Liberen a Ahumada, ya

publicado el 08 de agosto de 2005 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Desde los tiempos del juez Ferrer McGregor al servicio del presidente Díaz Ordaz, no se había visto en México un caso más bochornoso, más indignante que el de la prisión y aislamiento de Carlos Ahumada. Comenzaron por exhibirlo en calzones, siguieron luego con la burla, en el diario de la "izquierda", acerca de si le quedaban grandes, y ahora han llevado el sadismo hasta niveles de odio nunca vistos.

Ocho amparos ha logrado Ahumada y sigue encarcelado, incomunicado, tratado como un animal porque hizo "el desorbitado intento" de mostrarnos a todos la corrupción del gobierno capitalino perredista. Y la vimos. Nos consta. El culpable, René Bejarano, el del maletín y los bolsillos llenos de dólares cuyo paradero todavía se desconoce, está libre y ya encabeza las hordas del candidato que nunca ha sido elegido candidato.

El actual jefe de Gobierno del DF, Alejandro Encinas, fue un joven que escapó a las redadas contra el Partido Comunista y que, con valentía, visitaba frecuentemente a sus camaradas en la cárcel de Lecumberri. Debe recordar las risas amargas por las acusaciones: Gerardo Unzueta, que cojea notoriamente, había corrido por la avenida Juárez luego de arrebatarle el bolso a una mujer; de la mujer no se sabía ni el nombre, los "testigos" decían lo que les exigieran. Las acusaciones parecían invenciones de un bromista.

Pero dije mal: sí habíamos visto algo tan bochornoso como aquellos juicios, y fue también durante un gobierno perredista: el caso de la joven edecán que, a la misma hora en que prestaba sus servicios en el Auditorio Nacional, un "testigo", pagado por la fiscalía, juraba haberla visto dirigiendo un compló para matar a un animador de TV. Tuvo la suerte aquella joven de contar con una Comisión de Derechos Humanos del DF, presidida por Luis de la Barreda, que no descansó hasta ponerla en libertad. Ahumada no tiene esa misma suerte: Luis ya no está. Y el actual ombudsman... no parece muy abatido por lo que ocurre en su territorio.

Al menos en recuerdo de aquella juventud, Alejandro Encinas está obligado a revisar el caso de Ahumada y a seguirle los procesos administrativos que se desprendan de la comparación entre los contratos y la obra entregada. Ni en Pablo Gómez, su amigo, ni en el Comité Central del Partido Comunista se ensañó la sevicia diazordacista como lo hace hoy el PRD con Ahumada. Teníamos visitas multitudinarias los domingos, tanto que terminábamos agotados y con deseos de que las visitas ya se fueran; días de juego, libertad para salir de la crujía a comprar un jugo o al súper de la cárcel. Nunca nos tuvieron con la luz encendida 24 horas (salvo en el Campo Militar, dos semanas); nunca nos negaron visita de abogados defensores; nunca nos prohibieron la entrada de libros, televisores, mesas, máquinas de escribir; en los juzgados podíamos hablar ante la prensa (si luego no publicaban nada, es otra historia).

"Osea" (como dice López), jamás nos hizo Díaz Ordaz lo que ahora el PRD le está haciendo a quien cometió el delito de llenarlo con millones de pesos para sus campañas... y luego quejarse de que no le cumplían los contratos acordados. No es de extrañar, porque ha sido el viejo PRI, incrustado en el PRD, quien ha llevado el caso. Ha sido ese PRI que añora los buenos tiempos de Echeverría y López Portillo el que, travestido, actúa a sus anchas porque ahora no tiene ni siquiera qué ocultar sus actos: la historia se los absuelve por anticipado.

Cuando militaban bajo el membrete del PRI, los hoy perredistas debían guardar ciertas formas. Ya santificados por el Jordán del PRD, que limpia todos los pecados, actúan como el PRI de los tiempos caciquiles: sin rendición alguna de cuentas.

Pero Alejandro Encinas viene del Partido Comunista, de la persecución y el idealismo, cuando creíamos que las cosas podían ser mucho mejores. Y no lo son. Ahumada está mucho, muchísimo peor, que los presos políticos de Díaz Ordaz a quienes Encinas visitaba. Alejandro Encinas podía entrar a ver a sus dirigentes presos, sacar papeles, documentos, artículos, denuncias. Y lo hizo. Nadie lo revisaba a la salida o con ponerse los papeles en la espalda era suficiente.

¿No puedes, Alejandro, permitir a Ahumada lo que Díaz Ordaz y Echeverría, los más malos de los malos, te permitieron a ti? Carajo: el mundo al revés. A diferencia de Ahumada, los dirigentes del Partido Comunista no estaban acusados de faltas administrativas, que no merecen cárcel, como lo está Ahumada: el gobierno tuvo la precaución de inventar los más graves delitos, desde homicidio hasta sedición. Y hubo hechos reales: muertos, heridos, robos, destrucción. Nadie lo ponía en duda. La defensa debía probar que no eran los dirigentes comunistas, ni los estudiantiles, los responsables. Pero la gravedad de los delitos, cometidos por quien fuera, es todavía indudable. A pesar de eso, no sufrimos jamás un hostigamiento similar al que se somete a Ahumada.

Ahumada es, cuando mucho, un empresario que estableció con el PRD un acuerdo de hampones: me das contratos y te regreso parte de la utilidad, sin declarar al IFE ni a nadie. Así ha hecho el PRI en toda su historia. Nadie encontró materia delictiva en la entrega de obra deficiente por parte de Ahumada... mientras no denunció el chantaje a que lo sometía el PRD, mientras no hizo públicos los videos de la corrupción perredista.

Alejandro Encinas ha dado muestras abundantes de gobernar como se espera de quien viene de la izquierda y no del PRI. Deberá recordar que fue el propio secretario de Gobernación, Luis Echeverría, quien nos ofreció un pacto para salir de la cárcel. Lo arruinamos porque lo hicimos público, pero ya presidente volvió a ofrecer la misma salida: no quería presos que, lo sabía íntimamente, cuando mucho habían cometido faltas contra reglamentos.

El muchacho que constató, por sí mismo, el muy distinto trato que tuvieron sus camaradas del PC comparados con la saña, la cólera, la rabia contra Ahumada, no puede, hoy que es autoridad, seguir con un preso cuyo mayor delito fue haber devuelto al PRD parte de las utilidades obtenidas gracias a la enorme corrupción... del PRD.