¿Nuevo oji en Grecia?

publicado el 07 de noviembre de 2011 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Grecia celebra cada 28 de octubre una fiesta nacional, segunda sólo a la independencia respecto de Turquía en 1821 (mismo año que México): la fiesta del oji (con j de ejido), fiesta del no. Cuando la Segunda Guerra Mundial se extendió por Europa, Mussolini propuso un trato a Grecia: unirse al Eje Berlín-Roma-Tokio, o prepararse para la invasión. El rey Jorge II y el ministro y dictador Metaxás respondieron que una decisión tan grave debía tomarla el pueblo griego. Un referéndum.

Es lo que intentó Yorgos Papandreu con respecto a aceptar un nuevo préstamo en miles de millones de euros a condición de reducir gasto público, congelar salarios y apretarse todos los cinturones.

En 1940 los griegos respondieron al referéndum con un rotundo NO y se prepararon para la guerra con Italia y Alemania. Un gran poema de Elytis, Canto heroico y fúnebre por el subteniente caído en Albania da cuenta de ese espíritu que detuvo el avance italiano. Para someter a Grecia debió intervenir Alemania. Al término de la guerra vino la guerra civil: la Unión Soviética impuso un comunismo artificial en todos los países donde pudo y entregó el poder a partidos tan ridículos como aquí lo fue el PC. En Grecia, los comunistas fueron vencidos.

Soy de los que creen que la globalización cumple un sueño de la izquierda: siempre vimos como utopía por alcanzar la desaparición de fronteras nacionales, de tambores, banderas e himnos bélicos con "Mexicanos al grito de: ¡guerra!". Pero estoy seguro, sin datos, de que el TLC entre México, Estados Unidos y Canadá no habría ganado si Salinas lo pone a referéndum: un error del pueblo, se puede afirmar ahora, con datos, pues nos dio por primera vez en 200 años una balanza comercial favorable, y muy favorable, en miles de millones de dólares a favor de México. No habríamos salido con pocos raspones de la crisis mundial del 2008 sin el TLC. Deberíamos ampliarlo para que, como la Unión Europea, eliminara fronteras a las personas.

El mundo pende de un hilo mirando a los griegos. Por parte de Alemania, Angela Merkel ya advirtió que un oji, no, tendría que acompañarse de abandonar la zona del euro... y, en consecuencia, la Unión Europea. Al parecer, no habrá referéndum.

Grecia se ve más próspera que nunca... pero es prosperidad cargada al euro. Sus ingresos principales provienen de su muy sólido turismo, con una infraestructura que reparte los ingresos no sólo en grandes cadenas hoteleras, como hace México, y hace mal, sino en familias que comienzan por rentar un cuarto de su propia casa a dos turistas, al año siguiente ya construyeron tres habitaciones y después tienen un pequeño y simpático hotel.

A diferencia de México, donde el invierno es crudo sólo en los estados del norte, de Mazatlán hacia el sur tenemos en las costas un clima maravilloso, mejor en invierno porque las noches refrescan. Hay turismo todo el año. En Grecia la temporada de gran turismo comienza en mayo y termina a finales de octubre. Y termina es termina: cierran hoteles de islas, cierran restoranes, cancelan rutas de barcos y vuelos. En Atenas, la actividad se recluye a interiores, sin las agradables terrazas bajo emparrados y racimos de uvas.

Pero Atenas se ve en tres días: uno para la Acrópolis y el Ágora, otro para el ágora romana y el Museo Nacional y otro para, para... bueno: pasear por sus calles si no está lloviznando ni soplan ventarrones que voltean al revés los paraguas. En las islas sólo quedan sus habitantes.

Así ocurre porque Grecia no tuvo Gótico, Renacimiento ni Barroco pues era parte, y pequeña, del enorme Imperio Otomano levantado por los turcos desde lo que hoy son Jordania, Israel, Palestina y Siria, hasta Bulgaria y buena parte de lo que fue Yugoslavia. Por mar su avance fue detenido en Lepanto, donde nuestro Cervantes perdió un brazo, y por tierra fueron detenidos a las puertas de Viena.

Esa fuente principal de ingresos ha resentido mucho los precios en euros, Grecia se volvió muy cara. Ya he relatado que aprendí una palabra de las que no enseñan en la escuela al subir a un taxi del Pireo y pedir que me llevara a un hotel en el centro de Atenas: ¿Cuánto? Ena jiliáriko, dijo: uno de a mil. Mil drajmas, que eran unos 5 dólares. Hoy costaría 10 veces más. Jilia es mil y los hispanohablantes deberíamos decir jilo y no kilo porque tenemos la letra para el sonido exacto.

Si hubiera referéndum y los griegos votaran, como hace 70 años, oji, no, esta vez sería un gran error.

El vino de los bravos (y unos tequilas), cuentos (Planeta, 2011).