El derecho a la blasfemia

publicado en la revista «Nexos»
# 447, marzo de 2015

 

No todo pensamiento es respetable ni alguna religión lo es. Ninguna, punto com. Ni todos los viejos son respetables ni debe uno callar ante una estupidez flagrante y peligrosa. ¿Y quién define eso? Cada quien… A mí me tunden por expresiones que considero de lo más sensatas, ilustradas e inteligentes. Y nada, pues, que cada quien tiene su listado de asuntos que un comentarista de los hechos cotidianos debería tratar y el que no los trata se denuncia como cómplice por omisión ante esos graves problemas.

En asuntos de respeto al cristianismo, pocas veces me he callado. Recuerdo una: en mis años de maestro de la UNAM, comía a diario en el Gnomo Perezoso, donde nunca me subían los precios y me daban trato cariñoso. En una visita del Papa, el ahora santo defensor de Marcial Maciel y su desenfrenada paidofilia contra seminaristas guapos y sus propios hijos, había un televisor con las imágenes del Papa en una visita a México. Quizá la primera. Las cámaras lo tomaron llegando a un acto en helicóptero. Solté una carcajada y le comenté al mesero de siempre: “¡Mira! ¡Y a tantos que quemaron por andar investigando eso del vuelo, cosas del diablo!”.

En la mesa vecina comían unas seis personas. Una viejilla mocha, y mal educada, pues yo aprendí a no intervenir en conversaciones ajenas, levantó la voz para aclarar a quien la escuchara y el único otro comensal era yo, que era indigno burlarse de Su Santidad, luego de que él nos había salvado de una terrible guerra. Le iba a decir lo primero: que su madre no le había dado educación, y después que cuál había sido la horrible guerra evitada por Juan Pablo II, y recalcarle: “el defensor de Marcial Maciel”. Pero vi la cara de la patrona, Bonnie, azorada, calculé la cuenta de la mesa de seis, la mitad de precio que me daban a mí, y no dije nada. Llevo, como se podrá ver, unos treinta años arrepentido.

Una de las mejores tardes que he pasado me la dio una señora condesa, en París, que tenía una sola invitada y yo al tomar el té. La invitada era francesa que había huido de París a Capri porque París estaba lleno de negros y de árabes. En eso las damas llegaron al asunto de la religión. La condesa dijo, con toda naturalidad: “Bon, au Vatican tous sont des pédés…”. En el Vaticano todos son maricones. La de Capri se atragantó, pero la condesa era, además, persona mayor y venerable. Así que nada más pudo musitar: “Ah, oui?” A lo que la condesa repuso: “Oui… tout le monde le sait”. Todo el mundo lo sabe y sanseacabó. Está completa la narración en El vino de los bravos y unos tequilas (Planeta). No le ha ocurrido daño alguno a Planeta. Me refiero a la editorial, porque el planeta sí está muy golpeado por nosotros.

Alguna vez me ensañé en la descripción del cortejo de cardenales entrando a San Pedro entre retumbar de órgano, luces, alfombra roja y de seguro ángeles disimulados sonando trompetas. Los cardenales competían en quién llevaba la cola de la colorada sotana más larga y quien tenía más ancho el encaje de bolita blanco que va encima y no sé cómo se llame. Ni quiero saber. Ninguno calzaba zapatos, sino unas zapatillas del mismo raso colorado bordadas con hilos seguro de oro. Lo publiqué en unomásuno (el diario pre-La Jornada) y nadie le puso una bomba ni tuve agresión alguna en cantinuchas del centro, de las que nos gustan a muchos desharrapados. Y esas ofensas publicadas no es necesario leerlas: corren de boca en boca corregidas y aumentadas, así que era razonable suponer que a nadie le había importado.

“Hay que continuar hasta que el islam esté tan banalizado como el catolicismo”, declaró Stéphane Charbonnier, Char, a Le Monde. Char fue el director de Charlie Hebdo hasta la masacre cometida por islamistas ofendidos el 7 de enero pasado. Creí que, en solidaridad, todos los diarios del mundo saldrían, al siguiente día, con caricaturas horrendas y ofensivas de Mahoma o Mojamé en sus primeras planas. Nada. Todos salieron con su atole aguado de “Todos somos Charlie”. Cuando ya todos han sido todo, según la noticia del momento, eso ya no tiene ningún valor. Como sí lo tuvo la manifestación de más de tres millones de personas que recorrió París. Y los carteles de algunos musulmanes: Pas à mon nom!

Antes ya habíamos tenido el asesinato de Theo van Gogh por un documental que algún musulmán consideró pecaminoso. Y la indignante reacción de los daneses ante el ataque al periódico Jyllands-Posten por unas caricaturas, bastante sin gracia, del tal Mojamé en septiembre de 2005. La iglesia católica, que siente pasos, se unió a la condena que las consideró provocadoras. Y por supuesto lo eran. De eso iba el asunto: de provocar. Los dibujantes debieron esconderse para evitar las sentencias de muerte lanzadas por los ayatolás… ¿En su propio país? Piensa en que invitas a comer a un musulmán y, en lo que vas por agua, pues el invitado no acepta vino, encuentras que está golpeando a tu mujer porque le pareció que lleva demasiado escote o el pelo sin velo o falda corta. Es lo mismo. Si no les gusta Europa se podrían ir a colaborar en la fundación del Estado Islámico en Oriente Medio. Algunos ya lo hacen, ¿por qué no todos?

Hubo encuestas en donde los daneses se mostraron solidarios con los agresores porque las caricaturas habían sido irrespetuosas, asunto que nadie ponía en duda, ¿y? Es certera la definición de Arturo Pérez-Reverte: Europa es vieja y cobarde. ¿Y todas las que se han hecho de Cristo? ¿Y las del papa Paulo VI en otra publicación francesa satírica, Le canard enchâiné, donde lo menos era que llamaran al Papa La Paulette y afirmaran que, como cardenal Montini de Milán, le había dado vuelo a la sotana con muchachos pagados, lo peor era que la caricatura de primera plana lo pusiera bendiciendo a la multitud desde un balcón de San Pedro mientras, atrás de él, un guardia suizo le levanta la sotana, se ve que no trae calzones, y le arrima un buen pito que ya se sacó. Son espléndidas excepciones que siguen la tradición de la sátira que nos heredó la Revolución francesa.

La vieja y cobarde Europa no admite su terror ante la invasión, le importa más que no se le vaya a atribuir racismo alguno. Vi en la tv griega a una pobre señora suplicar: “¡No es que sea racista! ¡No es que sea racista!, pero los señores duermen en las gradas del portal de mi casa y cuando salgo a trabajar (porque ella trabaja, ellos no) debo saltarlos…”. ¿Exigir que la policía griega la librara? No, no, ella no sabía muy bien qué decir. El asunto es que, cuando los Aliados ganaron la Segunda Guerra Mundial, no solo dieron inicio al conflicto palestino-israelí, sino que olvidaron crear el Kurdistán para los kurdos, así como habían creado Siria para los sirios, Irak, etcétera. Y miles de kurdos, repartidos entre cinco países del Oriente Medio, han preferido huir, así que Grecia es lo menos lejano, ya que los turcos tampoco los quieren ni dan autonomía al Kurdistán turco. Algunos cientos de kurdos se posesionaron de una plaza por el centro de Atenas, allí dormían, se rascaban al sol, en fin, de todo…

Nos costó hogueras, sangre, mazmorras de por vida, torturas ya inimaginables. Pero una caricatura de Cristo o de un Papa ya no produce asesinatos ni defenestraciones de los herejes.

La defensa del islam siempre se basa, entre los no musulmanes, pero respetuosos, en que algunos estamos generalizando y no todos los musulmanes son terroristas. Eso es verdad: no todos están dispuestos a enviar una niña de 10 años, rodeada de dinamita, para hacerse estallar en un mercado de Nigeria, donde las masacres de Boko Haram, dirigidas a convencer de la Verdad a los rejegos, alcanzan ciudades completas sin que el mundo se estremezca.

“El fundamentalismo islámico no es un fenómeno marginal en Europa”, sostiene estudio recién publicado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología. “Los ataques de la semana pasada en París, cometidos en nombre de un dios (minúscula del artículo), reabren heridas mal curadas en Europa. El mundo una vez más gira hacia el fundamentalismo religioso. Un nuevo estudio muestra que la hostilidad hacia otros grupos externos no es un fenómeno aislado entre musulmanes que viven en Europa, ni sinónimo de violencia”, suaviza el autor del estudio, Ruud Koopmans, director del Berlin Social Science Center en Alemania.

El ataque contra el semanario “no fue un mero acto de agresión contra la libertad de expresión y contra la vida humana; fue también un ataque a la religión y los valores de una gran mayoría de musulmanes que viven en la Unión Europea, cuyos ideales son pacíficos y hasta flexibles entre los más jóvenes miembros de la comunidad”.

¿Será? El estudio se publicó en el Journal of Ethnic and Migration Studies. El fundamentalismo religioso lo define de tres formas: 1) los creyentes deben regresar a las reglas eternas e inmutables que vienen desde el pasado; 2) que esas reglas sólo permiten una interpretación y obligan a todos los creyentes; 3) que las reglas religiosas deben tener prioridad sobre las leyes seculares.

El sociólogo Koopmans insiste en que se trata de una ideología, esto es “un conjunto de ideas que se refieren a actitudes hacia la forma de ver la vida”.

Sostiene que el fundamentalismo “no necesariamente” justifica la violencia, que es una conducta y no una ideología, más cercana al fascismo y al comunismo, “ideologías que no son sinónimo de violencia”. Y aquí comienza a verse que el sociólogo es muestra depurada de la Europa cobarde. En efecto, fascismo y violencia no son sinónimos, no son lo mismo; pero no hay fascismo sin violencia, aunque hay violencia sin fascismo. ¿No es evidente? Para algunos sociólogos no.

Luego sigue por el camino trillado tan bien conocido: “El fundamentalismo religioso no es exclusivo del islam”. ¡Oh! ¡Vaya descubrimiento de la ciencia social! Por supuesto que no es necesario recordar las corrientes cristianas que interpretan la Biblia de manera literal y ante los fósiles que demuestran el proceso de la evolución responden que “Dios los puso allí para probar nuestra fe”. ¿Quién puede rebatir eso? Al carajo.

El estudio de Koopmans se realizó con una encuesta en 2008 a nueve mil europeos. Compara el fundamentalismo religioso de inmigrantes turcos y marroquíes musulmanes, sus hijos y sus nietos con respecto a europeos nativos de diversas iglesias cristianas en Alemania, Francia, Holanda, Bélgica, Austria y Suecia, países de larga tradición inmigrante.

Encontró que un 40% a 45% (casi la mitad) de esa población europea musulmana “tiene ideas religiosas fundamentalistas, o sea que están de acuerdo con las tres definiciones del término” vistas arriba. Casi un 60% regresaría a las raíces del islam, 75% piensa que el Corán tiene una sola interpretación a la que todo musulmán debe adherirse, y 65% dice que “las reglas religiosas son más importantes para ellos que las reglas del país en el que viven. Sin embargo, en la segunda generación de musulmanes los porcentajes son ligeramente menores (entre 50% y 70%). Habrá que repetir el estudio en 300 años.

En cuanto a la población cristiana, un 4% apoyó los tres enunciados que definen el fundamentalismo.

En España, con una historia más reciente de inmigración, motivo por el que no fue incluida en el estudio, el fundamentalismo religioso, en particular el islam, alcanza números similares. Entre los fundamentalistas islámicos, más del 70% muestra hostilidad hacia homosexuales, judíos y occidentales… Pero eligieron vivir en Occidente. Ahora exigen que Occidente encierre a sus mujeres y siga el Corán. ¿Por qué mejor no se van a Afganistán? Que la Unión Europea les pague los boletos en primera clase al paradisiaco Estado Islámico en germen, mientras restablecen el sultanato que deberá incluir Córdova, Sevilla y Granada. O los despache a la Nigeria de Boko Haram.

 

la talacha fue realizada por: eltemibledani
 

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