La corrupción se aprende en casa

publicado el 22 de marzo de 2004 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Lo vuelvo a contar: tuve un tío gringo que era gerente en algún servicio municipal de una pequeña ciudad en Estados Unidos. Su empleo le daba derecho a un auto. Como era una prestación para cumplir su trabajo, mi tío Bill, concluida la jornada, volvía a casa en el auto del gobierno; pero si salía de nuevo, y por motivos personales, digamos para ir a cenar con mi tía, desempolvaba trabajosamente su auto propio, al fondo de la cochera, aunque el tiempo apremiara y mi tía renegara a causa de "lo tontos que son los gringos".

Cuando le preguntaban el motivo de esos remilgos, el tío Bill mencionaba a sus conciudadanos, a los demás comensales del restorán que lo verían llegar en auto pagado por los contribuyentes. Aún no se ponía de moda la expresión "sociedad civil", pero a fin de cuentas era ésta la que vigilaba en primera instancia la conducta de sus funcionarios. Algunos de mis tíos llegaron a comentar que era un acto de honestidad inimaginable en México: los más proyanquis.

Y así es. Ya no digamos con los políticos del PRI: nadie podría imaginarse al Niño Verde cambiando el auto oficial por uno propio antes de ir de farra con sus amigos; a Rosario Robles, a Martí Batres, a Marta Sahagún, a la diputada Padierna, a ninguno de los flamígeros honestos yendo hasta su casa, en Lomas Verdes, para dejar el auto pagado por los ciudadanos y sacar el propio rumbo a la cena familiar en Polanco. ¿Estoy en un error? ¿Alguien lo hace? Perdón.

Lo cierto es que México, su gente, su pueblo, sí es un país más corrupto que otros. Las medidas internacionales no le dan el primer lugar, pero sí uno muy honroso. Los políticos y los partidos se llevan sin duda el primer lugar, pero no llegaron de Marte: están conformados por mexicanos que adquieren poder. Sólo eso. Y les basta y sobra.

El primer curso de corrupción lo llevamos los mexicanos en casa, en el sacrosanto hogar, en el seno de la familia casi siempre religiosa, cuando oímos hablar con naturalidad de la riqueza de los políticos. Se es político para ser rico, ¿o no?, se preguntaría asombrado el común de los niños. En la infancia escuchamos la frase irónica: ya le hizo justicia la Revolución, aplicada a la súbita riqueza del vecino, explicada no por su salario, sino por su puesto, su "hueso".

Seguimos Corrupción II en la escuela: toda exigencia intelectual es inadmisible porque la pobreza nos exenta de razonamiento. La Universidad Nacional, la famosa UNAM, ha dado el mejor ejemplo, antes de los videos, de corrupción institucional. Dijeron sus autoridades que la pretendida excelencia académica es una meta que afecta al "pueblo" porque lo elimina de las aulas. Y se quedaron tan orondas.

Luego nos afiliamos a alguna minoría o grupo sufrido que nos ampare. Marta Sahagún y Rosario Robles, desde polos opuestos del color político, se han dicho perseguidas por su sola condición de mujeres. "Los hombres no soportan a una mujer con poder", dijo, más o menos, Rosario, cuando el asunto era si había pagado o no un sobreprecio en las campañas del GDF. A doña Marta se le exige que separe sus obras pías y su campaña por la Presidencia, exactamente como se le pide a hombres que no usen los recursos públicos para apoyar a sus candidatos. No lo dude usted: en cuanto lleguen a puestos públicos los primeros hombres abiertamente homosexuales nadie los podrá tocar sin ser acusado de homofobia.

Los franeleros que nos cobran por usar sus calles porque son pobres, los indios porque son indios, laz mujédez podque zon mujédez, los ambulantes, los taxistas, los peatones, los automovilistas: todos tenemos magníficos motivos para imponer nuestros usos y costumbres. Y así hemos hecho ciudades inhabitables y un país regido por la ley del más fuerte, del que saca más gente a la calle. No es corrupto el gobernante cuyos subordinados son cogidos con las manos en los fajos de billetes porque mucha gente lo vitorea. Y a callar.

El camino fácil al dinero fue el PRI, pero, cuando los aspirantes agotaron el reparto, la oposición fue la vía alternativa.

Tránsito de Venus

El 8 de junio próximo, de las 5:13 a las 11:26 (Universal Time), el planeta Venus cruzará el disco solar como un pequeñísimo disco negro. Un minieclipse. En México, cuya hora del centro es seis horas anterior, será aún de noche.

Nadie vivo ha visto un tránsito de Venus por el disco solar porque el último ocurrió en 1882. Los únicos planetas que, desde la Tierra, pueden aparecer cruzando frente al Sol son los más interiores. El fenómeno fue predicho por Kepler en 1631, pero nadie lo vio porque en Europa aún era de noche y en el resto del mundo el conocimiento astronómico no era suficiente para esos cálculos. Jeremiah Horroks, de 21 años, cura y matemático, predijo y observó el tránsito de 1639. Como ocurrió en domingo, Jeremiah estaba en la iglesia, de donde salió corriendo para ver el tránsito proyectado en papel blanco.

Sir Edmund Halley, famoso descubridor del cometa que lleva su nombre, propuso en 1677 los tránsitos de Venus y de Mercurio para determinar el tamaño del Sol. El tránsito de 1769 motivó uno de los famosos viajes del capitán Cook, lo observó desde Tahití y llegó a la costa de Australia.

Debido a los movimientos de la Tierra y Venus en sus órbitas, los tránsitos ocurren en pares. El siguiente tendrá lugar pronto, en 2012, y luego no habrá otro hasta 2117.