El odio

publicado el 23 de junio de 2003 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Hace un par de meses vi en la TV española un videoclip aterrador: dos jovencitas, bellas, delgadas, femeninas, manejan un tráiler a toda velocidad por una carretera nevada. El faje, los besos (y por supuesto el tráiler) nos enteran a los espectadores de que las muchachas son lesbianas. La música no tenía importancia, no era nada comparable con Billy Jean o Sweet Dreams o alguna de esas grandes. En eso vemos a un trabajador, alto, fuerte, guapo, masculino, con ropa amarilla reflejante y casco rojo, que está colocando señales luminosas para avisar a los conductores acerca de la reparación en proceso. Recordemos que es de noche y ha nevado. La carretera es peligrosa, pues, y el trabajador pone avisos de reparación. Las jovencitas lo ven y, entre beso y sonrisa y canto, le apuntan y aceleran. Siguiente toma: el trabajador levanta la vista y mira horrorizado las luces que se le vienen encima. Siguiente toma: el casco rojo vuela y cae sobre un montículo de nieve. Finalmente vemos el tráiler (obviamente no conducido en la realidad real por ninguna de las niñas) continuar en la noche su carrera enloquecida. Y ellas a cante y cante.

Quedé cinco minutos con la boca abierta, mudo, con escalofrío y luego exclamé: ¡Vayan y chinguen a sus putas madres con su puta liberación gay y métanse el tráiler por el coño, a ver si les cabe! Mi amigo Carlos, que no veía la tele, no sabía por qué gritaba tan enfurecido. Cuando le narré el videoclip me explicó que eran un par de rusas famosas. El nombre me entró por una oreja y me salió por otra (y no está él para preguntarle).

Al mismo tiempo había, en el diario El País, un escándalo del que ya he hablado: un escritor publicó un cuento poniendo en primera persona la voz de un violador que comienza diciendo algo así como (cito de memoria): "Pues ahora que todos los negros son buenos y todos los maricones simpáticos, se debería considerar también, respecto de nosotros los violadores, que, finalmente, es mejor violar a una mujer y dejarla viva, que no violarla y matarla..." Algo así. Quien habla es un violador, como podría ser un asesino de su madre. El autor debe meterse en sus zapatos. El libro de cuentos lo publicó una editorial propiedad de una mujer que es (o era entonces) la directora del Instituto de la Mujer. Toda la intelectualidad española y las ongues pedían su cabeza, pero nadie había siquiera parpadeado ante un asesinato por odio cometido en plena televisión diurna, vista por muchos millones más que quienes leen un cuento; una infame exhibición de odio al diferente, al heterosexual, al que sí tiene con qué cogerse a las mujeres.

De un extremo al otro

¿Pasaremos de un extremo al otro? ¿De un odio a otro odio? ¿Así estamos hechos los humanos? Hace 35 años los entonces jóvenes hicimos valer el derecho de manifestación. Entonces llevar a la calle una protesta podía pagarse con cárcel o con la vida, y ahora, vencida aquella prohibición, se cree que también hay derecho a bloquear calles, a impedir por la fuerza el libre tránsito, a pintarrajear fachadas y vitrinas, a desnudar y bañar en gasolina un policía amenazando con quemarlo vivo, a blandir machetes contra policías sin armas de fuego. Leí en Público que en la marcha gay del DF una lesbiana de buenas y grandes tetas se las estuvo sobando arriba de una patrulla y luego, dentro de la misma, se sopesó los melones ante el atónito policía que hubo de salir corriendo de su propio vehículo. Eso se llama, aquí y en China, acoso sexual. Y es de lo que se quejan las mujeres. Pregunten si no a la del PRD besada a la fuerza en días pasados.

Hagamos como nos han enseñado a hacer las feministas y cambiemos los géneros para encontrar si el chiste es o no simpático: al paso de un contingente de lesbianas, un policía con muy buen pito se lo saca y las corretea con aquello parado. Predicción fácil: lo queman a él y a su patrulla, y durante seis meses no se habla de otra cosa en la prensa, sino del "acoso sexual" policiaco y cómo obtuvo su merecido.

En el mismo reportaje observemos lo que llamó la atención del fotógrafo: la pareja de muchachos en tanga, uno con moño negro de novio y el otro con velo blanco de novia. ¿Y las plataformas que avanzaban con muchachos físicoculturistas encima? ¿Y las lesbianas no provocadoras? ¿Y las parejas no pendencieras ni belicosas ni retadoras que sólo iban de la mano? Eso, como las buenas noticias, no es noticia. El gay masculino (no pongo comillas porque creo que existe la masculinidad, por encima de la educación, que sólo la resalta), la lesbiana femenina (también sin comillas, porque la femineidad existe, pésele a quien le pese) no roban cámara, no tienen importancia. Y lo que hace el ojo del fotógrafo hacen los ojos de la multitud que observa el desfile: buscar el folclor, la ridiculez, la caricatura: "¿Ya viste a aquella que parece Hermann Monster? ¿Y aquel de allá que se siente libélula?" Dicen mientras el 80 por ciento de la marcha sólo les estorba la vista.

Los profesores no pueden marchar por las calles sin rayonear fachadas ni romper vidrieras, los campesinos deben ir armados con machetes, los rechazados en exámenes de admisión cierran avenidas con piedras y cuerdas, los microbuseros atraviesan sus unidades para inmovilizar todo el centro de Guadalajara ante la simple amenaza de que, cuando aplasten a otra persona no tendrán derecho a fianza. ¡Pero qué delicados! ¡Si lo único que han hecho es repasar el cráneo de un jovencito de 16 años porque "sale más barato un muerto que un herido"! El proyecto de ley ni siquiera decía, (como debió decir): Al tercer apachurrado recibirás un balazo entre ceja y ceja, sino que serían tratados como homicidas y por tanto no alcanzarían fianza. ¿Y no lo son? ¿No debió ser así siempre? Pues no: a las dos horas sus poderosos abogados los sacan y les devuelven el microbús todavía con las llantas ensangrentadas.

Y así tampoco los y las homosexuales pueden salir a pedir igualdad ante la ley. No, no, no, así qué chiste, como dice una amiga. Hay que "humillar al buga", aplastarlo una vez al año "porque él nos aplasta todo el año", dirán algunos, y avientan la provocación como el tráiler de las criminales rusitas. El resultado en todos los casos, maestros, campesinos, estudiantes, homosexuales o lo que sea, acaba por ser contraproducente.

 

la talacha fue realizada por: eltemibledani

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