Y que se enojan los ladrones

publicado el 15 de marzo de 2004 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Lo dijo La Crónica: Los ladrones sorprendidos por una inesperada alarma en el auto claman al cielo contra quienes las colocan y marchan en manifestación al Zócalo. Lo dijeron senadores y dirigentes del PRD en Zona Abierta: ¿Quién, en posesión del balón y ante la portería sin defensa, no tira a gol? Se podría añadir: lo raro es que el portero alegue mala fe. La mala fe del adversario se da por descontada: ¿remember el toallagate? Un precio que resultó un simple error de internet causó alharaca en los Batres, Bejaranos y demás caterva. Estuvieron en lo suyo.

Vamos a explicarlo con manzanas porque López Obrador pretende hacerlo complicado, y también está en lo suyo. Usted recibe un video en el que aparece su cónyuge (esposo, esposa, amante) dando una fenomenal fornicada con alguien que no es usted. Además, la persona videograbada no niega el hecho ni sus gritos: ¡más!, ¡más!, ¡así!, ¡aargh!

¿Cómo responde usted? Si fuera una persona normal, tendría un acceso de ira contra el cónyuge en pleno jaleo. Pero si usted se inscribe en lo que podríamos llamar el "López Obrador style", proclama urbi et orbi que el video de marras es obra de algún enemigo que desea dañar su casto matrimonio, y suelta nombres con la guía de sus fobias. Así cae usted en lo obvio, lo trivial y lo sandio: nadie que no fuera un enemigo habría hecho la grabación y el envío. ¿Y? ¿Y qué si la hizo el mismo Satanás? López Obrador ha comenzado por Salinas y ya va con la agencia antidrogas de Estados Unidos, la famosa DEA, entre los culpables. ¿Le debe algo a la DEA? Es peor grabar el delito que cometerlo, grita allá y acullá.

Lo que bien se aprende, nunca se olvida. Y el pasado priista del jefe de Gobierno es notorio: no puede negar que su secretario de Finanzas sea la persona, puro en boca y pila de fichas enfrente, que se juega sumas inexplicables y deja propinas equivalentes a un mes de su salario, pero lo deja huir. René Bejarano, encargado de sacarle los trabajos sucios, sigue libre y el dinero desaparecido. Hace 20 años las noticias dan cuenta de quiénes son Bejarano y su mujer, Dolores Padierna: están demandados por decenas de familias que los acusan de fraude con vivienda popular y terrenos; vendieron a la gente más pobre, con Martí Batres, aquella leche Betty, famosa porque la Secretaría de Salud encontró que contenía excremento; vendieron desayunos escolares que recibían como parte de la tajada que el PRI repartía entre organizaciones populares con el fin de hacer clientela; manejan ambulantes en la más pura táctica clientelar y corporativa priista; el país entero, salvo el Pejesapo, sabe las fichas que son Bejarano ysu mujer Dolores Padierna. No a pesar, sino por eso era tan útil.

Ahora podemos entender el misterio con que se manejaron las obras notorias y grandotas que Andrés Manuel se mandó a hacer sin conocimiento siquiera de su propio secretario de Obras ni presupuesto asignado por la Asamblea Legislativa, ni estudios previos de ningún tipo: Bejarano conseguía fondos ilegales para El Peje.

Lo de menos es cómo llegaron esos videos a la TV. No cabe duda sobre su finalidad. Tampoco la hay sobre la pudrición grabada. Y con todo, hay niveles: el corrupto Niño Verde, con su lenguaje prostibulario, al menos se iba a embolsar (y no lo consiguió) una suma aportada por empresarios cansados de los mismos trámites urdidos por senadores y diputados como el Niño: primero levantan el obstáculo, luego cobran derecho de paso. Pero es capital privado.

El dinero jugado en Las Vegas era de los contribuyentes. Esa es la gran diferencia. La falta de transparencia implantada por López Obrador en sus gastos mayores, la falta de controles por parte de una Asamblea Legislativa manejada a la usanza del viejo PRI, la complicidad de los amigos, el dinero escondido para dirigirlo a las obras de lucimiento de López Obrador, la imposibilidad de reportar esa sumas sin descubrir todo el pastel, el misterio sobre las compras, los precios, las cantidades, los proveedores: eso llevó a Gustavo Ponce, secretario de Finanzas del Peje, a quitarle un poquitín a sumas que nadie podía verificar porque su existencia misma era ilegal. Mejor, imposible. O, como decían las abuelas: en el arca abierta, el justo peca. Y quien no es justo, con mayor razón.

La resistencia del Peje a reconocer el lodazal que él mismo produjo con sus afanes de obra notoria que le abriera el camino a la Presidencia, recuerda a otra figura enlodada una y otra vez, y resurgida siempre de su inmundicia: Antonio López de Santa Anna. Su tocayo López. Luego de perder Texas en 1836 y de poner con ello las bases para la pérdida de los demás territorios en la guerra de 1847-48, luego de masacrar sin fines militares la resistencia texana en El Alamo, luego de hundir a la nación una y otra vez, se retiró finalmente a su hacienda veracruzana, llamada Manga de Clavo, para jugar a los gallos. ¿Pues no fueron por él, a rogarle que por favor volviera a tomar "las riendas de la nación" porque nadie sino "su Alteza Serenísima" podía con México? Y la capital recibió al tirano, demagogo, sanguinario, inútil, con arcos triunfales a lo largo de su paso.

Si después de estas olas de porquería originadas por la política priista de López Obrador al frente de la Ciudad de México, si luego de que sus principales amigos y colaboradores quedan evidenciados en plena fechoría, si él no tiene más respuesta que responsabilizar de lo que vimos a quien lo grabó, y escabulle el bulto respecto de los hechos mostrados: su secretario de Finanzas jugándose el dinero de los contribuyentes en 17 viajes a Las Vegas, las facturas del hotel de superlujo, que usted y yo le pagamos, como sea que se hayan obtenido; si para su autodesagravio acarrea burócratas y gritones pagados con bonos mensuales, si los secuaces caen y el autor intelectual para quien delinquían se sostiene, es que, como en el caso de López de Santa Anna y sus arcos triunfales, puede uno concluir que el pueblo mexicano se merece cuanto le ocurre porque es el creador de sus esperpentos, y si perdona la corrupción flagrante y documentada, si permite que le tapen el sol con un dedo, si cree posible que el colmilludo AMLO pueda ser "chamaqueado" (palabreja del Niño Verde implícita en la defensa del Peje), puede ir ese pueblo a meterse a su Peje por donde no le cabe. Lo hizo, lo crió, lo toleró y se lo merece.