¿Alguien sabe qué hicimos...?

publicado el 15 de diciembre de 2014 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

¿Cómo se nos pudrió el pueblo bueno? ¿Qué le enseñamos y qué le permitimos y qué derechos se tomó con apoyo o al menos omisión de la autoridad y la falta de crítica?

1. En Oaxaca los appos bloquean calles y carreteras, destruyen y roban comercios, queman edificios históricos. Tienen permiso del gobierno.

2. En Guerrero los normalistas bloquean la autopista a Acapulco varias veces cada año, todos los años, asaltan camiones repartidores de cerveza y golosinas. Con sus teléfonos celulares, lo dicen sobrevivientes del 26 de septiembre, organizan robo de autobuses para ir a cumplir misiones de “lucha”. Exigen plaza automática al concluir estudios que no hacen. En diciembre de 2011, en un bloqueo de la autopista, prendieron fuego a la gasolinera que se negó a venderles gasolina para fabricar molotovs y así quemaron vivo al trabajador Gonzalo Rivas cuando intentaba cerrar las válvulas para que no estallaran los tanques y volaran en llamas centenares de coches, autobuses de pasajeros, camiones que aguardaban el fin del bloqueo. A tres años no hay investigación y Gonzalo es un héroe olvidado.

3. El PRD sabía los antecedentes de su candidato a la alcaldía de Iguala, José Luis Abarca, apoyado por Lázaro Mazón, candidato de López Obrador a gobernador de Guerrero.

4. Pero también los conocía la gente que votó por Abarca, como sabía que su esposa venía de familia de narcos, Guerreros Unidos, y que abofeteaba subordinados. El pueblo, libremente, votó por él. Y ganó.

5. La PGR conocía los lazos del alcalde y su esposa con el crimen. Pero el PRD estaba en el Pacto por México, negociando las reformas que resultaron aprobadas. Ir sobre su alcalde criminal era perderlo como aliado. El Presidente lo evitó. Sabía todo porque para eso es el CISEN, pero además porque hubo denuncia de René Bejarano contra Abarca.

6. Dejamos pasar peores crímenes porque no eran estudiantes: el 16 de noviembre pasado publicó aquí Román Revueltas: “Una tarde de marzo de 2011, en el poblado de Allende, situado en la región de Los Cinco Manantiales de Coahuila, se aparecieron 40 camionetas tripuladas por sicarios de la organización criminal LosZetas y, a lo largo de varios días, saquearon casas, incendiaron locales y se llevaron detenidas a más de 300 personas —entre ellas mujeres y niños— que no han vuelto a aparecer”. No hubo: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Y pregunta Revueltas: “¿Dónde estaban todos ustedes”... los indignados de hoy?

7. Los dos crímenes de San Fernando, Tamaulipas, suman unos 500 asesinados. Tampoco eran estudiantes de una normal que ha producido guerrillas famosas, sino pobres que trataban de llegar a Texas para trabajar. No robaron autobuses: se subieron al tren de carga La Bestia. Los masacraron criminales a los que no pudieron pagar el precio del cruce ilegal a EU, o no se unieron a sus bandas o algo que no sabemos porque nunca se levantó una ola de indignación que exigiera: Vivos llegaron, vivos los queremos. Solo eran pobres en busca de trabajo. No hubo conmoción internacional ni espontáneo irrumpiendo en el premio Nobel de la Paz. Nada. Muertos y enterrados en fosas clandestinas.

8. Héctor de Mauleón publicó en El Universal una crónica escalofriante: en 2009, estudiantes del Tec de Acapulco de entre 18 y 23 años secuestraban condiscípulos. Por falta de pago los mataban y descuartizaban, metían los cuerpos destazados en bolsas y los desaparecían. Tampoco hubo manifestaciones ni la indignación puso fuego a edificios públicos. Nada. Nada. Nada.

El pueblo en masa es malo. Lo hemos visto en Canoa, Puebla; en Tláhuac donde la multitud quemó vivos a dos investigadores; en Atenco, cuando rociaron de gasolina a los negociadores del gobierno y debió rescatarlos la fuerza pública (y fue “represión”). Alrededor de Iguala, buscando a los 43, se han encontrado fosas clandestinas llenas de cadáveres que, como no eran de Ayotzinapa, nadie buscaba.

Muerte de Gonzalo Rivas, quemado vivo por normalistas que incendiaron a propósito la gasolinera donde trabajaba.