Para tiempos de emergencia, leyes de emergencia

publicado el 18 de julio de 2011 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

¿No pueden entender algo tan sencillo nuestros "legisladores" que de todo hacen menos legislar? La aplicación de fuero civil a militares cuando los afectados son civiles exige una reglamentación paralela que el Congreso, tan dado a tratar frivolidades, no ha definido. En Monterrey, hace ver Carlos Marín el miércoles, una partida militar consiguió liberar a veinte secuestrados. No llevaban orden de cateo ni de aprehensión. Y tenían el pésimo antecedente del caso Hank junior, liberado porque no hubo sustento legal a las acusaciones.

Si con ese antecedente el Ejército hubiera ido a pedir orden de cateo a un juez y presentado, como indicio, una llamada anónima, el juez la habría negado. Y con razón. De esa forma, estaríamos viendo en Monterrey, en vez de veinte agradecidos que echan porras al Ejército, veinte cráneos aplastados: es el grado de monstruosidad a que han llegado los delincuentes al asesinar a sus víctimas: el 90 por ciento de los cuerpos localizados en fosas clandestinas de San Fernando, Tamaulipas, evidencian muerte por aplastamiento con marros… es más barato que las balas.

Estamos ante lo inaudito, lo impensable: MILENIO nos muestra en TV a dos soldados molidos a patadas y golpes de marro, y el grito espeluznante: "¡Sácale un ojo! ¡Sácale un ojo a éste que se siente muy…". Es decir, castigaban también la última mirada de desprecio y de valor. Mi primera reacción fue de rechazo: no pueden estar mostrándonos esto. Cuando terminó, analicé lo que me ocurría a mí, no sé a otros, no a los televidentes, no a los medios que pactaron no dar espacio al crimen: a mí. Y lo que tenía era una oleada de admiración por el Ejército y un odio profundo, sin matices, por quienes han tocado fondo y son capaces de moler a golpes, en vida, huesos, cráneos, músculos, vísceras…

En resumen: estuvo bien que viéramos la carnicería para recordarla siempre que una acción del Ejército contra estos monstruos desquiciados nos parezca excesiva.

Nadie ha pedido que los delitos cometidos por militares queden impunes, pero no ha definido el juguetón Congreso los límites acordes con esta situación especial, de emergencia. La acción del Ejército debe darse en un marco legal, que no se ve cercano; con eso atan de manos a las únicas fuerzas aún no infiltradas por el crimen, mientras a diario hay secuestros y asesinatos. La crueldad del crimen alcanza límites que no se pueden llamar bestiales porque ninguna bestia los comete, ni las hienas de tan mala fama. Y los legisladores se pican la cola, duermen y cultivan barrigas.

¿Ante quién puede el Ejecutivo quejarse por la complicidad de los legisladores con los criminales? Parece que se guían por la vieja consigna: mejor si todo va peor.

El Ejército debe responde, sin duda, ante errores que cobran vidas: ¿cómo ocurrió que un auto fuera ametrallado, no evadiendo un retén, sino rebasando un convoy militar? Si un estado de emergencia señala que no podemos rebasar, queda claro. Pero esa familia, cuyos niños murieron, no estaba infringiendo ningún mandato, ni especial ni común.

Es el momento, también, de poner en claro el fuero de los legisladores: debe aplicarse únicamente a que no podrán ser acusados por lo que digan en tribuna. Ningún otro fuero debe cubrirlos. Y ahora lo emplean para evadir desde reglamentos de tránsito hasta leyes penales. La autoridad, con fuero, rompe amparos en la cara de los ciudadanos. Como la consignación debe pasar por el desafuero, es allí donde sus compinches cubren, dan impunidad al secuaz. Revisemos, pues, todos los fueros, no sólo el militar.

¿Quién teme a Elba Esther Gordillo?

La maestra es analfabeta funcional, no consigue leer un texto sencillo, diez veces trata de pronunciar una palabra de tres sílabas; no logra sacar adelante ni las evaluaciones a profesores sin que éstos se le rebelen, así que revisemos su fuerza: un millón y pico de votos puede ofrecerlos, pero no asegurarlos porque el voto, finalmente, es secreto; añadamos el reciente episodio que exhibe su poca confiabilidad como aliada, y tendremos razones para que nadie se exponga a ser el próximo descobijado. Y aún falta considerar las palabras del Presidente: Hubo acuerdos con ella sobre educación, pero nunca "licencia para saquear al ISSSTE". Es una acusación grave, que a nadie sorprende, pero dicha por Calderón deberá seguir su curso en tribunales. ¿O también ella tiene fuero?

De cómo los ricos lo vuelven a ser después de la Revolución, Olga (Planeta, 2010).