¿De qué están hechas las cosas?

publicado el 28 de octubre de 2012 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

La tarea del divulgador de ciencia es hacer comprensibles para un público no especializado temas que, en ocasiones, parecen más extravagantes que las doctrinas esotéricas de moda. La diferencia es una, y enorme: allí están las ecuaciones, cualquiera con la misma formación puede revisarlas.

Veo tres pasos en la divulgación:

1. Encontrar temas que sean accesibles al divulgador, para poder explicarlos, y atractivos para los lectores. No sólo datos o curiosidades, sino algo con la sustancia del método seguido.

2. Como siempre está la nota en inglés (debe buscar en las publicaciones originales) traduce a un español más o menos claro, explica términos y da ejemplos que los científicos no necesitan, pero sí los lectores de un diario.

3. En mi caso, cuido de hacer accesible la publicación original, aunque requiera suscripción pagada, nombre de autor y correo-e para consultas directas.

Por eso me preocupa cuando buenos lectores se sienten abrumados por un tema. Que es difícil lo sé, pero es mi trabajo como divulgador allanar lo fascinante. El artículo de portada del Scientific American que hoy ya debe estar a la venta, "The inner life of quarks", cumple a mi juicio (por supuesto) con todas las condiciones mencionadas: se puede hacer accesible, tengo de memoria ejemplos para mejorar la comprensión y ofrece un mayor conocimiento de la naturaleza de las cosas: ¿De qué están hechas? Va ahora paso por paso:

1. En el siglo V a.C., Leucipo y Demócrito dieron la respuesta del materialismo perfecto: sólo hay átomos y vacío. El vacío se define por intuición; el átomo es la menor partícula posible de materia, a-tomo, in-dividuo. Sin división. Tomo-grafía: imagen en rebanadas.

2. Pasaron 2 mil 300 años y, al despuntar el siglo XIX el italiano Amedeo Avogadro propuso de nuevo cierta unidad indivisible de materia y la llamó molécula. Tuvo razón y no. Una molécula de agua sí se puede dividir, pero el resultado ya no es agua. Esto es, la molécula es el límite irreductible. Si la parto tengo dos gases: hidrógeno y oxígeno, que en nada se parecen al agua.

Esto no lo supo Samuel Hahnemann, creador de la homeopatía, quien años antes había propuesto sus diluciones curativas considerando que una gota de café era divisible hasta el infinito.

En 1808, el inglés John Dalton (ciego a los colores, de ahí el epónimo daltonismo) retomó el nombre átomo para explicar los elementos. En 1869, el ruso Dimitri Mendeleiev ordenó los elementos conocidos de más ligero a más pesado: la tabla periódica que, en sus huecos, predijo los faltantes con todo y sus características. Toda la variedad de materias del universo se redujo a poco más de un centenar de elementos que forman compuestos que forman todo.

3. Al término de ese siglo, en 1897, el inglés Joseph John Thomson descubrió que el átomo tenía una carga eléctrica positiva y pequeñas cargas negativas. Era como "una compota con pasas". Había descubierto el electrón y que el átomo es por tanto divisible. En 1917, Ernest Rutherford nos dio la imagen más conocida: un pequeño sistema solar con un centro de carga positiva y a su alrededor las cargas negativas necesarias. Las partículas positivas se llamaron protones (de protos= primero) y las negativas electrones porque formaban la corriente eléctrica. En 1932 se encontró una nueva partícula, sin carga, y se llamó por eso neutrón.

4. No estaba nada mal: un elegante modelo que explicaba la materia con tres partículas. No fue así: en 1964, Murray Gell-Mann y Yuval Ne’man, de una parte, y por otra George Zweig, de forma independiente propusieron que protones y neutrones estaban formados por tres partículas, ésas sí elementales e indivisibles: las llamaron quarks, palabra inventada por James Joyce en su intraducible (dicen) Finnegans Wake. Otras partículas, estaban formadas por dos quarks. Un elegante modelo explicativo: el Modelo Estándar de la física.

Pero algo no iba bien: toda la materia se puede formar con la combinación de tres diversos quarks. Pero hay seis… ¿Cómo una partícula absolutamente elemental y sin estructura viene en seis presentaciones? Para que las ecuaciones de la física cuántica alcancen su asombroso nivel de exactitud se debe considerar que electrón y quark son puntuales, tienen radio cero (¡!) y ninguna estructura interna. ¿De dónde obtienen sus seis "sabores" (así les dicen los físicos).

5. En 1981, Haím Harari, Michael Shupe y el estudiante Nathan Seiberg, del Instituto Weissmann, en Israel, propusieron el preón, que, por venir en dos tipos, vuelve a exigir estructura interna: pre-preones o pre-pre-preones. Como las matriushkas rusas una dentro de otra. ¿Hasta dónde? Hasta el Uno, diría Parménides.

Gonzalo Rivas

Video del incendio de la gasolinera por los normalistas de Ayotzinapa, donde fue quemado vivo.