Injusticias en humanos y en chimpancés

publicado en la revista «Nexos»
# 452, agosto de 2015

 

Todos estamos íntimamente convencidos de ser objetivos y por eso toda desviación de nuestra objetividad es una desviación de la objetividad. Es un eterno reproche en las hoy insoportables secciones de comentarios en publicaciones y redes como el breve tuit de Twitter que patea un análisis extenso y precisa por mostrar “nula objetividad”… Ocurre siempre que no gustan las conclusiones, estén sostenidas en los datos que sean. En todo caso y última instancia ¿por qué creerlos?

“Todos tenemos un punto ciego”, concluye en Management Science, investigación en la que colaboran la universidad Carnegie Mellon y las universidades de Londres, Boston y Colorado. Ha desarrollado “una herramienta para medir el sesgo por punto ciego, y revela que creer que usted está menos sesgado que sus pares tiene consecuencias perjudiciales sobre juicios y conductas, tales como juzgar con precisión si es útil un consejo”.

El equipo de investigadores inter-universitarios pone un ejemplo sencillo: “Cuando los médicos reciben regalos de compañías farmacéuticas pueden argumentar que no afectan sus decisiones acerca de qué medicina prescribir porque no recuerdan que los regalos influyan en sus recetas. Sin embargo, si usted les pregunta si un regalo podría sesgar de forma inconsciente las decisiones de otros médicos, la mayoría estará de acuerdo en afirmar que los regalos influyen a otros médicos, mientras siguen creyendo que sus propias decisiones están libres de sesgo”.

Esta disparidad “es el punto ciego al sesgo, y ocurre a cualquiera, en muchos tipos diversos de juicios y decisiones”, dice Erin McCormick, parte del equipo.

Para el estudio los investigadores realizaron cinco experimentos: dos enfocados a crear y validar la herramienta para probar las diferencias en el sesgo de punto ciego y si estaban asociadas con rasgos tales como el cociente de inteligencia, la habilidad general en toma de decisiones y la autoestima. Otros tres estudios examinaron las consecuencias de estos diversos rasgos, “especialmente su relación en la forma en que la gente hace comparaciones sociales, el peso que la gente coloca en consejos de otras personas y su receptividad al entrenamiento antisesgo”.

El hallazgo más significativo fue que el sesgo de punto ciego afectó a todas las personas estudiadas. Y sin embargo variaban en el grado en el cual pensaban que sus decisiones estuvieran menos sesgadas que las de otros. “Esto fue verdad sin importar que estuvieran realmente sesgadas o no sesgadas al tomar decisiones”.

Otro hallazgo del estudio fue que hay personas más susceptibles que otras al sesgo de punto ciego, y eso con independencia de inteligencia, habilidad cognitiva, habilidad en toma de decisiones, autoestima y rasgos generales de personalidad.

“La gente parece no tener idea de cuánto sesgo presenta. Ya sea buena en tomar decisiones o mala, piensa que está menos sesgada que sus pares”, dice Carey Morewedge. La nula objetividad siempre es de otros.

Y aún más interesante es que: “la gente con más alto sesgo de punto ciego es la que más puede ignorar el consejo de pares o de expertos, y es menos posible que aprenda de un curso para evitar sesgos que podría mejorar la calidad de sus decisiones”.

Luego los resultados llegan sin sorpresa: “Gente más dada a pensar que es menos parcial, es menos exacta al evaluar sus habilidades con respecto a las habilidades de otros, escuchan menos los consejos de otros, y es menos probable que aprendan luego de un entrenamiento que debería ayudarlos a hacer menos juicios sesgados”, concluye Irene Scopelliti, cabeza del estudio.

También los chimpancés

Los humanos no somos los únicos animales con códigos de justicia, aunque somos los únicos que, desde Hammurabi en Babilonia, los hemos escrito. Nuestros códigos civiles y penales se remontan al Derecho romano, a la Constitución inglesa del siglo XIII y a las reformas implantadas por la revolución francesa.

Pero nuestros primos más cercanos, con los que compartimos más del 98% de los genes, los chimpancés, poseen meta-razonamiento: piensan que lo que pensaron es correcto y lo discuten, como usted, como yo… En el journal Cognition publica sus hallazgos un equipo de las universidades del estado de Georgia, la de Buffalo, el Agnes Scott College y el Wofford College: Chimpanzees may know when they are right and move on to prove it.

“La metacognición ocurre cuando los individuos monitorean lo que saben y lo que no saben al buscar información necesaria y cuando responden a una pregunta con alto o bajo nivel de confianza”.

El equipo de investigación debió desarrollar medidas no basadas en respuestas orales ni en medidas con escalas numéricas. Compartimos con los animales no humanos conductas no verbales. Se entrenó a chimpancés en pruebas de memoria: un programa computarizado premiaba las respuestas correctas con algo para comer.

La conducta exigida fue compleja: debían dar una respuesta y moverse con rapidez al sitio donde se ofrecería la recompensa o la perdían. “Esto significa que los chimpancés tenían dos opciones luego de dar una respuesta en la prueba de memoria: podías esperar a oír que había sido correcta o incorrecta, si era correcta debían apresurarse al lugar de entrega del premio. O bien, acercarse a esperar el premio antes de saber si era correcta o incorrecta su respuesta”.

Como el premio se pierde al no recogerlo en pocos segundos, de forma consistente los chimpancés se adelantaron a esperar el premio siempre que habían dado una respuesta correcta, pero dudaban cuando era incorrecta. Esto es: podían estar seguros o no. Era observable. En la vida silvestre el chimpancé salta de una rama a otra sin dudar cuando sabe que puede salvar la distancia.

Lo bueno habría sido ver que ante una respuesta correcta no apareciera el premio… y el chimpancé pateara la computadora y diera gritos de enojo. Pero no, el artículo no lo dice… Chin…

Normas protosociales en chimpancés

Llamamos normas protosociales a la reacción de espectadores ante la infracción de normas: un auto sobre un lugar marcado para minusválidos, una bicicleta corriendo sobre la acera entre peatones, un bloqueo de autopista por sujetos con nombramiento de profesores y que nunca dan clase. Los chimpancés también las muestran.

En el journal Human Nature encontramos la investigación del equipo encabezado por Claudia Rudolf von Rohr: “Provee la primera evidencia de que los chimpancés, como los humanos, detectan lo apropiado o no de una conducta, especialmente las dirigidas a infantes. También muestra que estos primates sólo toman acciones cuando un miembro de su propio grupo es el agredido”.

A dos grupos en dos zoológicos suizos se les mostraron videos de grupos desconocidos: el control mostraba chimpancés en actividades neutrales como caminar o romper nueces. El video experimental incluía escenas agresivas, como un chimpancé infante siendo muerto por otros, un mono pequeño de otra raza cazado y muerto por chimpancés, y conducta socialmente agresiva entre chimpancés adultos. Los investigadores filmaron las reacciones de los chimpancés al observar los videos.

Encontraron que ambos grupos dedicaron más de cuatro veces su atención a las escenas de infanticidio. “Esto demuestra que los chimpancés pueden distinguir entre agresión grave contra infantes y otras formas de agresión y daño”.

Los resultados sugieren que “los chimpancés detectan violación de normas tanto en su grupo como en un grupo de individuos extraños, pero que sólo responderán emocionalmente a tales violaciones de las normas cuando ocurren dentro de su propio grupo”, señala Rudolf von Rohr.

“El estudio suizo se añade al creciente cuerpo de evidencia que identifica, en nuestros más cercanos parientes, los bloques que construyen la moralidad humana. Estos precursores incluyen consuelo y conducta policial”.

 

la talacha fue realizada por: eltemibledani
 

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