Hay una adicción a internet... y luz en reversa

publicado el 21 de mayo de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Nadie le ha puesto a la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado un golpe más demoledor que el PRD al devaluar hasta el ridículo el concepto de guerra sucia. Ni siquiera los sólidos argumentos jurídicos y los datos precisos publicados por Luis de la Barreda han afectado tanto la imagen del fiscal especial, como la trivialización del término. Esa fiscalía tenía por meta investigar los graves delitos cometidos por autoridades contra quienes, con métodos fuera de la ley, buscaron hace 30 años instaurar en México un régimen comunista. En combatirlos empleó el gobierno técnicas propias de la delincuencia. Por eso la llamamos guerra sucia.

Por guerra sucia entendíamos el secuestro, tortura, mutilaciones, ajusticiamientos extrajudiciales, desapariciones forzadas, entierro clandestino de cadáveres y otros delitos con los que las autoridades aplastaron los movimientos guerrilleros entre 1970 y 1980: los tiempos de los presidentes Echeverría y López Portillo que gobernaron México antes de que "perdiéramos el rumbo", según insiste en repetir el candidato del PRD.

Pero, nada: que ahora es "guerra sucia" hablar de la deuda del DF o mencionar que nadie puede saber cuánto costó ese elefante blanco que es el segundo piso del Periférico, más aún señalar que no es una obra para los pobres, sino para quienes tienen, al menos, un cochecito que logre subir.

Cuando Hank González y Octavio Sentíes, regentes del DF, realizaron los ejes viales y el Circuito Interior, en los partidos de izquierda señalábamos sin falta que eran obras para "su majestad el automóvil" y, peor aún, inducirían aún más su empleo, y la Ciudad de México estaba urgida de medidas que desalentaran, no que impulsaran, el uso del auto. Los ejes viales cruzan ahora toda la Ciudad de México y el Circuito Interior es eso: un circuito completo. Los segundos pisos, en cambio, cubren lo que dos estaciones de Metro, se realizaron sin estudios, como propaganda, y es secreto cuánto costaron.

Hank y Sentíes dieron solución al tránsito vehicular por años. Ahora sólo tenemos un arco triunfal, hermoso desde las tomas aéreas para publicidad, donde no se aprecia su breve salto hacia ningún lado o, mejor dicho, hacia un semáforo.

Pues bien, en señalamientos como este último se quiere ver ahora un ejemplo de "guerra sucia". Así es como se deteriora un concepto que sirvió para ilustrar una monstruosidad y ahora es morralla. Guerra sucia era el cadáver arrojado a un baldío, sin testículos y sin ojos. Ahora es decir que la deuda del DF pasó de 12 mil millones en que la dejó el PRI a los 43 mil en que la tienen los gobiernos del PRD. Los jóvenes pensarán que aquella guerra sucia contra la guerrilla consistía en insultos a guerrilleros atendidos por Derechos Humanos. La puntilla que le faltaba a la fiscalía especial.

Luego llamarán el "Holocausto de López Obrador" a su caída en encuestas. Así es como hacemos baratijas de palabras que alguna vez fueron mayores. Por obra y gracia del autor del "Himno al PRI", nada menos.

Fobaproa: rescate de ahorradores

El rescate bancario conocido como Fobabroa, ahora IPAB, salvó principalmente a los cuentahabientes: a usted, que tenía ocho mil pesos en su cuenta de ahorros o 100 mil, y no le dijeron los bancos "pues ha de disculpar, pero estamos en quiebra, su dinero lo perdimos". En cambio, los propietarios de los bancos sí perdieron sus capitales. Todo comenzó en 1982 con la estatización de la banca por el presidente López Portillo (el gobierno se apropió todos los bancos); siguió con la crisis de 1995, cuando las tasas de interés se elevaron hasta hacer impagables los créditos otorgados por los bancos. Como cualquier empresa a la que no le pagan, los bancos entraron en quiebra. La ley obliga, en esos casos, a proteger a los ahorradores, y así se hizo: usted no perdió su capital, los banqueros sí.

Pero algunos deudores de la banca podían pagar y no lo hicieron. Muchos de estos deudores, como El Barzón, del PRD, han cerrado calles e invadido la Cámara de Diputados exigiendo no pagar. ¿Quién paga entonces los créditos que recibieron de la banca? El gobierno, con el Fobaproa o IPAB, o sea nuestros impuestos.

El tema es perfecto para la demagogia: ¡salvaron a los banqueros! No, nos salvaron a usted y a mí, que no perdimos nuestros ahorros. Los abusos no han prescrito y quien deba pagar, que pague.

 

la talacha fue realizada por: eltemibledani
 

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