Los católicos podrán casarse

publicado el 24 de julio de 2005 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Me llega el siguiente texto con una propuesta que hace siglos habría sido inadmisible, pero hoy resulta digna de tomarse en cuenta con seriedad, y quizá hasta razonable. Dice así la audaz idea, surgida en la ahora civilizada España:

  • "Estoy completamente a favor de permitir el matrimonio entre católicos. Me parece una injusticia y un error tratar de impedírselo.

El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.

Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de carácter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza contra el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos o condones. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos. Peor aún cuando dicen que se comen el cuerpo y la sangre de un hombre. Pero éstos son asuntos que debería vigilar la ley, y no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.

Hay quienes podrían argumentar que, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la Iglesia católica, permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por el "qué dirán" o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en esos hogares no deseados y las familias desestructuradas. Pero recordemos que esto no ocurre sólo en las familias católicas.

Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma, no es más que una forma un tanto ruin de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia.

Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente del que espero que mi opinión no resulte demasiado radical: también estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos. Pues sí, eso.

Algunos se escandalizarán ante esta afirmación. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo de "¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!".

A ese tipo de críticas respondo: si bien es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor probabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.

Pese a las opiniones de algunos y a los muchos indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño, salvo en los terrores nocturnos que le quitarán el sueño a algunos, no a todos. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.

En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitírseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.

Exactamente igual que se permite a personas comunes, como los informáticos y a los homosexuales".

Robot autorreplicante

En los peores sueños de la ciencia ficción, los robots comienzan a reproducirse en ausencia de ayuda humana. Pero también es uno de los sueños de los constructores de robots. Ahora, investigadores de la Universidad Cornell, en Ithaca, Nueva York, anuncian que han creado una máquina que puede construir copias de sí misma.

Aunque por lo pronto la máquina no hace otra cosa sino fabricarse copias, los mismos principios podrían extenderse para crear robots que pudieran autorrepararse, como primer paso antes de autorreplicarse, según Hod Lipson, en cuyo laboratorio fueron construidos los prototipos. ¿Parece el principio de Terminator? ¿Con el héroe de la guerra contra las máquinas buscando a Lipson a través del tiempo para impedirle hacer esta primera maquinita que parece un dado? Por lo pronto, fue una breve nota en el número del 12 de mayo de Nature.

Los autorreplicantes están hechos de cubos modulares, llamados por su creador "molécubos". Tienen estos cubos electromagnetos en sus caras que les permiten selectivamente unirse y separarse uno de otro, así como un programa de computación con las indicaciones. Un robot formado por estos cubos puede construir otro idéntico a sí mismo, con el añadido de que, el robot en formación ayudará al "padre" durante su propia construcción.

En el proceso hay conceptos que aún se discuten, como el de "autorreplicación". Un ser humano se reproduce, pero no exactamente se autorreplica. "No es suficiente decir que se replican, ni siquiera que se replican bien, porque estos enunciados únicamente se sostienen en ciertos contextos", dicen los investigadores.