Odium plebis

publicado el 28 de septiembre de 2009 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Todas las encuestas de opinión muestran que no hay grupo más detestado, ni siquiera los atemorizantes policías judiciales, que los diputados y diputadas, para no hacerlas menos ni excepción: ellas son iguales o peores. Lo cual es una lástima porque alguna vez creímos que las mujeres traerían un aire nuevo a la política, de niñas son más rigurosas que los niños, se guían más por reglas y las imponen con técnicas propias. Pero resultó que quisieron ser toreras, boxeadoras, soldadas, policías y hasta, el colmo, diputadas.

Los policías, sobre todo judiciales, son más temidos: su aspecto, el pistolón fácil, la mirada torva, el diente de oro. Pero son más detestados los diputados porque son la imagen misma del agandaye: se reparten el pastel del presupuesto sin control alguno de otro poder y sin consulta a sus electores porque han logrado total independencia: se deben únicamente a la burocracia de su partido, con la que están bien mientras le sirvan tajadas abundantes del presupuesto.

Los acabamos de ver en su mole, batiéndose en el insulto y la fanfarronería con motivo de la comparecencia de secretarios sobre los que vomitaron bilis y nada más que bilis, pavoneándose fatuos y prepotentes.

Como en aquel infausto "diálogo" público que logró el primer CEU y tuvo lugar en el auditorio Justo Sierra de la UNAM y, tal y como era de esperar, se volvió concurso de "vencidas" con el enemigo y frases insolentes para arrancar el aplauso de la gayola, igual hoy, sólo que entre viejos con cuarenta años más y con el país, no la UNAM, en sus manos; así vimos la comparecencia de Carstens (que se acentúa como Orleans) y de Gómez Mont convertidas en exhibición de fuero y gritos de macacos.

¿Razones, contrapropuestas, ideas?: no saben los nuevos diputados qué sea eso. Saben insultar y denigrar. ¿No al 2 por ciento en todos los bienes y servicios? Quizá… La negativa puede fundamentarse,¿no podrían exponer sus argumentos? Aquí les regalo uno:

Cuando Fox presentó su propuesta de IVA generalizado la acompañó de una reducción: de 15 a 10 por ciento, pero en todo. Era sencillo explicar a una familia pobre que recuperaría más de lo pagado en alimentos (las medicinas son gratuitas con el Seguro Popular e IMSS) con el ahorro de un 5 por ciento en renta, calzado, ropa, teléfono, electricidad. Y no es poco si vemos que un 90 por ciento de los pobres tiene televisor. Bien, la propuesta del presidente Calderón es un aumento simple: de 15 a 17 por ciento en IVA. Los que defendimos la propuesta de Fox no tenemos ahora aquellos argumentos. El aumento es simple y llano. ¿Por qué lo vamos a aceptar para juntar 70 mil millones dedicados a los pobres si nada más Luz y Fuerza del Centro engulle 40 mil millones? ¿Si los partidos se repartirán, sin elecciones enfrente, 3 mil millones?

Aquí tienen uno argumento para escuchar la contrarréplica de Carstens. Pero la injuria vil, la diatriba fernandez-noroñona ¿a qué conduce sino a cerrar todo diálogo en un lugar hecho precisamente para hablar y por eso llamado Parlamento? Los insultos se responden con insultos, decía atinadamente Carlos Payán cuando era director de La Jornada. Así es. No puede haber debate ante los escupitajos.

En Reforma, F. Bartolomé lo dice de manera inmejorable: ver el Canal del Congreso es ver Animal Planet 2. Pero con una enorme diferencia: falta variedad y no vemos sino las especies más repulsivas: jamás castores construyendo una presa o cómo cogen los somormujos o marchan los pingüinos, sino hienas riendo, changos enseñándose los dientes con chillidos, orejas tapadas, ignorancia de patanes que ganan 105 mil al mes, sin impuestos porque nos los cargan a nosotros, tiran puertas a patadas porque "para eso tengo fuero" (y no, diputadete, no es para eso el fuero) y se zampan 12 millones en galletitas, mientras trasiegan grandes vinos y nos endosan la cuenta.

Se están arriesgando, dijo Carlos Marín, a que un maravilloso día de éstos los arrastremos por las calles como hicieron los italianos con Benito Mussolini. Dice el mesías que habrá un estallido social y comienzo a creerlo, calculo que serán pocos los árboles de la Alameda para colgar a más de 600 legisladores con todo y su fuero. Los primeros serán los secuaces del Rayito, que son los más vándalos, rústicos y analfabetas. Pero, antes, ¿quién será el primero que vea su finísimo traje manchado por el plato de codornices contra la nariz, cuya cuenta nos pasan?