La Constitución nos ha hecho cínicos

publicado el 09 de mayo de 2011 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Lo que nos cantan como las mayores glorias de nuestra Constitución resultan ser sus peores debilidades y, aún más, establecen que el no cumplimiento de la ley es natural. A eso nos acostumbra su acumulable listado de derechos. Veamos: los mexicanos, tenemos derechos desde antes de nacer: atención médica a la madre, luego viene el derecho a la alimentación sana y suficiente durante toda la vida, el derecho a la salud, el derecho a la educación y a la cultura (sea eso lo que sea), el derecho al trabajo bien remunerado y la jubilación adecuada con funeral decente, el derecho a la no discriminación por color de piel, aspecto, religión, orientación sexual y demás. ¿Quién podría estar en contra?

Esos derechos son incuestionables. Lo cuestionable es si deben estar en la Constitución como si inscribirlos allí los volviera hechos reales. Todo desacato a la Ley Suprema (cursi expresión del viejo PRI) es un delito. ¿A quién acusa el que no tiene trabajo, el que no tiene alimento para hoy?

Como todo eso queda en mera grandilocuencia, en fárrago de oratoria ampulosa de políticos bien pagados, nos acostumbra a seguir el conocido subterfugio que dice: "Se acata pero no se cumple". ¿Quién puede estar en contra de una alimentación suficiente y sana para todos y cada uno de los mexicanos? Nadie. Pero la Constitución, que menciona esa garantía, no dice el cómo. O bien, medio lo dice pues hay también, faltaba más, el derecho constitucional al empleo, aunque tampoco nos dice cómo cumplir ese justiciero postulado que así queda en generoso anhelo. Y su obvio no cumplimiento induce cinismo ante la ley.

La gran contrarreforma electoral del 2007 padece el mismo vicio: es constitucional, pero incumplible.

Querido Pepe Woldenberg:

Una sola súplica: no nos trates como a tontos. Comparto punto por punto tu artículo del jueves pasado en Reforma… Pero no sé a quién va dirigido. Como no tengo la anuencia de los otros amparados contra la reforma que impide las candidaturas independientes, hablo sólo por mí. Has repetido el argumento de que es ridículo hablar de candidatos ciudadanos como si los lanzados por partidos políticos no lo fueran. Dime dónde firmo: estoy en absoluto acuerdo contigo. También has vuelto a seguir esa vía que, para abreviar, llamaré ontológica (gran palabra, diría nuestro común amigo Gil Gamés) para demostrar que todo candidato sin partido va a crear una base logística para su campaña… salvo un loco que sale a gritar por las calles su programa político. De acuerdo. Tengo una sola observación: ¿Y?

Tienes razón. ¿Y luego? Queremos que sea posible esa vía, la de candidaturas sin apoyo de un partido ya existente y con millonarios fondos que todos pagamos. Si luego don Candidato Independiente teje una red que no llama partido, pero es un partido y hace lo que todo partido, sólo habremos encontrado otra vía para fundar un partido. Que eso sea una maldición nada más lo piensa una caterva de pajarracos que inundan los comentarios en línea. Al menos en lo que mí respecta, no veo "impureza" alguna en fundar así otro partido.

Estoy contra la prohibición de candidaturas independientes porque me parece lesiva al Artículo Primero de la Constitución: todos los ciudadanos somos iguales. Lesiona ese derecho porque los no inscritos en partidos hoy-realmente-existentes tenemos un derecho menos que los miembros de partidos. Lesiona la libertad de asociación porque obliga a asociarse a un partido para ser candidato, y así hemos visto aberraciones como un Muñoz Ledo candidato de aquel PARM que se esfumó para bien del país. Y todos vimos al mismo personaje saltar de ese agujero a la campaña exitosa de Fox. ¡Y hoy es de izquierda!, (carcajadas grabadas).

Soy sincero: me parece más grave la prohibición de contratar tiempos para denunciar a un candidato antisemita o anti-homosexual; y más grave aún que los contendientes no puedan denunciar al que fue corrupto en otro puesto, al acusado de un crimen, etcétera, porque está prohibido "denigrar" en campaña. Y ese verbo (racista: hacer negro) cubre todo aquello que sea "ofender la fama de alguien". Y la ofendemos al denunciar ineptitudes, corrupciones y hasta encubrimiento de crímenes.

Eres un hombre que ha dado a México su mejor IFE, como amigo eres gran amigo. Como analista político estás siempre bien informado. No sigas el camino fácil de hacer enemigos de paja para luego madrearlos a gusto. A ti y a mí nos han aplicado el método.

Ideología mata amor: El sol de la tarde (Quimera 2010).