El fascismo es clasemediero

publicado el 21 de mayo de 2012 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

En los últimos 40 años hemos empleado tan gratuitamente palabras de gran peso, que ya no significan nada: asesino, fascista, genocida... Y muchas más. Un policía que apalea a un manifestante no es un fascista, es un energúmeno con poder y sin entrenamiento en lo que puede hacer y lo que es delito, desde abuso de autoridad hasta lesiones y homicidio. Pero no es fascista porque le falta lo principal: clase, educación, nivel social. El fascismo es propio de clases medias.

La gran, enorme diferencia, entre ejercer libertad de expresión y resbalar a terreno autoritario al expresar oposición a un candidato, comienza cuando nos negamos a escucharlo siquiera. Luego se pasa a la agresión física: arrojar objetos para golpearlo, zarandearlo, gritarle insultos. No sólo ejercen su libertad de expresión, buscan, además, impedir que el otro ejerza la suya, así deban emplear violencia para callarlo.

Recordemos los inicios italianos del fascismo hacia 1920: un movimiento de clase media enardecida por los discursos patrioteros de Mussolini y su resurrección del Imperio Romano, un caudillo que da voz y unidad al proto-fascista, al fascista en ciernes, al que le faltaba que su Guía se hiciera con el poder. Hay una explicación simple, simplona, para la pérdida en calidad de vida. Y un grupo social culpable.

En el fascismo hay un empleo de las herramientas democráticas para acabar con la democracia: las elecciones de 1933 en Alemania, la Marcha sobre Roma que emplea el derecho democrático a la manifestación pública. La libertad de expresión es únicamente la mía: tú dices puras mentiras, así que debo tener libertad para gritarte mentiroso (sin señalar tus mentiras) asesino (sin definir a quién asesinaste) y hacerte callar porque no debe haber libertad para los enemigos del pueblo. Lo dicen de forma inmejorable famosas palabras de Fidel Castro: Con la Revolución, todo; contra la Revolución, nada... Y eso lo defino yo, el guía del pueblo.

El fascismo clásico fue una ola de clases medias desesperadas ante la caída de la economía familiar, la pérdida de calidad de vida y la búsqueda de culpables. Por eso el fascismo no arraigó entre proletarios, obreros. Tampoco hubo fascismo en el extremo opuesto: ni los muy ricos ni los nobles. Los culpables de los males que aquejan a las clases medias son los judíos y los comunistas. Comienza su cacería en bien del pueblo. Los nobles italianos y alemanes, al igual que los multimillonarios, veían a Mussolini y a Hitler como dos payasos que les hacían un favor al atacar comunistas y judíos (el comunismo era un producto del judaísmo internacional, así que era frecuente ser tanto de unos como de otros), y estaban infiltrados en todos los niveles sociales. Fue el gran error de los ricos. Y lo pagaron con la guerra, el desmoronamiento de sus imperios económicos y la muerte en no pocas ocasiones.

Pero las clases medias son remilgosas: no les gusta eso de golpear opositores, si acaso les lanzan algún objeto. Pero no le entran a la represión organizada. Emplean para eso a quienes pertenecen al llamado lumpenproletariat, los lumpen, en breve: vagos, vendedores ambulantes, desempleados eternos.

Debe haber clases medias entre furiosas y aterrorizadas por su caída económica...Y un grupo social, oculto y poderoso, responsable de todos esos males. Si para el fascismo italiano y alemán fueron los judíos, aquí en México ya tenemos esbozado un chivo explicatorio, que no expiatorio: "Los de arriba... esos que mueven a los gobernantes como sus títeres... esos pocos, poquísimos, ocultos, crípticos, sin nombre, sin compasión alguna, que son quienes en realidad gobiernan México. Y me crees o eres un asqueroso derechista...". El caldo de cultivo está sazonado.

Lo está en Grecia, donde Amanecer Dorado ya comenzó por exigir a los periodistas que se pusieran de pie como muestra de respeto al Líder, palabra que en alemán es Führer, que estaba entrando a la sala de prensa. Luego pasarán a revisar las notas que escriban, a rechazar las inapropiadas y, por último, a matar a los que no entiendan por las buenas.

En México se dan condiciones similares en las clases medias: calidad de vida en riesgo; un grupo responsable del desastre, grupo anónimo y sin rostro para que cada quien elija; una democracia joven y tambaleante, una población sin instrucción democrática, suspicaz...

Quadri

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