El cerebro político no razona

publicado el 29 de enero de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

No, no es que los políticos no razonen, lo cual en ocasiones también es verdad, sino que las regiones cerebrales implicadas en la política no muestran la actividad que deberían. Cuando se trata de la formación de opiniones y de hacer juicios acerca de temas políticos candentes, los simpatizantes de cada partido político no permiten que los hechos determinen sus decisiones, según un nuevo estudio de la Universidad Emory. La investigación arroja luz acerca de por qué militantes de los partidos Demócrata y Republicano de Estados Unidos, pueden oír la misma información, pero llegar a conclusiones opuestas.

Los investigadores emplearon neuroimagen funcional (fMRI, que permite observar la actividad del cerebro) para estudiar, durante los tres meses previos a la elección presidencial de 2004, una muestra de republicanos y demócratas comprometidos en la vida de sus partidos. Se les dio una tarea de razonamiento en la cual debían evaluar información amenazante para su propio candidato. Durante esa tarea, los sujetos se sometieron a fMRI para observar qué partes de sus cerebros se activaban. Lo que encontraron los investigadores fue notable.

"No vimos ningún incremento en la actividad de las partes del cerebro normalmente involucradas en el razonamiento", dice Drew Westen, quien condujo el estudio. "En vez de eso, vimos encenderse una red de circuitos emocionales, incluyendo algunos que se suponen involucrados en regular la emoción, y circuitos de los que es sabido cómo se involucran en resolver conflictos". Westen y sus colegas debieron presentar sus hallazgos este 28 de enero a la Conferencia Anual de la Society for Personality and Social Psychology.

Una vez que los militantes de partidos habían llegado a conclusiones por completo sesgadas -esencialmente encontrando los medios para ignorar la información que no podía ser racionalmente desestimada- no sólo se apagaron los circuitos que median las emociones negativas, tales como tristeza y repugnancia, sino que, además, los sujetos tuvieron un estallido en los circuitos involucrados en las recompensas, de forma similar al que los adictos presentan cuando obtienen su dosis, explica Westen.

Ninguno de los circuitos involucrados en el razonamiento consciente estuvieron particularmente involucrados, continúa. "Esencialmente, parece como si los militantes giraran el calidoscopio cognitivo hasta lograr las conclusiones que desean, y entonces obtienen un reforzamiento masivo por ello, con la eliminación de los estados emocionales negativos y activación de los positivos".

A los militantes se les presentaron 18 conjuntos de estímulos, seis de los cuales se referían al presidente George Bush, a su opositor, el senador John Kerry, y a una figura políticamente neutral, como el actor Tom Hanks. Para cada conjunto, debían leer una frase de sus discursos seguida por otra en clara contradicción con la primera, lo cual implicaba alguna forma de deshonestidad del candidato.

Luego se pidió a los militantes que consideraran esa discrepancia y calificaran en que medida eran las palabras contradictorias con los hechos. Los militantes negaron contradicciones obvias para su propio candidato, pero no tuvieron ninguna dificultad en detectarlas en el candidato opositor. Más importante aún fue que republicanos y demócratas no se diferenciaron en la forma en que respondieron a las contradicciones del personaje control, como Hanks. Sólo cuando su candidato estaba en consideración mostraban sesgo, los republicanos por Bush, los demócratas por Kerry.

Mientras razonaban las notorias contradicciones de su propio candidato, los militantes mostraban activación de la corteza frontal orbital del cerebro, lo cual indica, señalan los neurocientíficos, procesamiento emocional y quizá estrategias de regulación emocional. También hubo activación en áreas del cerebro asociadas con emociones no placenteras, con procesamiento de la emoción y del conflicto, y con juicios de perdón y de responsabilidad moral.

Estuvieron notablemente ausentes, continúan, activaciones de la corteza dorsolateral prefrontal, la parte del cerebro más asociada con el razonamiento (tanto como con los esfuerzos conscientes por suprimir emoción). Esto sugiere que el sesgo del juicio ocurre fuera de la conciencia. Los militantes no saben que están distorsionando información. "El resultado es que las creencias de los partidarios están calcificadas y la persona puede aprender muy pocos datos nuevos", concluye Westen. Contacto: Beverly Cox Clark.