Un Espino en el camino

publicado el 27 de febrero de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

El mayor obstáculo en el camino a la Presidencia para el joven Felipe Calderón tiene nombre y apellido: Manuel Espino, presidente del PAN por obra de Marta Sahagún, señora cada día más similar a Yoko Ono y su destrucción de los Beatles: movimiento que hace la dama, movimiento que perjudica la Presidencia de su marido y al PAN.

Si Calderón se ha estancado luego de un magnífico arranque es porque Espino estorba alianzas e impone una campaña como él: gris. La peor sorpresa han sido los problemas de Calderón ante auditorios que todos dábamos por territorio panista, como los jóvenes estudiantes de universidades privadas. Que Calderón pase aprietos en el Tec de Monterrey sólo se explica por el atraso, la torpeza y el dogmatismo de Espino, y la poca habilidad de Calderón para hacer como el candidato perredista, el cual se liberó del ya casi inexistente PRD.

"Los nudos gordianos no se desatan, se cortan de un tajo", leí como certera advertencia de la trampa que tiene lastrado a Calderón. A los lectores con pase automático les explico el símil: el carro de guerra de Gordio, rey de Frigia, estaba atado de forma tan inextricable a su lanza (madero largo a donde se uncen los caballos) que se prometía ese reino a quien lo desatara. En su camino de conquista, Alejandro Magno fue enfrentado por los frigios con ese insoluble problemilla. Alejandro miró el nudo, sacó la espada y lo cortó de un tajo: plaf. Seguro dijo algo así como: ai ta su pinche nudo, sólo que en griego clásico. Y pasó de largo. Todos sabemos que llegó hasta la India.

Felipe está entretenidísimo buscándole la punta al nudo. "Las campañas de Felipe Calderón y de Roberto Madrazo (...) están construyendo la victoria de una campaña intelectual y moralmente ínfima de López Obrador...", dijo Juan Gabriel Valencia en MILENIO (18/2/06).

Manuel Espino es un hombre mediocre, un producto del dedazo, un pensador nulo, un estratega con la imaginación de un yunque. Nada explica su ascenso súbito, salvo el favor de quien manda en Los Pinos. ¿Y la rebeldía de Calderón ante Fox? Era parte de su atractivo para los jóvenes. Hoy lo vemos tambalearse ante una figura mucho menor.

En la campaña de Patricia Mercado están los temas que preocupan a los electores jóvenes, los que podrían darle el triunfo al único, de los tres candidatos punteros, que nunca ha sido alto dirigente priista. La voz de Calderón es la única, de éstos, que no hace propuestas ensayadas por Luis Echeverría y que en su momento sonaban muy bien. Los jóvenes de hoy no vivieron aquel ensayo que todavía estamos pagando, por eso caen. A Echeverría le debemos el frenazo económico del México que alguna vez la prensa internacional llamó "el milagro mexicano", como hoy hablamos del milagro chileno, el español, el coreano. ¿Qué nos pasó? Que en los sexenios de Echeverría y de López (Portillo), conocidos como "la docena trágica" (alusión a "la decena trágica", los diez días de combates en la Ciudadela durante la Revolución), se implantaron las mismas propuestas que hoy vende el PRD con éxito, éxito que depende de que suenan bien a quien no las vivió: gastar más en todo sin garantizar con qué pagar. Esos doce años dejaron al país en ruinas, al grado de que el peso se convirtió en milésimas al entrar el presidente Miguel de la Madrid. La inflación subía los precios cada semana: fue la herencia de viento que nos dejó el gasto muy superior a la recaudación, los megaproyectos que superaban la capacidad de pago del país y la negativa a admitir inversión privada en los monopolios del gobierno, para crear riqueza y empleos.

Los estudiantes de hoy nacieron hacia finales de ese gobierno, que recibió la inmensa deuda acumulada por doce años de proyectos sin respaldo en la producción. De ahí se deriva el tan mencionado Fobaproa, esa intervención del gobierno para salvar una banca que, antes de su nacionalización, y manejada por banqueros profesionales, nunca requirió de salvamento y era buen negocio, para sus accionistas y para el país.

Los jóvenes universitarios de hoy no vivieron el desastre que nos tiene prometido repetir el PRD. Y si Calderón no corta de un tajo el nudo espinoso, sentirán en carne propia lo que vivieron sus padres. Quedarán curados y escarmentados... hasta que, dentro de 30 años, sus nietos vuelvan a deslumbrarse con la misma retórica echeverrista. Y así por los siglos de los siglos. Amén.