PRD debería estarle agradecido. Creo que los gobiernos de Cuauhtémoc Cárdenas y Rosario Robles le deben más a los incisivos reportajes de La Crónica, que a las amodorrantes alabanzas de La Jornada. ¿Recuerda usted aquellos nombramientos de jefes policiacos recuperados del hampa? No dañaron a Cárdenas porque 1. La Crónica los detalló con nombres y cargos, 2. Cárdenas sabe reconsiderar porque es un hombre mortal, no la Boca del Pueblo. Y lo hizo. López Obrador, en cambio, no le debe nada. ¿Alguien puede imaginar a Mahoma reconociendo un error?