Amenazas celestiales

publicado en la revista «nexos»
# 379, julio de 2009
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Desde que tuvo difusión masiva la hipótesis lanzada por los Walter álvarez, padre e hijo, de que los dinosaurios perecieron en un cataclismo producido por la caída de un gran asteroide o cometa, hace unos 65 millones de años, vivimos en el terror de que el numerito celeste se repita. Y como ahora tenemos, o creemos tener, los medios para detectar peligros extraterrestres y hasta desviarlos con un tiro certero, se ha vuelto noticia el monitoreo de piedras sospechosas y el paso de algunas a distancias poco tranquilizantes.

Los datos acerca de la gran catástrofe que acabó con toda la vida terrestre mayor que un ratón, se acumulan: el cráter de impacto es posible que sea el encontrado por ingenieros de Pemex con una mitad en las aguas someras de Yucatán y otra en la costa norte de la península, parcialmente rellenado por sedimentos, pero claramente detectable. Se le denomina de forma impronunciable: cráter de Chicxulub, tiene 170 kilómetros de diámetro y se calcula que debió producirlo un objeto de 10 kilómetros de diámetro. La inundación causada por el impacto cruzó todo el Golfo de México y dejó marcas hasta tierra adentro de Louisiana, y el planeta completo tiene una milimétrica capa de material propio de cometas y asteroides: iridio, en las rocas correspondientes al periodo cretácico, que es el mismo en que se extinguieron los dinosaurios. Al parecer, el iridio del cometa se dispersó por todo el globo terráqueo como un polvo fino y luego se posó suavemente en la superficie.

En octubre del año pasado, un equipo internacional de investigadores logró identificar un asteroide en camino a nuestro planeta antes de que entrara en la atmósfera terrestre. Pudo determinar el área de origen del asteroide en el sistema solar, así como predecir la hora y lugar de su llegada. Tenía tamaño suficiente para no ser consumido por completo en su ingreso incandescente a la atmósfera, lo cual lo hacía peligroso.

"Yo diría que este trabajo demuestra, por primera vez, la habilidad de los astrónomos para descubrir y predecir el impacto de un objeto espacial", dice Mark Boslough, de los Sandia National Laboratories, en Nuevo México, y miembro del equipo.

Lo más importante fue que se supo, con anticipación, que no amenazaba ninguna área poblada. Y, en caso contrario, se podría haber dado una señal de alarma. Sus restos fueron recuperados.

El asteroide tenía cuatro metros de diámetro. Fue localizado de forma automática por el telescopio Catalina Sky Survey en el monte Lemmon, Arizona, el 6 de octubre pasado. Lo denominaron 2008 TC3. Sus diversas posiciones y una red mundial de computadoras permitieron determinar su trayectoria precisa: el impacto ocurriría en 19 horas sobre el desierto al norte de Sudán, hacia su frontera con Egipto, la antigua Nubia, patria de Aída. Para fines de marzo ya estaba el estudio completo publicado en Nature.

Participaron el Instituto SETI (Search for ExtraTerrestrial Intelligence) que emplea millones de computadoras conectadas en sus ratos libres (usted puede conectar la suya y descargar gratis salva-pantallas y programas que analizan el espacio), las universidades de Khartum (kh=j) y Juba, en Sudán, Sandia, Caltech, la NASA y universidades de Estados Unidos, Canadá, Irlanda, Inglaterra, República Checa y Holanda: un maravilloso concierto mundial de telescopios y computadoras calculando el ingreso a la atmósfera.

Se recuperaron 47 meteoritos del asteroide desintegrado. La mayor parte de su masa se evaporó por la fricción con la atmósfera.
Si hubieran caído los restos sobre Jartum o El Cairo, la población habría sido prevenida con un día de antelación: "No salga de su casa, van a caer piedras...".
Fiú... Lo vimos venir...

Otro NEO (Near Earth Object) más nos pasó zumbando el pasado 2 de marzo, reporta The Planetary Society. Se denomina 2009 DD45 y nos rozó a sólo 70 mil kilómetros (la Luna, para tener una idea, está a 384 mil kilómetros, así que pasó cinco veces más cerca). Los satélites que usamos para comunicaciones se colocan en órbitas geoestacionarias (fijos sobre el mismo punto del planeta) a la mitad de esa distancia, 36 mil kilómetros. Lo peor fue que 2009 DD45 era mucho más grande que el de Jartum: de 21 a 47 metros de diámetro... y volverá.

Sólo dos semanas después que DD45, otro NEO puso los nervios de punta a quienes supieron. Tiene 15 metros de diámetro y se llama 2009 FH. Nos pasó más o menos a la misma, y escasa, distancia. Ambos asteroides están en órbita alrededor del Sol e intersectan la órbita terrestre, así que también FH volverá, aunque, dice Don Yeomans, de la NASA, que "no presenta riesgo de impacto con la Tierra ahora ni en el futuro próximo".

Querido Don: ¿Ya revisaste bien tus ecuaciones?