Hombres con menos derechos que mujeres

publicado el 19 de febrero de 2013 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Nadie discute el derecho de las mujeres a tener bares exclusivos para ellas, donde ninguna mesa de galanes les arruine la noche con amigas. En los bares con show de muchachos fornidos que se les desnudan, los gritos de entusiasmo pueden oírse a media cuadra. Magnífico. Pero caería como agua helada entre chavas divertidas, el grito de un par de ligadores: "¡Eh, oye... mamacita... Ese wey no te cumple, yo sí, mira!" Y le muestra el paquete. Las inhiben por el resto de la noche. Por eso está prohibido que entren hombres. Prohibición correcta.

En algunos bares para lesbianas tampoco entran hombres. Son exclusivos. Luego de sentirse víctimas discriminadas porque ningún empresario, hombre, abría un bar para ellas, algunas han decidido lo que debieron hacer hace años: abrir ellas el bar. Se anuncia que hasta quien pone los discos, o DJ, es mujer. Muy bien. Están en su derecho.

Los hombres no hacen manifestaciones afuera invocando discriminación por motivo de género ni amenazan con exigir la aplicación de reglamentos que ya muestran sus errores. No van y ya. Pero algunas señoras tienen en la mira los no más de dos o tres bares que se ofrecen a clientela masculina exclusiva en el DF.

¿Qué buscan las mujeres en un bar gay? 1. Algunas ven como reto que un hombre ni las mire. 2. Otras van por inseguras: no habrá ligador indeseable. Éstas tienen ya decenas de bares gay que admiten mujeres. 3. La negativa es un reto. Entran por joder.

Riesgo mayor: 4. Unas van con su novio y éste se ofende, insulta y hasta suelta golpes al menor roce, intencional o no.

Las peores son las del tipo 1: rescatadoras de maricones que no saben lo que es bueno, y lo bueno es ella. Ocurre también entre hombres: una lesbiana es una mujer que no ha probado con ellos. Pero es perfectamente aceptable que ese galán sea echado a la calle. No la mujer ligadora del gay. Ni la insultante.

En un bar gay de Guadalajara, a donde entran mujeres, llegaron dos muchachos. Uno se dirigió a la barra. El otro lo esperó de pie. Era guapo y una joven sentada a una mesa cercana comenzó a coquetearle. El joven respondía cortés (a los hombres no nos sale la frase: ¿Qué se ha creído usted, señorita? ante una mujer ligadora). Volvió el novio, le dio una cerveza y un beso. "¡Ay!... ¡Pero si también eres puto!", le gritó.

Que te lo digan en Sanborns está jodido, pero que te lo digan en tu casa, un bar gay, es del carajo. Nadie la echó a la calle. Era mujer.

 



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