La Victoria

publicado el 06 de marzo de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Enrique Krauze, con el ojo clínico del gran historiador y biógrafo que es, da en el blanco, preciso, certero: el mundo para Manuel Andrés "se divide en buenos y malos", dice, y pide: "Recuerda su reacción ante la manifestación contra la inseguridad. Y uno de los resortes de su personalidad, sin duda el principal, está en la culpa que siente y que está expiando."

—No te entiendo, Enrique, ¿a qué te refieres?

—¿Viste la película La Misión?

—¿La de los jesuitas en Paraguay durante la Colonia, con De Niro?

—Sí, esa misma—... Allí está la clave para entender a López Obrador...

El interlocutor de Krauze renta la película: un mercenario español (Robert de Niro) mata a su hermano menor en un duelo; abatido se refugia en La Misión de los jesuitas. Y es allí donde "el personaje experimenta una catarsis, logra superar la culpa y encuentra una misión que le da sentido a su vida: pelear contra el sometimiento de los indígenas", pp. 132-3.

Este es quizá el núcleo, apasionante, del relato La Victoria, de Jaime Sánchez Susarrey, recién lanzado por Planeta: una investigación acuciosa sobre el controvertido personaje, con una segunda parte aterradora donde, ya en la ficción (que podría llegar a no serlo), el nuevo Presidente (viejo priista al fin) reforma el sistema político para restaurar la presidencia imperial y, sobre todo, reelegirse sin el obstáculo del actual equilibrio de poderes. Fascinante, se comienza y no se puede dejar.

El narrador nos descubre un hecho cierto: "En los archivos del Ministerio Público no hay ninguna averiguación previa abierta sobre ese señor", responde el jefe. En la Hemeroteca los diarios del 9 de julio de 1969 están desaparecidos: "Me da muchísima pena", dice la directora, "pero no tenemos ninguno de esos ejemplares."

Pero no están desaparecidos del planeta, así que el narrador los consigue, y aquí están: "La versión callejera es en el sentido de que los dos hermanos estaban jugando y accidentalmente a Manuel Andrés se le disparó el arma" (Rumbo Nuevo, 9 de julio de 1969).

"Extraoficialmente, en el lugar de los hechos, minutos después de haber ocurrido la tragedia, se dejaron escuchar comentarios de personas diciendo que un hermano del hoy occiso, en forma accidental, al estar jugueteando con el arma homicida ésta se le había disparado, lesionando mortalmente a su hermano." Y como prueba adicional, consigna: "Sobre el mostrador del establecimiento citado se encontraba una pistola Colt calibre .38, así como una pistola blanca de juguete" (diario Presente, 9 de julio de 1969).

Los hermanos Manuel Andrés y José Ramón atendían el negocio familiar en Villahermosa; el menor, José Ramón, era notoriamente el preferido del padre, y no el primogénito. "José Ramón cayó herido de muerte con un tiro en la cabeza", p. 149.

En su declaración ante el MP, Manuel Andrés sostuvo que la pistola Colt la jugueteaba su hermano, que él lo previno, pero ocurrió la desgracia. La parte insostenible en esa declaración es que la bala haya salido de las manos de José Ramón hacia la cabeza de José Ramón. No se hirió un pie, no reventó el mostrador de madera. No: se dio en la cabeza y su muerte fue instantánea. Trate de imaginarlo... No se puede.

No hubo investigación ni proceso, tampoco declaración de inocencia ni de culpabilidad. ¿Hubo prueba de parafina? Y para cuando el ya no MALO sino AMLO llegó a director del Centro de Estudios Políticos del PRI, con el gobernador González Pedrero, y luego a presidente del PRI en Tabasco, la averiguación previa era un ancla. Desapareció.

El detalle de la "pistola blanca de juguete", omitido por diarios que se limitaron a reproducir la declaración del joven Manuel Andrés ante el MP, y omitido en los relatos del propio Peje, describe mejor que nada la escena.

De ahí la enorme importancia del comentario de Enrique Krauze: "No subestimo el peligro que representa. Entiendo bastante bien al personaje. El verdadero riesgo no está en su visión estatista y paternalista de la economía, sino en su personalidad... Y uno de los resortes de su personalidad, sin duda el principal, está en la culpa que siente y está expiando."

Ya prescribió el plazo para juzgar ese homicidio. Pero la desaparición de la averiguación previa y de los diarios, a la luz de la personalidad analizada por Krauze, arrojan un panorama sombrío.